A ritmo de pedales Abel Aparicio comenzó a descubrir el valle del río Tremor, que, con ecos silenciados, guardaba historias fascinantes por las que empezó a interesarse.

A través de este acto cognoscitivo, Aparicio, fue desenmarañando memorias ocultas, con el núcleo neurálgico enfocado en las mujeres mineras de la postguerra española en el Bierzo y la lucha de clases.

¿Dónde está nuestro pan?, el libro que surgió, pone en boga tres historias, tres historias reales, que bien pudieran ser un éxito cinematográfico.

 

  • ¿Cómo empieza a descubrir estas tres historias que conforman el libro y como como comienza a prestarle atención?

La bicicleta de montaña a veces te lleva por caminos que uno no se espera. Mi pasión por este deporte hizo que recorriera las comarcas de la Cepeda y el Bierzo en el punto en que estas confluyen. Una orografía espectacular y un no menos impresionante patrimonio minero —lamentablemente abandonado— fue el primer paso. El siguiente fue conocer a las personas que habían trabajado en la mina y en el ferrocarril, principales motores económicos

de la zona. Al escucharlas tenía claro que escribir sobre ello era una obligación. Las tres historias que relato merecían que, dentro de mis posibilidades, fuesen conocidas.

 

  •  Ya en la primera historia se pone el foco en un elemento recurrentemente denostado por la historia, la mujer, ¿qué importancia tuvo esta en tiempos de guerra y posguerra en cuanto a la «búsqueda del pan»?

En el primer relato, ¿Dónde está nuestro pan? se puede ver perfectamente la importancia de la mujer. Imagínate un grupo de treinta y nueve mujeres en el año 1941 dirigiéndose a un ayuntamiento solicitando la ración diaria de pan que llevaban quince días sin recibir y que les correspondía por ley. Piensa en la cara del alcalde. Como se puede leer en la causa judicial en la que me basé para escribirlo, las palabras de odio lo reflejan todo. Pero no solo él, incluso los padres y maridos de estas mujeres, que iban desde los dieciséis hasta los cincuenta años, se oponían a que llevasen a cabo las acciones de protesta. El pan era para toda la familia, pero fueron ellas las que salieron a buscarlo. La novela Tea Rooms. Mujeres obreras, de Laura Carnés es un libro que explica a la perfección la vida de las mujeres trabajadoras en esos años.

  • Otro de los elementos clave, que vertebran los tres relatos, además de estos primeros destellos de la lucha femenina, en el siglo pasado, es la idea y distinción de clases, ¿qué papel jugaron las distintas clases sociales en la época de guerra de la guerra, posguerra y durante el franquismo? 

Cuando entrevisté a Libertad Aurora, protagonista del tercer relato que lleva por título La línea tuve claro que estas personas sí tenían conciencia de clase. Luchaban y se jugaban la vida por defender sus condiciones laborales y sociales. Me choca mucho ver como gente que actualmente cobra el salario mínimo esté en contra de que le aumenten la presión fiscal a las grandes rentas o que vote a partidos que redactaron la reforma laboral rebajando sus derechos a la mínima expresión. Mi abuelo César un día me dijo: “mira, la gente de derechas fue siempre la que tenía los grandes capitales y los de izquierdas no, por eso yo soy de izquierdas y nunca votaré a las derechas”. Ellos y ellas sí que lo tenían claro.

 

  • Las tres historias que se cuentan en el libro tienen un gran potencial histórico, e incluso artístico, como bien dije en la introducción sobre su potencial filmográfico, ¿por qué estas, como tantas otras, son historias tan desconocidas y qué papel jugó en esto el franquismo?

Hace un par de años leí que solamente el 2% del cine producido en España trataba sobre la guerra civil y la dictadura. Pienso que las tres historias, sobre todo la segunda, Tren 485, por la espectacularidad del asalto al tren, se contarían en una película o en una serie si hubieran ocurrido en Estados Unidos o algún país europeo. El problema es que aquí el dictador genocida murió en la cama y sus adláteres guiaron la transición. Manuel Fraga fue el máximo responsable de que le cortasen el pelo a las mujeres de las cuencas durante la huelgona de 1962 y años más tarde redactó la actual Constitución. Poca gente de la cuenca del río Tremor conoce la historia del asalto al tren, la revuelta del pan o que hubo huidos en sus montes. La periodista Olga Rodríguez insiste siempre en el silencio atronador de la dictadura Franquista comparándola con la Segunda Guerra Mundial.

  • ¿Qué repercusión ha tenido en la actualidad el «borrado de la memoria» durante los tiempos del franquismo? Esta pregunta va en relación a la historia de Línea, donde el presente tiene un origen en aquel pasado.

Todo acto del presente tiene su raíz en el pasado, nada es casual. Si una familia sufrió represión, ya sea en forma de fusilamiento, cárcel, le requisaron las tierras o padecieron humillación pública, aunque sea inconscientemente, ese miedo se trasmite de padres a hijos y de estos a nietos. En Alemania se estudia este fenómeno psicológico, aquí parece que no interesa. Con La línea pretendía dejar clara la conexión pasado-presente. Si Libertad Aurora era luchadora, hay muchas posibilidades de que su nieta también lo sea.

  • Los acontecimientos que cuentas sucedieron en las cuencas mineras del Bierzo, de nuevo alternando pasado y presente, ¿en qué ha cambiado la situación en las minas?

Las minas están todas cerradas, sin excepción. El problema es que antes de echar el candado no se buscó una alternativa económica y ahora nos lamentamos. Cuando se habla de la España vaciada tenemos en las cuencas mineras uno de los máximos exponentes. Un minero y amiguete, Zana, siempre recuerda que en este país los mineros salieron por la puerta de atrás sin el reconocimiento que merecen. Yo opino lo mismo, tantas muertes, sacrificio y trabajo merecen algo más. Por decirlo de alguna manera, fue uno de los últimos bastiones de la clase obrera, por eso Margaret Thatcher quiso acabar con ellos en 1984 y aquí los distintos ministros de industria. El factor de la contaminación es importante, pero el objetivo de estas prisas por cerrar las minas yo creo que era otro. Con los astilleros ocurrió lo mismo.

  • He podido saber que eres seguidor de Barricada y en una entrevista destaca la frase: «Déjame que en estas líneas escritas regrese a los maestros que dieron su vida y su sangre por dar al pueblo conocimiento», yo quiero lanzar la siguiente: «Es el juego del gato y el ratón. Tus mejores años, clandestinidad. No es muy difícil claudicar. Esto empieza a ser un laberinto. ¿Dónde está la salida?»

Las y los protagonistas de los tres relatos pasaron años de lucha y hambre, mucha hambre. Sus mejores años los pasaron en la clandestinidad, en la cárcel o trabajando por un salario de miseria. Efectivamente, que los focos de lucha y resistencia claudicasen es lo que buscaban los golpistas, la resistencia se encontraba en un laberinto y no tenían muy clara cuál era la salida. Pero que hoy estemos hablando de esto demuestra que en parte del fascismo fracasó. Parafraseando a las trece rosas, su nombre no se borró de la historia.

 

  •  Ya para terminar, ¿está teniendo buena acogida el libro?

La segunda edición está en imprenta, algo que pensaba que ocurriría mucho más tarde. Desde un principio entendí que el libro tendría acogida en las cuencas mineras, pero a la editorial, Marciano Sonoro, le están llegado peticiones de libros de Cáceres, Valencia, Girona, Madrid, Valladolid o Zaragoza, por poner algunos ejemplos. Creo que los tres pilares que intento trasmitir con el libro están llegando: Minería, feminismo y lucha de clases. Espero que este verano la vacuna haga su labor y pueda hacer muchas presentaciones, las mujeres y hombres que vivieron aquello bien merecen ser conocidos. Como dejó escrito Castelao y posteriormente cantó Barricada: “Non enterran cadavres, enterran semente”.