Miles de personas salieron por segundo fin de semana consecutivo a las calles en Alemania para protestar por las restricciones decretadas por las autoridades ante el coronavirus, entre las que se encuentran defensores de teorías conspirativas, antivacunas y, lo más preocupante, una creciente presencia de ultraderechistas.

“Vemos una tendencia de que radicales, sobre todo radicales de extrema derecha, están instrumentalizando las manifestaciones; y nos preocupa que utilicen la situación actual como en la llamada crisis de los refugiados”, alertó Thomas Haldenwang, presidente del BfV.

Los «Covidioten» (idiotas de la Covid), como les llama la ciudadanía, empiezan a preocupar a la clase política e indignan a los alemanes que aprueban las restricciones vigentes.

Este sábado se convocaron varias manifestaciones en distintas ciudades alemanas que reunieron a miles de personas. En Stuttgart se reunieron más de 5.000 personas, en Múnich más de un millar aunque se presentaron al menos 2.500 más que miraron desde la barrera sin respetar la distancia interpersonal recomendada, en Fráncfort se reunieron varios cientos bajo el lema «Manos fuera de la Constitución» y en Berlín hubo no menos de 20 convocatorias distintas en varios puntos de la ciudad. La policía veló en todas ellas por la seguridad y el respeto a las normas dictadas para combatir la pandemia.

En sus pancartas se leen lemas como: “El abuso de poder también es un virus”, “Democracia, no virología”, “Por favor lávense las manos, nosotros les lavaremos el cerebro”, “A cara descubierta”; “Democracia, no Merkelatura” o “Distancias ante la vacunación forzosa”.

Tampoco han faltado contenidos antisemitas. Algunos manifestantes llevaban una estrella amarilla, como la que los nazis obligaban a llevar a los judíos, junto a la leyenda “sin vacunar”.

A pesar de que la mayoría de las marchas han sido pacíficas, en algunas sí se han producido ataques contra policías y periodistas. Hace una semana fueron atacados en Berlín en actos similares dos equipos de la televisión pública cuyos miembros acabaron en el hospital.

Steffen Seibert, portavoz de la canciller Angela Merkel el pasado lunes señaló que: “Nos preocupa el elevado nivel de agresividad. Los ataques a policías, que vigilan el cumplimiento de las normas de que nos hemos dotado, y a periodistas, que informan a una sociedad libre, son ataques a nuestra democracia”.

Además criticó las «reivindicaciones absurdas, los discursos de odio, y las teorías sobre malvadas maquinaciones globales» de las manifestaciones.

En este país es un requisito que los convocantes de una manifestación la comuniquen previamente a la autoridad local e indiquen su previsión de número de participantes.

“Vivimos en una dictadura; quieren obligarnos a taparnos la cara, no nos dejan estar con las personas que queremos, y tampoco sabemos si el virus es tan malo como ellos dicen”, decía un hombre disfrazado con gafas de buceo que representaban la obligación de llevar elementos protectores.

“Es la primera vez que vengo; antes no venía para no ser señalada como ultraderechista, conspiranoica o esotérica, porque yo soy una ciudadana pensante y preocupada por la lesión a mis libertades”, señalaba una psicoterapeuta berlinesa de 63 años.

“Quiero que vuelvan las antiguas reglas; ahora los gobernantes quieren silenciar a los ciudadanos tapándoles la boca con mascarillas, meternos miedo para que no hablemos”, añadía sacándose una mordaza de tela blanca con el escrito ‘Población silenciada’.

La prensa alemana afirma que minipartidos neonazis alientan a sus seguidores a ir a las marchas contra las reglas antivirus. Mientras, el gran partido ultra del país, Alternativa para Alemania (AfD) observa con interés este fenómeno y algunos de sus diputados en Parlamentos regionales han llamado a los suyos a acudir a las manifestaciones.