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Por Arjuna

Ada Colau no sólo es una mujer valiente, sino que además es fiel a sus principios, a una ética que da sentido y razón de ser a su compromiso político. Por eso, defiende, incluso rodeada de “Gremlins”, lo que considera bueno para “la polis” y para la dignidad de la gente que la puebla.

Aunque este exordio pueda molestar a los corderos y a los mercaderes (ya sean de ideas o cosas), la primera alcaldesa de la historia de Barcelona está actuando igual que Sócrates, quien fue condenado por el Areópago de la época (los jueces de turno, vasallos del poder hegemónico) a tomar la cicuta por “pervertir a la juventud”, por no renunciar a su forma de pensar.

Ahora todos repiten como papagayos que, por encima de todo, incluso por encima de la inteligencia y la integridad moral, está La Constitución, y, encima de ella, la Corona, como garante del Reino de los Cielos. Con tanto hociqueo apenas queda tiempo para pensar en la guadaña que estos días corta de cuajo cualquier brote de libertad “incómodo”.

Foucault tomó de los griegos el vocablo de “parresía”, lo que puede traducirse como coraje de decir la verdad, lo que se piensa, independientemente de las consecuencias negativas que pueda acarrear al rebelde que cuestiona “el orden de las cosas”.

Ada Colau, al igual que Manuela Carmena, (otra insumisa que no sonríe en Arco) pertenece a una estirpe limpia, -lo que debería abochornar a los partidos de la decepción y las puertas giratorias- y, por eso, tienen todo el derecho del mundo a elevar la voz y decir lo que piensa gran parte del pueblo catalán o madrileño, guste o no a los “sumillers” de la política.

La regidora Colau se niega a desempeñar el papel de súbdita en el teatrillo de Tabarnia y, a pesar de la fuerte presión social que tiene que soportar, mantiene el busto elevado, y se atreve a decirle a Felipe VI que no fue el árbitro de la elegancia, que su guiño a los uniformados y su inclinación a la derecha, destruyó de un manotazo el frágil puente que había en Cataluña.

Personajes como Ada Colau y Manuela Carmena son algo extraño, una gran anomalía, en un país como el nuestro en el que todo se mantiene en pie, a pesar de tanta corrupción y promesas electorales incumplidas durante décadas. Podría decirse que “el mimetismo de los simios” se mantiene gracias a las olas de patriotismo que nos lanzan cada equis tiempo para ponernos en alerta contra “los acérrimos enemigos de España”. “El todo está atado y bien atado”, se repite cual espejismo del pasado.

La Humanidad, que antaño era un espectáculo de los dioses en el Olimpo, nos dice Walter Benjamin, se ha convertido ahora en un espectáculo en sí misma: “Su auto alienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su destrucción como un goce estético de primer orden”.

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2 Comentarios

  1. Sin duda es así. Ada Colau tiene una calidad humana muy poco común. Inteligente, valerosa y honesta.
    Por eso, precisamente, despierta gruñidos de la caverna, aquella donde habitan los especialmente torpes, cobardes y corruptos.

  2. Julio, en tus palabras se nota la trayectoria de un complejo luchador, con referentes claros y potentes, que sabe muy bien donde está la Estrella Polar. La cobardía, el silencio de los corderos y las ovejas de Panurgo tiñen de gris el horizonte. Pero, como dice el poeta, lo inesperado, de repente, da la vuelta a todo y permite iniciar nuevas Odiseas.

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