El debate está más incandescente que nunca tras la entrevista al italiano Fusaro en El Confidencial, alimentada por muchas de las caras conocidas de la izquierda española. Las redes sociales se han convertido en una suerte de VI internacional socialista online, donde la superioridad moral, la ausencia de matices y las verdades absolutas han monopolizado el debate, impidiendo afrontar con claridad el reto al que se enfrenta la izquierda en el nuevo ciclo político. 

Si buscamos en el diccionario la palabra “identidad” aparece lo siguiente: Conjunto de rasgos, características o circunstancias de una persona o personas que permiten distinguirla de otras en un conjunto”. Las clases sociales tienen sus propias identidades fácilmente reconocibles en aspectos cotidianos de nuestro día a día. La “identidad de clase” va de la mano del sentimiento de pertenencia y permite distinguirnos entre las diferentes clases. Sin embargo, puede darse la paradoja de que una persona con unas circunstancias económicas, características sociales y rasgos vitales propios de un obrero, tenga sentimiento de pertenencia a una clase distinta a la suya. ¿Quien no tiene un conocido que se considera clase media cuando vive en un barrio humilde, trabaja 12 horas al día como autónomo y sus ingresos no pasan de los 1.500€ al mes?. La clase obrera tiene el problema de ser la clase social mayoritaria en cuanto a número de personas que la integran, pero cada día tiene menos sentimiento de pertenencia a ella por las personas que la componen.


La evolución y adaptación constante del capitalismo, ha diluido las clases sociales y han conseguido, para éxito de los intereses del capitalismo, minar la identificación de clase y su sentimiento de pertenencia. Antes la distribución del trabajo permitía identificar con facilidad quien pertenecía a según qué clase: la clase obrera en las fábricas, el campesinado en el campo y la burguesía en los centros de poder gestionando la plusvalía. La separación era física: el dueño de la fábrica raramente se juntaba con un obrero manual, al igual que el terrateniente no se juntaba con quien trabajaba la tierra. Hoy en día en la misma sala de tu oficina, dónde todos los trabajadores tienen aparentemente el mismo ordenador silla y mesa, puede sentarse el hijo de un director general de una empresa del IBEX  al lado del hijo de una peluquera de barrio.. La situación física es la misma, pueden incluso llegar a compartir la misma carga de trabajo. aunque las perspectivas de éxito son bien distintas. El hijo del director general de la empresa del IBEX tendrá el doble de posibilidades de llegar a ser CEO de la empresa que el hijo de la peluquera, que apenas tendrá posibilidades más allá de ser jefe de un departamento. La identificación de las clases sociales se han diluido en el mundo del trabajo, pero las diferencias siempre estarán ahí, omnipresentes.  

Un sector de la izquierda argumenta que la clase obrera ha dejado de sentirse atraída por los partidos que deberían representarla. Este sector denuncia que la izquierda se ha centrado en un discurso sobre los derechos LGTBI, la inmigración, los derechos de los animales o el ecologismo. Esto supone que el obrero se despiste (como si fuese un niño pequeño incapaz de concentrarse en dos cosas a la vez) de los verdaderos problemas que le conciernen a su clase. Un argumento débil y falso, ya que muchos partidos de izquierdas no han abandonado el discurso de clase, solo han sumado nuevos derechos y paradigmas que la izquierda de principio y mediados del Siglo XX obviaba. Es lo que tiene el progreso natural de la sociedad humana. Según estos argumentos, pareciera que la izquierda solo hace mítines en eco huertos, centra sus campañas electorales en la necesidad de rescatar personas del mediterráneo o su programa electoral solo pidiese eliminar el mansplaning del congreso. Esta visión idílica, infantil y reduccionista de lo que le tiene que gustarle o no a la clase obrera es solo una máscara del inmovilismo. Pareciera que todo lo que no aparezca en una teoría económica y política de hace 200 años es una estrategia maquiavélica del capitalismo y de Soros para frenar la revolución y engañar a los obreros. Pareciera que entre los homosexuales no hubiese obreros o que el ecologismo no es un paradigma que en su raíz es profundamente anticapitalista. Esta teoría ignora que la mujer ha sido siempre es eslabón más débil y maltratado del capitalismo. Cada vez que se suman reivindicaciones nuevas, fruto del pensamiento colectivo de la izquierda, los “obreristas” desconfían de estas demandas e incluso las consideran reaccionarias: “¿Derechos LGTBI? Están muy bien, pero ahora no joven, que estamos salvando a la clase obrera no vaya a ser que los obreros se me distraigan”.

La izquierda no tiene un problema de discurso, ni de intereses, ni de suma de nuevas demandas como afirman estos nuevos “filósofos” reaccionarios. La izquierda y la clase obrera tiene un problema de identidad. Los obreros votan mayoritariamente a partidos que no representan sus intereses no porque la izquierda hable de granjas urbanas y feminismo, sino porque los obreros no se sienten clase obrera, prefieren ser clase media, prefieren el aspiracionismo y pensar que algún día podrán llegar a ser como el señor rico y exitoso que aparece en la TV. Volver al discurso clásico de la izquierda de los años 70, como piden los “obreristas”, como medida para restablecer la identidad de clase no solo sería un error, también sería ineficaz. El mundo se parece poco al de 1970, la clase obrera sigue ahí pero haciendo cosas distintas e identificándose con referentes distintos.

La izquierda debe repensar cómo volver a generar sentimiento de pertenencia e identidad de clase. Lo que está claro es que esa identidad no se va a recuperar afirmando que “el objetivo de la inmigración y la homosexualización sería convertir en minoría a la población blanca y cristiana de Europa” o que “el feminismo es una conjura burguesa para no hablar de los medios de producción”. 

Fusaro podrá haber escrito mucho sobre Marx, pero no es un marxista. Solo es un reaccionario que utiliza a los filósofos marxistas como excusa para justificar y disimular una ideología que excitaría al mismísimo Benito Musolini o al propio Goebbels.

1 Comentario

  1. y siendo autonomos creerse empresarios, para acabar votanto al PPNv ,
    como mi padre…qe pobre iluso…toda
    la vida explotado, una pension d merda y se dice qe era empresario,

    aun cn 80 años defendiendo la bajada d salarios etc …

    en euskadi hasta qe no llego IU cn Madrazo al gobierno de coalicion cn el PPNv, el PPNv no hizo VPO

    por esto ns dicen d emprender
    para siendo autonomos, qe estemos en dos aguas y
    ademas fracasar pqe no hay consumo ni mercado , por ls bajos sueldos,
    asi d paso empobrecernos del todo

Deja un comentario