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Por Arjuna

Ahed Tamimi, la adolescente de 17 años que fue detenida el pasado 19 de diciembre, cumple este lunes tres meses en una celda de castigo a la espera de que un tribunal militar dicte contra ella una condena que podría llegar a los diez años de cárcel. Delito: luchar por la liberación de los territorios ocupados a la fuerza por Israel.

La chica abofeteó y dio patadas a dos soldados israelíes el pasado 15 de diciembre en respuesta al tiro que recibió a bocajarro, en un orificio de la nariz, un primo suyo, Mohamed Tamimi, quien a consecuencia del impacto de bala recubierta de goma estuvo 72 horas en coma y fue sometido a una intervención quirúrgica que le dejó una grave deformación craneal.

“Ví a los mismos soldados que habían disparado contra mi primo (de 15 años) y no pude contenerme”- dijo Ahed Tamimi en uno de sus muchos interrogatorios al juez militar Haim Bality, quien ha acusado repetidas veces a la adolescente de “no colaborar en la investigación”.

La joven activista, que cumplió 17 años en la cárcel el pasado 31 de diciembre, fue filmada golpeando a los soldados en el patio de su casa, sita en la aldea de Nabi Saleh (Cisjordania ocupada desde 1967).

EL ENCIERRO DE AHED TAMIMI VULNERA LA CUARTA CONVENCIÓN DE GINEBRA

Su abogada Gaby (Gabriela) Lasky, judía mexicana de 51 años, dijo recientemente a la prensa que “Ahed Tamimi está en una cárcel israelí, lo que vulnera la Cuarta Convención de Ginebra, que prohíbe que un ciudadano de un territorio ocupado esté en una prisión de un país ocupante”.

Gaby Lasky

Gaby Lasky, que además de ser abogada es antropóloga y socióloga, ha denunciado que “la joven fue detenida a las cuatro de la madrugada y que los soldados que entraron en su casa la sacaron de la cama y la presentaron a sus superiores como si fuera un trofeo”.

Esta letrada, que nació en México en 1967 y se mudó a Israel a los 15 años es, entre otras cosas, concejala del Ayuntamiento de Tel Aviv por el partido Meretz (Izquierda) y ha sido secretaria general de Peace Now, una organización israelí que trabaja por la paz, el compromiso y la convivencia con el pueblo palestino.

“Desde que metieron en la cárcel a Ahed Tamimi no la han permitido cambiarse de ropa. El objetivo es romperle la moral”, afirma Lasky, quien es partidaria de la creación de un Estado Palestino que viva en armonía junto a un Estado Hebreo.

El padre de la chica, Bassem Tamimi, de 51 años, es un conocido activista del partido Fatah (fundado en 1957 o 1959, según las fuentes, por Yasser Arafat). Esa formación de izquierdas es secular (propone la adaptación a los cambios de mentalidad que se producen en el mundo) y está afiliada a la Internacional Socialista.

“El mayor deber de mi generación y el mío es apoyarles y dejarles paso, restringirnos y no intentar corromper a esta nueva generación (con los valores) de la vieja cultura e ideologías en las que crecimos”, escribió Bassem en una carta titulada “Hija mía, estas son lágrimas de lucha” que publicó SurAméricaPress el pasado 8 de enero.

Ahed con su padre Bassem Tamimi

Bassem Tamimi, que toda su vida ha admirado a Mahatma Ghandi, fue consultado recientemente -cuando este escriba preguntó por él- por la Embajada Palestina en Madrid. Al hombre, al parecer, le costaba hablar. Estaba hundido, destrozado.

Pero tanto él, como la madre de la chica, Nariman, están desbordados de orgullo por la heroica lucha de la muchacha, que está siendo un referente para muchas mujeres, no sólo palestinas sino del resto del mundo oprimido. En la citada misiva que escribió su padre, el activista pronostica que “en los próximos años su hija liderará la resistencia al Gobierno de Israel”.

Desde que Donald Trump reconoció Jerusalén como la capital de Israel (los palestinos consideran Jerusalén Este su capital) al menos veinte palestinos han muerto y cerca de 400 niños y niñas han sido encerrados en cárceles o centros de detención israelíes a causa de las protestas desencadenadas contra la insultante decisión del inquilino de la Casa Blanca.

¿Veremos algún día hablar de paz y de la creación de dos Estados (uno Palestino y otro hebreo) a dos mujeres que merecen todo el reconocimiento del mundo? ¿Negociarán ese milagro la niña de la aldea de Nabi Saleh y la judía que vino de México trayendo en las alforjas ese inmortal espíritu quijotesco que no admite sueños imposibles?

 

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