Agujeros en la gestión de la basura electrónica y fugas de exportación ilegal en la UE y España

José Larios Martón
Presidente de la Fundación EQUO


Una parte pequeña de los residuos que la civilización industrial genera es la basura electrónica, la mayoría de ella es tóxica para las personas y los ecosistemas.

Cada año se generan unos 50 millones de toneladas de basura electrónica, de los cuales una quinta parte se desecha en la UE y, de ellas, 930.000 toneladas se originan en nuestro país.

La mayor parte de estos residuos están incluidos por el Convenio de Basilea al incluir residuos catalogados como tóxicos y peligrosos que como objetivo principal acuerda que se gestionen en los países donde se desecha y quiere evitar los países empobrecidos  se conviertan vertederos tóxicos. Convenio que los EEUU no han firmado con lo que al menos el 40% de su basura tóxica electrónica termina en países empobrecidos.

La UE  ha firmado el Convenio de Basilea y acordó la Directiva sobre Residuos  de Aparatos Eléctricos, RAEE, (2012/19/EU)  pero esto no impide, hasta ahora, que existan agujeros por lo que se producen fugas ilegales de basura tóxica.

Lo que es aún peor, los burócratas de la UE intentan socavar la propia legislación de la UE mediante la elaboración de unas directrices en la que usando el concepto “exportar para reparar” puede ser un coladero para gestores sin escrúpulos.

La industria electrónica a través de su lobby Digital Europe and ITI (Information Technology Industry Council) intenta añadir modificaciones en la directiva tendentes a facilitar la exportación de basura electrónica tóxica.

Organizado y coordinado por la asociación Basel Action Network se ha realizado un seguimiento de la gestión de residuos electrónicos en diez países, Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Hungría Italia, Irlanda, Polonia y Reino Unido que producen el 70% de la basura electrónica de la UE.

El estudio consistió en depositar 314 aparatos electrónicos, ordenadores de sobremesa (65) impresoras (51) y  monitores LCD (143) y CRT (55)  con seguidores GPS, en estos diez países  entre el 17 de abril de 2017 y el 2 de septiembre de 2017 y realizar el seguimiento de los mismos..

Como resultado del seguimiento hemos constatado de 18 aparatos de los 314 han sido exportados, esto supone aproximadamente un 6% de los aparatos en seguimiento y 11 de ellos han ido a parar a países empobrecidos y África se lleva la palma, siendo Nigeria el país que más ha recibido, con 5 aparatos.

 

Extrapolando los datos observados de exportación al total de desechos electrónicos producidos en la UE tenemos que nada menos que 352.474 toneladas, llenando17,466 contenedores que transportados en camiones de 18 ruedas y aparcados en línea cubrirían la distancia entre Córdoba y Madrid viajando cada aparato una media de 4.322 km.

De los 314 objetos, entre el 22 y 26 de mayo de 2017 con la asistencia de la Fundación EQUO, BAN depositamos 45 unidades de basura electrónica en cinco grandes ciudades Madrid, Bilbao, Barcelona, Valencia y Sevilla. Los monitores LCDs, impresoras, monitores CRT y ordenadores de sobremesa fueron dejados en lugares públicos autorizados de recogida municipales para estos residuos  seleccionados en las webs.

Del estudio se desprende que España tiene un sistema bien organizado y limpio de reciclado en lugares con señalización fácil de reconocer para depositar en Madrid, Bilbao y Barcelona. En Valencia y Sevilla, fue más difícil encontrar los puntos de reciclaje.

No obstante hemos obtenido los siguientes datos reseñables que señalan fugas en el sistema:

Una de las 45 piezas de basura, un monitor LCD fue depositado en un centro municipal de recogida llamado Ecoparque Picassent – Punto Limpio en Valencia y terminó en los alrededores de Lagos, Nigeria. El cálculo extrapolado de la exportación ilegal de nuestro país sería de 20.646 toneladas.

Un monitor CRT parece haber ido al sector informal y desmantelado en un solar, un ordenador apareció en un parking y otro termina abandonado en un arcén.

La magnitud de residuos de esta clase hace necesario que la UE haga serios esfuerzos para combatir la obsolescencia programada y percibida, la reparabilidad y fácil sustitución de componentes de los equipos.

Aun siendo soluciones de gestión, de fin de tubería, la UE debería reforzar los controles para evitar las fugas del sistema de gestión y rechazar la pretensiones del lobby de fabricantes de aparatos electrónicos impidiendo abrir más grietas en la gestión de la basura electrónica.

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