Representantes de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) advirtieron hoy de que solo han recaudado «un porcentaje muy pequeño» del dinero necesario para asistir a los casi 900.000 refugiados rohinyás que se encuentran en Bangladesh tras huir de la violencia en Birmania (Myanmar).

La ONU pidió el pasado febrero 920 millones de dólares a la comunidad internacional, después de que un llamamiento similar lanzado en 2018 se quedase corto de fondos, y la falta de dinero afectará de forma negativa a los rohinyás, manifestó el representante de ACNUR en los países árabes del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC), Khaled Khalifa, en una rueda de prensa en Dacca.

«Hasta ahora, el plan solo ha sido financiado en un 14 %, es un porcentaje muy pequeño. El año pasado el plan fue financiado en un 64 % al final del año», lamentó Khalifa.

El representante de ACNUR llegó a Bangladesh el pasado jueves junto con una delegación de funcionarios de Catar, Kuwait, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU), además de miembros de Turquía y la Unión Europea, y hoy afirmó que «tristemente» las situaciones de emergencia en todo el mundo compiten por fondos y visibilidad.

Khalifa declaró que ACNUR espera que este año el plan reciba más financiación, que se destinará a los más de 738.000 miembros de la minoría musulmana que se refugiaron en Bangladesh desde agosto de 2017 y a los más de 200.000 que ya se hallaban en este país.

Se trata de «una de las poblaciones más necesitadas en todo el mundo», dijo, antes de calificar el plan de «razonable».

«Por desgracia, la mayor parte de los planes de respuesta no tienen bastante financiación», sentenció.

El éxodo de los rohinyá comenzó en agosto de 2017, cuando un grupo rebelde de esta comunidad minoritaria lanzó una serie de ataques contra puestos gubernamentales en la región de Rakáin, en el oeste de Birmania, lo que provocó una desproporcionada respuesta del Ejército birmano contra este grupo.

Un informe de la ONU presentado el pasado agosto calificó la operación militar birmana en Rakáin de «genocidio», además de hallar indicios de crímenes de guerra y de lesa Humanidad.

Hasta ahora, los intentos de repatriación han fracasado ante la falta de condiciones para un retorno seguro y voluntario de los rohinyás a Birmania.