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Amazon ha triplicado sus beneficios en 2018 con respecto al año anterior al alcanzar los 10.073 millones de dólares netos, pero las condiciones de trabajo que ha exigido a los empleados en su centro ubicado en Illescas, con salarios base bajísimos, parecen una broma de mal gusto dados los beneficios obtenidos por la multinacional.

Según confirman desde los sindicatos, un mozo de almacén cobra el primer año 14.400 euros brutos al año y el siguiente 16.000 euros, muy por debajo de lo que cobran en Madrid capital. Un jefe de equipo ingresa 20.400 euros, que es el salario de un mozo con dos años de experiencia en San Fernando de Henares.

En parte debido a estas condiciones, la compañía ha tirado de medio millar de empleados de Empresas de Trabajo Temporal (ETT) para formar la plantilla del susodicho centro, una proporción mucho mayor que la que hay en otros grandes centros como el de San Fernando de Henares (Madrid), donde la la proporción era del 42 % (800 de los casi 2.000 en total).

Illescas es el centro más grande que la compañía tiene hoy en España, con más de 100.000 metros cuadrados. A pleno rendimiento, debería contar con una plantilla de unos 900 empleados, muy por debajo de los 2.000 que hay en San Fernando ya que el almacén está centrado principalmente en productos voluminosos pedidos por los clientes.

Los contratados por Randstad y Adecco representan el 77% del total de empleados (650 en esta primera fase) que preparan y envían los pedidos más voluminosos en este centro.

Una reivindicación que viene de largo

Hace unos meses, empleados de Amazon en Reino Unido, España, Italia y Francia encabezaron varias protestas frente los almacenes de la compañía de Jeff Bezos, con el fin de sabotear las ventas del viernes negro (Black Friday), uno de los días de compras anuales más concurridos en línea.

No es la primera vez que Amazon se encuentra con diferencias con sus empleados, y no es de sorprender, pues tal parece que para la compañía único que importa es velar porque la comercialización y desarrollo de sus productos se mantengan a flote.

Uno de los mejores ejemplos de reivindicación contra la multinacional proviene de su almacén en State Island, Nueva York, ciudad agraciada con los segundos headquarters de la compañía (más de 25.000 puestos de trabajo, más de $2.500 millones en inversión). Sus trabajadores se han sindicado, como explica Bloomberg. Sus protestas: escasa seguridad, salarios inadecuados, turnos de 12 horas sin suficientes descansos, y una distribución horaria infernal. En palabras de un empleado: «Te hablan como si fueras nada. Sólo les importan los números. Te hablan como si fueras un robot».

El último año debería suponer un punto de inflexión para Amazon, ya que sus trabajadores se han organizado en Estados Unidos, España, Alemania, Italia y Reino Unido. El problema para la multinacional es que parte del público y de los medios de comunicación han seguido y apoyado las huelgas, perjudicando a la reputación de la empresa. Ha llegado el momento de que Amazon se replantee su sistema laboral.


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