Ana Belén Montes ha cumplido el domingo pasado 64 años de edad en uno de los pabellones del infierno. Ciudadana estadounidense e hija de puertorriqueños, se encuentra encarcelada desde 2001 en la prisión Centro Médico Federal (FMC), en Fort Worth, Texas, reservada para criminales muy peligrosos y con problemas mentales.

Solo puede recibir visitas de un hermano. No le está permitido hablar por teléfono, ni recibir periódicos, revistas ni ver televisión. Tampoco le permiten relacionarse con otras personas en esa cárcel, donde lleva dos décadas de absoluta soledad.

Montes era la analista de inteligencia especializada en Cuba de más alta jerarquía dentro del escalafón de la DIA. Logró avanzar rápidamente a través de los rangos de dicha organización, en la que sus colegas la consideraban como una persona responsable y confiable, y no notaron en ella ninguna actitud sin sentido.

Ana Belén Montes, la Mata Hari de Fidel Castro

Las razones morales de Montes

Fue acusada de espionaje, pero su gran delito ha sido poner la conciencia por encima de la seguridad personal, de una carrera exitosa y de una vida regalada en un suburbio de Washington. Según su abogado defensor, Plato Cacheris, Montes cometió espionaje debido a razones morales, porque «ella sentía que los cubanos eran tratados injustamente por Estados Unidos».

En los documentos donde constan los cargos levantados contra Montes, los fiscales federales que la acusaron alegaron que: “Montes se comunicaba con el Servicio de Inteligencia Cubano a través de mensajes codificados y recibía instrucciones vía transmisiones cifradas de onda corta desde Cuba”. Además, Montes se comunicaba con sus controladores cubanos mediante mensajes numéricos codificados escritos en papeles, los que luego transmitía a sus controladores cubanos a través de teléfonos públicos ubicados en el área del propio Distrito de Columbia o en el vecino estado de Maryland. Los códigos que usaba solían incluir las frases “Recibí mensaje” o “Peligro”.

En 2002, Montes se declaró culpable de los cargos que se habían levantado contra ella, los cuales le podrían haber valido la pena de muerte, pero finalmente fue sentenciada a 25 años de prisión en octubre de ese año, luego de haber llegado a un acuerdo con la fiscalía (respecto de especificar qué tipo de información había efectivamente pasado a los servicios de inteligencia cubanos).

El alegato de Montes

En su alegato ante el juez que la condenó, Ana Belén Montes afirma: «Honorable, me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí a mi conciencia más que obedecer la ley. Considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político… Es posible que el derecho a existir de Cuba, libre de la coerción política y económica, no justifique el haber entregado a la isla información clasificada para que pudiera defenderse. Solamente puedo decir que hice lo que consideré más adecuado para contrarrestar una gran injusticia».

Según consta en la lista de la Oficina de Prisiones de Estados Unidos, lleva el número 25037-016, debe salir en libertad el 1 de julio de 2023 y cuando lo haga, seguramente mantendrá la misma discreción con la que entró a la cárcel y mantuvo durante su vida en libertad.

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