Amitav Ghosh recuerda claramente su primer contacto con la crisis climática. Eran los primeros años de la década de 2000 y Ghosh, hoy uno de los autores más célebres de la India y ganador de su mayor premio literario, investigaba una novela ambientada en el Parque nacional de los Sundarbans, una red de islas alrededor de la desembocadura del delta del Ganges en el golfo de Bengala, que alberga el mayor bosque de manglares del mundo.

El cambio climático apenas había entrado en la conciencia pública por aquel entonces, pero Ghosh recuerda claramente «los signos visibles de que algo no iba bien».

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Parque nacional de los Sundarbans

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(Mapas agregados al artículo por el traductor)

Veinte años después, está ampliamente reconocido que la región de los Sundarbans es una de las más vulnerables del mundo a la crisis climática. El aumento del nivel del mar está corroyendo las islas, al tiempo que los fenómenos meteorológicos extremos han diezmado la ecología y han causado la salinización y aridez de la tierra. La perforación en busca de aguas subterráneas no ha hecho más que agravar el problema, pues provoca un hundimiento más rápido de las islas. Algunos predicen que, en menos de un siglo, esta reserva única de la biosfera desaparecerá por completo.

La selva tropical de los Sundarbans. Los manglares son aquí tan espesos que bajo la cubierta de árboles hay plena oscuridad. Esta pequeña cala muestra su extrema densidad. La marea está ahora a medio nivel, y las «raíces que respiran» son claramente visibles. Crédito: Sundarbans mangrove.jpg (imagen agregada por el traductor)

Las mujeres del Parque nacional de los Sundarbans transportan árboles jóvenes de manglar para plantarlos después de que las inundaciones del ciclón Yaas dañaran casi 100 km de diques. Fotografía: Avijit Ghosh/SOPA Images/REX/Shutterstock

Ghosh, nacido en Calcuta (Bengala Occidental), a menos de 100 millas [161 km] del Parque nacional de los Sundarbans, nunca olvidó el rápido cambio del paisaje del que fue testigo y se ha convertido en una de las voces literarias que con mayor fuerza reclaman que el mundo preste atención a la emergencia climática.

Aunque sigue siendo más conocido por sus novelas, entre las que destaca la trilogía Ibis, nominada al premio Booker, sobre el comercio del opio en el siglo XIX, Ghosh dedicó su atención a la crisis planetaria en su última obra de no ficción, The Nutmeg’s Curse [La maldición de la nuez moscada].

En el contexto de los terribles incidentes de violencia colonial europea llevados a cabo en Asia, América, Australia, Nueva Zelanda y África, Ghosh expone cómo el saqueo de esas tierras hace cientos de años –y el exterminio sistemático de sus pueblos indígenas– sentó las bases de la crisis climática que amenaza al mundo actual.

«¿Por qué se ha producido esta crisis?», preguntó Ghosh. «Porque durante dos siglos, los colonos europeos arrasaron el mundo, considerando la naturaleza y la tierra como algo inerte que había que conquistar y consumir sin límites y a los indígenas como salvajes cuyo conocimiento de la naturaleza carecía de todo valor y a los que había que eliminar. Fue esta visión del mundo colonial por parte de los colonizadores –de acumular, acumular, acumular, consumir, consumir, consumir– la que nos ha llevado a la situación en que nos encontramos ahora”.

Sin embargo, cuando Ghosh se sentó a escribir el libro en marzo de 2020, no podía sospechar que las ideas que habían empezado a tomar forma en su cabeza comenzarían a manifestarse de forma tan dramática como hechos reales. De repente, llegó la pandemia, y Nueva York, donde él vive, fue una de las ciudades más afectadas. «Fue esa experiencia lo que realmente dio forma al libro, porque la pandemia es el aspecto más visible de la crisis planetaria que se está desarrollando a nuestro alrededor», dijo Ghosh. «Creo que la pandemia, más que cualquier otra cosa, dejó perfectamente claro que ésta es una crisis de la que no te puedes esconder. El dinero no te protegerá, el poder no te protegerá, ya estamos en medio de ella. Le dio un tremendo sentido de urgencia”.

Para Ghosh, la supervivencia de nuestro planeta depende de que volvamos a interactuar con la Tierra como si fuera un ser vivo al que hay que escuchar, comprender y respetar. «Los pueblos indígenas de las Américas llevan décadas diciendo que nuestro pasado será vuestro futuro y esto es exactamente lo que el presente está demostrando», manifestó.

Hay indicios de que esta percepción de la naturaleza se está reconociendo más formalmente y las voces no humanas están empezando a ser escuchadas. Los tribunales de países como Nueva Zelanda, que en su día fueron escenario de atroces actos de violencia por parte de los colonialistas europeos, han empezado a reconocer la personería y los derechos de ríos, montañas, glaciares y otros fenómenos geológicos. «Esta es una de las cosas que me hace tener esperanzas, porque si ocurre en el lenguaje jurídico, en algún momento se filtrará también en el lenguaje político», dijo Ghosh.

Pero también ve que algunos países en desarrollo, incluida la India, vuelven a los mismos planteamientos de codicia, consumo y extracción, y alienación de las comunidades indígenas, que infligieron los invasores coloniales hace 200 años.

«En la India, especialmente, las élites gobernantes han aceptado completamente los modelos de los colonizadores, y ahora tratan de imponerlos a los habitantes indígenas de los bosques, los adivasis», aseveró Ghosh.

Un pueblo adivasi baila durante el Día Internacional de los Pueblos Indígenas de 2020. Fotografía: Francis Mascarenhas/Reuters

Señaló que el gobierno indio estaba subastando emplazamientos para minas de carbón privadas, muchas de ellas en bosques ricos en biodiversidad habitados por comunidades tribales. «Hablan de ecologismo, desarrollo y progreso, pero sólo al servicio de una visión urbana de la clase media mundial», dijo. «Mientras tanto, se hace sufrir a los que viven de la tierra. Esto sólo puede tener consecuencias desastrosas para el futuro de nuestro planeta».

Ghosh afirmó que esta desconexión se ve agravada por el sistema de castas de la India, en el que los adivasis son vistos como el escalón más bajo de la sociedad. «El ecologismo indio ha tendido a estar orientado a las castas superiores», dijo. «Tienen esta visión de la naturaleza como algo puro y prístino y estos adivasis se consideran de alguna manera como una contaminación de los bosques».

Según Ghosh, aún queda esperanza en la lucha contra la crisis climática, pero no es una esperanza representada por los grandes organismos e instituciones multinacionales. La Cop26 no hizo más que demostrar sus peores temores. «La Cop26 realmente subrayó que todos esos mecanismos políticos e instituciones de gobernanza mundial liberal en los que confiamos nos han fallado, y van a fallar cada vez más en el futuro”, manifestó Ghosh.

Deposita su esperanza para el planeta, por el contrario, en movimientos como Black Lives Matter [La Vida de los Negros Importa], las protestas de Standing Rock [Roca Enhiesta, en “dakota” Roca Parada] y Occupy [Occupy Wall Street (Ocupemos Wall Street)], en los que los puntos de vista colonialistas que han impregnado la sociedad durante cientos de años comenzaron finalmente a cuestionarse, sintiéndose el poder y el potencial de la conectividad global.

Como escribe Ghosh en las últimas líneas del libro, no son los multimillonarios ni la tecnología los que nos salvarán, sino un «movimiento de masas vitalista», impulsado por el espíritu humano, que «pueda ser realmente lo suficientemente mágico como para cambiar los corazones y las mentes de todo el mundo».

Notas del traductor:

1.- Parque Nacional de los Sundarbans. Situada en el delta del Ganges, la región de los Sundarbans abarca 10.000 km² de tierra y agua. La mitad de esa superficie se halla en el territorio de la India y el resto en Bangladesh. El sitio posee la más vasta extensión de bosques de manglares del mundo y es el hábitat de diversas especies raras o en peligro de extinción: tigres, mamíferos acuáticos, aves y reptiles. Fuente: UNESCO Centro del Patrimonio Mundial – (unesco.org)

2.- Dos ciclones (el Aila en 2009 y el Amphan en 2020) han causado daños importantes en el área. Fuente: Wiikipedia Parque nacional de Sundarbans – Wikipedia, la enciclopedia libre

3.- Hay que añadir el ciclón Yaas, en mayo de 2021

Imagen de Yaas en el momento de impactar en la costa nororiental de la India, 26 de mayo de 2021. Zoom Earth

Devastación de la costa

4.- Hay mucho en común entre las manifestaciones de Amitav Ghosh y las de la encíclica Laudato Si. “Sobre el cuidado de la casa común” del Papa Francisco, de 2015, en todo lo que se refiere a la crisis ecológica. Laudato si’ (24 de mayo de 2015) | Francisco (vatican.va)

Algunos extractos de Laudato Si:

Párrafo nº 48: «El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. […]»

Párrafo nº 54: «Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente. […] La alianza entre la economía y la tecnología termina dejando afuera lo que no forme parte de sus intereses inmediatos. […]» «56. […] los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas. […] “cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”.» «57. Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones. […] Se requiere de la política una mayor atención para prevenir y resolver las causas que puedan originar nuevos conflictos. Pero el poder conectado con las finanzas es el que más se resiste a este esfuerzo, y los diseños políticos no suelen tener amplitud de miras. […]»

Párrafo nº 101: «No nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica. Hay un modo de entender la vida y la acción humana que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla. […]»

Párrafo nº 111: «La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático. […] Buscar sólo un remedio técnico a cada problema ambiental que surja es aislar cosas que en la realidad están entrelazadas y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial.»

Párrafo nº 203: «[…] El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: “[…] Tal paradigma hace creer a todos que son libres mientras tengan una supuesta libertad para consumir, cuando quienes en realidad poseen la libertad son los que integran la minoría que detenta el poder económico y financiero. […]”».

Fuente: theguardian.com

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