Isabel Ginés y Carlos Gonga

La extrema derecha lleva tiempo campando a sus anchas en España, con total impunidad y realizando actos vandálicos.

Algunos de estos actos vandálicos tuvieron como objetivo la placa en el barrio madrileño de Aluche dedicada a Yolanda González, líder estudiantil asesinada por la extrema derecha en 1980 y más concretamente por Fuerza Nueva; el monumento a los represaliados del franquismo de Villarrobledo (Albacete); la placa del poeta activista Marcos Ana, el preso más longevo del franquismo, en su casa de Madrid; el monolito de la Pasionaria en Elche; la reciente película de Amenábar, cuando los ultraderechistas entraron en un cine al grito de “Viva España”; el monumento a las Brigadas Internacionales en Vicálcaro (Madrid); el monumento a los asturianos que murieron en campos de concentración; la placa de la calle madrileña de Juana Doña, escritora, feminista, sindicalista y dirigente comunista; el monumento de Almería a los deportados que murieron en el campo nazi de Mauthausen; la placa en memoria de la Desbandá, en el municipio malagueño de Rincón de la Victoria; o las estatuas de Indalecio Prieto y de Largo Caballero, en la capital.

La extrema derecha española se cree con la impunidad de manejar la historia a su antojo sin ser, haga lo que haga, condenada por ello. Los casos de vandalismo anteriormente mencionados no deben considerarse obra de unos cuantos nostálgicos ni de unos pocos locos: se tratan de incitación al odio. Estas acciones destructivas se cometen contra la ideología que defendían las personas a las que estos monumentos o señales urbanas representan.

El trasfondo de este vandalismo es el odio fascista: la repulsa ideológica hacia personas que piensan de diferente manera, hacia las personas que defendieron la libertad en España, hacia los represaliados españoles por la dictadura franquista. La gravedad de estos hechos se debe equiparar a cuando se atenta contra las víctimas del terrorismo; porque no solo las víctimas del franquismo y sus familiares han sido siempre burlados e ignorados por el Estado, por diversos gobiernos, sino que además ahora, cuando queremos recordar para evitar que vuelva a ocurrir, cuando queremos informar a la población. se atacan todos estos rastros de historia. Esto no se debe permitir.

Aún a día de hoy convivimos con herederos del franquismo. Muchos de ellos murieron siendo ricos o con los réditos que alcanzaron. Los herederos del franquismo viven con una situación económica de riqueza, generalmente gracias a los bienes expoliados y expropiados a familias de antifascistas durante la dictadura franquista, y a los réditos obtenidos en ella.

Un cartel plastificado sustituye a la placa homenaje a Yolanda González.
Un cartel plastificado sustituye a la placa homenaje a Yolanda González. VÍCTOR SAINZ. El País

Uno de los hechos más notables socialmente es el blanqueo que se está efectuando a la ideología de VOX y a muchos grupos de extrema derecha: les concedemos espacio en los canales de televisión, en tribunas, aparecen en la prensa o en las emisoras de radio, llegando así sus mensajes fácilmente a toda la población.

Es complicado olvidar cómo se dio pábulo hace apenas unos meses a Pilar Gutiérrez, que se considera a sí misma la mujer más franquista de España, permitiéndole participar en varios canales de televisión defendiendo al dictador y su ideología. Imaginemos por un momento que somos, si no lo somos ya, familiares de una víctima del franquismo; personas que ya de por sí han sido atacadas y vapuleadas. El simple hecho de encender la televisión y tener que ver a una mujer que defiende a ultranza a quien mandó asesinar a tantas personas, entre ellas a un familiar propio, debió de ser desolador.

Es horrendo que se esté blanqueando el fascismo en España por no haber sido estudiado y condenado. Dándole pábulo se le da fuerza y se facilita que su mensaje cale. He ahí el gran problema: si su mensaje cala hondo se siguen produciendo estos actos de incitación al odio, sigue existiendo una España no preparada para afrontar el pasado con la finalidad de aprender de él para tener un mejor futuro y, sobre todo, no se alcanza una democracia plena. Una democracia jamás podrá ser plena si no se repara, si no se hace justicia y si no se dignifica a las personas que moralmente lo merecen.

Hay que tener en cuenta que el fascismo, la ideología fascista, persiste y se afianza; no con la misma influencia ni con el mismo poder como hizo durante 40 años pero sí con las mismas intenciones. Nadie debe consentir que se falsifique la historia ni que se calumnie, se engañe o se mienta sobre lo que pasó en la dictadura franquista y durante la represión franquista.

Los abusos y las descalificaciones que han recibido las víctimas de la represión y sus familiares durante años son intolerables. No hablamos de unos cuantos ni de una minoría respecto al país, estamos hablando de decenas de miles de familiares de personas antifascistas; de personas que lucharon con su palabra por que sus familias y la sociedad viviera en libertad; de personas que fueron por ello el blanco de la intolerancia, recibiendo palizas, torturas o incluso la muerte. No se debe permitir, como se permite, el insultarles, el faltarles al respeto y esa humillación constante por parte de la ultraderecha.

Nuevos ataques contra los bustos de Indalecio Prieto y Largo Caballero en Madrid

Es por ello que se debe hacer un reconocimiento jurídico a los familiares de víctimas del franquismo, creando una ley integral de víctimas para que calumniarles, humillarles o insultarles se considere un delito, tal y como se considera delito hacerlo a las víctimas del terrorismo. Únicamente así podrían ver los partidarios de la ultraderecha que no se puede afianzar el fascismo en una sociedad democrática, que ya no pueden servirse de su impunidad, que sus hechos conllevan consecuencias. Una ley integral de víctimas tendría utilidad para que se apliquen penas de prisión o multas a las personas que exalten el fascismo, la dictadura, oculten la verdad, les humillen, les difamen o les calumnien.

Es muy importante histórica y socialmente que el Estado tenga, por fin, monumentos y señales urbanas como las placas de las calles o placas informativas, que explican lo que ocurrió en la represión franquista en diversos emplazamientos; como también es significativo que conozcamos a las personas antifascistas, que lucharon por la libertad, y que sepamos acerca de los campos de concentración en España, que con tanto empeño han intentado ocultarnos durante años, y que se conozcan todas las atrocidades que en ellos tuvieron lugar.

No se puede decir a una persona que su a tía abuela, a su tía bisabuela o a su tía tatarabuela la violaron teniendo 14 años, le pegaron un tiro delante de sus padres y a continuación dispararon a sus padres, y que su historia se trató de silenciar. No se pueden ocultar las violaciones, como no se puede ocultar la historia de tantas mujeres a las que raparon, les hicieron ingerir aceite de ricino, cuyos efectos suelen ser diarrea, vómitos y náuseas, y se les hizo pasear por las calles en ese estado como represión cuando ya había terminado la guerra. Humillaciones como las que sufrieron las siguen sufriendo sus familias porque no se anulan las sentencias falseadas de los juicios sumarísimos, porque no se les otorga un reconocimiento jurídico para su protección, porque hay una impunidad para con el fascismo y un blanqueamiento del mismo en España.

Permitir a la extrema derecha campar libremente y que trate como quiera la historia no se puede permitir, entonces la tergiversa y la falsifica. Es hora de que se cree una ley integral que equipare a las víctimas del franquismo con las víctimas del terrorismo para cortar las alas a quienes promueven el fascismo con impunidad.