Virginia García

Más de 200 millones de mujeres y niñas vivas, han sufrido la mutilación genital femenina en los 30 países de África, Oriente Medio y Asia donde se concentra esta práctica. Según la OMS, cada año, más de 3 millones de niñas son mutiladas.

La ablación consiste en la extirpación total o parcial de los órganos genitales femeninos. Existen cuatro tipos de mutilación genital:

  1. La extirpación total o parcial del clítoris
  2. La extirpación total o parcial del clítoris y los labios menores de la vagina, o también de los labios mayores.
  3. El estrechamiento de la vagina, procediendo a cortar y recolocar los labios vaginales
  4. Cualquier forma de perforación, incisión o raspado de la zona genital

Esta forma de tortura no tiene fines médicos reconocidos, pero sí tiene consecuencias muy negativas en la salud de las mujeres y niñas. Desde grandes hemorragias en el momento del corte, que suele hacerse con navajas o cuchillas de afeitar sin esterilizar, problemas urinarios e infecciones, grandes dolores menstruales, problemas graves en el parto e incluso infertilidad.

Estas niñas nunca podrán disfrutar de una vida sexual plena cuando lleguen a adultas.

Si no hay razones médicas para esta cruel práctica, ¿qué motivos hay para que al año se torturen a tres millones de niñas con ella?

Hay tanta variedad de razones como regiones en las que se practica. Pero todas tienen elementos comunes. Son todas sociedades patriarcales que utilizan  la mutilación para hacer de las niñas mujeres dóciles y sumisas.

La ablación es un ritual que introduce a la niña en la vida adulta. Con esta tortura se convierte en una mujer apta para el matrimonio. Como solo el marido puede tener el derecho sobre el cuerpo de la mujer, para asegurarse de que ella no mantenga relaciones sexuales ilícitas se les corta el deseo con un cuchillo o cuchilla. De esta forma, la familia se asegura de casarla virgen, y que su sexualidad cumpla exclusivamente la función reproductora. ¿Para qué desearía una mujer decente tener relaciones sexuales sino es para tener hijos? Pues la ablación se encarga de que sean decentes.

En los hombres no se practica la ablación, porque ni se plantean que sus relaciones sexuales sean ilícitas. Ellos han nacido con el sexo privilegiado, el que puede disfrutar de su sexualidad teniendo orgasmos con todas las mujeres que quieran. A ellas se les destina una vida de relaciones maritales insatisfactorias, sin deseo. Una vida en la que serán violadas todas las noches por sus esposos, porque sin deseo, no puede existir consentimiento sexual. Una buena esposa tiene como único deseo, satisfacer al marido y engendrar hijos para él.

La ONU reconoce la mutilación genital femenina como una violación de los derechos humanos de las niñas y mujeres. La considera una forma extrema de discriminación a la mujer. Aunque a mi parecer es una forma extrema de violencia machista.

Para erradicar esta violencia, se ha ilegalizado en muchos de los estados en los que se practica. Sin embargo, al tratarse de motivaciones culturales tan profundamente arraigadas, el hecho de que sea legal o no, no elimina el problema. Una niña no mutilada, sufrirá la discriminación en su sociedad, tendrá serias dificultades de conseguir un marido y eso la convertirá en una paria.

Muchas mujeres defienden la mutilación genital y en mayoría de los casos quienes la practican. Esta práctica está asociada a la feminidad y la presión social es muy fuerte. Forma parte de su cultura, y se desconocen los riesgos para la salud.

El trabajo de algunas organizaciones como AMREF, consiste en la educación, en transmitir la información de los riesgos que supone para la salud. Es un arduo trabajo cuyos resultados progresan lentamente, pero al menos, hay resultados y gracias a estas labores educativas hay pequeñas comunidades que no mutilan a las niñas.

Me pregunto si en lugar de llevarse a cabo esta acción educativa por medio de organizaciones no gubernamentales, se implantase desde los gobiernos con más herramientas y recursos económicos se habría erradicado ya la ablación.

La cuestión es que doscientos millones de niñas y mujeres mutiladas no llaman lo suficiente la atención, como para que la comunidad internacional tome medidas serias para dar soluciones eficaces. Mujeres y niñas pobres, ¿a quién le importan?

Y tan poco importan que lejos de erradicar la mutilación genital en África, Oriente Medio y Asia, con el flujo migratorio se ha extendido a Europa y a España.

Según los datos que publica  el Ministerio de Sanidad, en España ha unas 17.000 niñas de hasta 14 años provenientes de países en los se practica la mutilación genital femenina. Nuestro gobierno afirma que no están cuantificadas las niñas mutiladas, por lo que tampoco se sabe cuántas llegan a España ya mutiladas o cuantas que hayan nacido aquí viajen a su país de origen para sufrir esa tortura y luego volver mutiladas.

El único protocolo del estado que se lleva a cabo es a través de la sanidad. Si se detecta que van a viajar a sus países de origen, se les solicita a los padres que firmen un papel en el que se comprometen a no mutilar a sus hijas. Pueden llegar a retirarles el pasaporte en caso de que se nieguen.

Esta medida, es cuanto menos insuficiente y poco garantista de los derechos humanos de las mujeres y niñas.

La realidad es que ni en España ni en el resto del mundo se hay una intención sincera de erradicar la ablación, como no la hay para erradicar ninguna de las violencias que sufrimos las mujeres. Por eso nunca hay recursos suficientes y por ello los logros que vamos consiguiendo siempre van de la mano de la lucha de las propias víctimas, de las mujeres organizadas para ayudar a otras mujeres.

Ningún estado se manifiesta enemigo del terrorismo machista, porque los estados están formados por sociedades patriarcales y el patriarcado no está dispuesto a ceder el poder que ostenta. Controlar la sexualidad de las mujeres les da el poder a ellos que nos quita a nosotras.

Hoy 6 de febrero es el día internacional contra la mutilación genital femenina. Hoy, solo hoy, la prensa dará visibilidad a la tortura a la que se ven sometidas millones de niñas. Pero mañana ya nadie se acordará de ellas, no se hablará de su miedo y dolor al sentir como les cortan la carne con un cuchillo oxidado. No se hablará de  una vida llena  de dolor, en sus menstruaciones, en sus relaciones sexuales o en sus partos.

Volverán a ser invisibles las niñas que mueren desangradas durante la carnicería a la que las someten.

200 millones de mujeres y niñas olvidadas, silenciadas y torturadas.

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