Uno de los temas de conflicto, que no sería tal (probablemente) de no existir intereses económicos, es el de la gestación subrogada. Es un tema delicado puesto que implica un riesgo tangible en la vertebración de la sociedad y de la articulación del movimiento feminista.

Para tratar el tema hemos contado con Ana Trejo Pulido, mujer, madre y feminista, extremeña, licenciada en C.C. P.P. y Sociología, experta en Divulgación y Cultura Científica, creadora de Stop Vientres de Alquiler y de ‘El Nido en la Plaza’.

¿Supone la gestación subrogada un avance, un acto liberador o empoderante para la mujer?

No hay ningún avance en firmar un contrato que automáticamente tira a la basura nuestros derechos humanos más básicos, derecho a la autodeterminación sobre nuestros cuerpos, a la dignidad, a no ser vendidas, a la salud materna, a la interrupción de nuestro embarazo, un derecho crucial para las mujeres y que está cuestionado o prohibido en países donde se alienta la subrogación; y el derecho a la filiación, ¡tan importante y que tanto nos ha costado a las mujeres conseguir! Y que es el derecho de la mujer que ha parido a ser reconocida como madre, y que no pierden ni siquiera las madres que deciden dar a sus bebés en adopción cuando el Estado se encarga de proteger a estos menores y buscarles una familia adecuada, que tiene que pasar por una valoración de idoneidad por la que no pasan los comprabebés, pero si las madres.

No hay nada empoderante en someterte a un tratamiento de reproducción asistida muy agresivo y que no siempre es exitoso a la primera y que, sobre todo, no necesitamos para nosotras mismas, esto es de locos, es como si a tu padre le duele la cabeza y el médico te manda a ti que te tomes un ibuprofeno. No es nada liberador someterse a un tratamiento que acarrea graves riesgos para la salud a corto y largo plazo y que incluye terapias de desapego y desvinculación de la criatura que está creciendo en nuestro vientre.
Los contratos de subrogación empoderan tanto como los contratos de esclavitud, es decir, cero, por ese motivo los Estados que prohíben la subrogación, como el español y que son la mayoría de los países del mundo, los considera nulos de pleno derecho. No existe el derecho a esclavizar, por lo tanto, no debería existir el derecho a explotar a las mujeres reproductivamente, no podemos hacer un derecho de la indignidad.

No es nada liberador ni empoderante parir a tu bebé y entregarlo nada más nacer, a unos completos desconocidos. Es un tremendo dolor para las mujeres parir bebés muertos, que no estarán jamás en sus vidas y un tremendo dolor para los bebés nacer huérfanos de madre, esto es mi más ni menos la subrogación.

Ha introducido brevemente las consecuencias psicológicas y físicas de llevar a cabo dichas prácticas, pero quisiera ahondar más en este aspecto, ya que nunca se suele tratar desde la perspectiva y la realidad que viven aquellas mujeres que se ven abocadas a llevarlo a cabo.

Claro, porque esta parte es la que se quiere ocultar a la opinión pública, pero lo cierto es que la explotación reproductiva no solo entraña riesgos para la salud de la madre y el bebé, sino que de hecho tiene un impacto muy negativo en la salud de ambos.

¿En qué sentido? ¿Cuáles son las repercusiones?

En primer lugar, los partidarios de esta práctica pasan por alto el hecho de que todo embarazo puede derivar en complicaciones como embolias, anemia, hemorragias, diabetes gestacional, hipertensión arterial, preeclampsia, eclampsia e incluso muerte, por este motivo, el acceso a los servicios de salud materna es fundamental y constituye un indicador clave para medir el bienestar y el progreso de los países.

Cada día mueren en todo el mundo unas 830 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto que podrían evitarse si tuvieran acceso a estos servicios de salud y a mí me produce una indignación tremenda constatar que precisamente el negocio de la explotación reproductiva campa a sus anchas en países con altas tasas de mortalidad materna, como Nigeria, Sudáfrica, India, Indonesia, o incluso EE.UU, que dentro del grupo de los países enriquecidos tiene las tasas más altas de mortalidad materna. En estos países la industria tecno-reproductiva brinda servicios sanitarios especializados y de tecnología reproductiva a las mujeres pobres que no tienen más remedio que vender su capacidad reproductiva principalmente a parejas ricas, occidentales y blancas. Así que cuando se trata de parir para terceros, las mujeres más vulnerables del mundo encuentran fácilmente los servicios de salud materna de los que carecen para tener a sus propios hijos e hijas.

Volviendo al impacto en la salud de esta práctica hay que insistir en que la explotación reproductiva implica someter a una mujer sana a un tratamiento médico de reproducción asistida muy agresivo, un tratamiento que no necesita para ella misma y que las mujeres que han pasado por un proceso así conocen perfectamente lo durísimo que es. Cuando la mujer firma el contrato acepta someterse a todas las pautas e indicaciones que le dicten los doctores y los comprabebés sin rechistar, desde la medicación que tomará, hasta el tipo de alimentación, estilos de vida y relaciones sociales que podrá o no mantener durante la vigencia del contrato. La voluntad de la mujer queda anulada y cómo podemos suponer esta no es una forma muy saludable de vivir un embarazo.

Para lograr que el embarazo se produzca tendrá que someterse a una hiperestimulación hormonal inyectándose hormonas en el vientre durante semanas, también deberá tomar medicamentos inmunodepresores para lograr el embarazo, lo cual en estos tiempos de pandemia del Covid-19 las pone en serio peligro de contagiarse del virus.
Os quiero compartir una foto que hizo una madre de alquiler canadiense a las inyecciones de progesterona que tuvo que inyectarse durante las primeras semanas, en Instagram podéis encontrar cientos de estas imágenes. Y en esta otra foto vemos como es el procedimiento, inyectándose en la barriga. Pues bien, la hiperestimulación hormonal produce dolor, que a veces exige hospitalización, fallo renal, posible infertilidad futura e incluso la muerte. Muchas madres relatan que las primeras semanas se las pasan en cama y se sienten realmente enfermas.

Una vez está preparado el cuerpo de la mujer se procede a la transferencia de embriones. El deseo de los clientes de asegurarse la obtención de un bebé, junto al propio interés de la clínica en tener éxito, lleva a que a las mujeres se les implante a menudo más de un embrión a la vez, lo cual está desaconsejado desde el punto de vista médico. En India, Tailandia, Nigeria, Ucrania, Rusia llegan a implantar de tres a cinco embriones, lo cual aumenta lógicamente las posibilidades de que se produzcan embarazos múltiples. Los embarazos múltiples son embarazos de riesgo y se asocian a mayor riesgo de hipertensión, preeclampsia, diabetes gestacional y hemorragia postparto. Además, se incrementa la posibilidad de someter a la mujer a abortos selectivos, que no dejan de ser intervenciones traumáticas, para deshacerse de algún embrión. En cambio, la mujer no podrá abortar si decide no continuar con el contrato y se verá atada por las altísimas sanciones económicas establecidas en el contrato si decide finalizar con el proceso antes de entregar al bebé.

¿Y en lo respectivo a los bebés?

Desde el punto de vista de los bebés, los embarazos múltiples pueden derivar en nacimientos prematuros o pretérmino, con pesos de nacimiento inferiores al promedio. Los nacimientos prematuros implican una serie de riesgos como parálisis cerebral, dificultades de aprendizaje, desarrollo lento del lenguaje, dificultades de conducta, enfermedad pulmonar crónica y retrasos en el desarrollo. Los bebés que nacen con estos problemas son abandonados como muestran algunos de los casos que han salido a la luz, porque los comprabebés no sólo quieren un hijo o hija o en propiedad, con la propia carga genética, o la adquirida a su gusto, sino que quieren un bebé perfecto.

En un altísimo porcentaje de casos el parto es inducido y por cesárea para facilitar la organización del trabajo de la clínica y maximizar el número de nacimientos por día y también para facilitar que los comprabebés puedan asistir al nacimiento de la criatura que han comprado. Aquí estamos hablando de una cirugía abdominal para extraer al bebé del útero de su madre, realizada no por indicación médica, sino por imperativo del negocio. Las cesáreas conllevan riesgos bien documentados, incluyendo cortes quirúrgicos erróneos a la mujer y al bebé, infección, hemorragias, histerectomía, dolor severo y dolor a largo plazo en la zona de la pelvis, o en la cicatriz de la cesárea, e incluso muertes maternas relacionadas con la anestesia o con el mismo procedimiento. Los riesgos de las cesáreas para los bebés pueden incluir problemas respiratorios y reducir la bajada de sangre de la placenta al bebé al nacer; y a largo plazo, riesgos relacionados con diabetes infantil, asma, sensibilidades alimenticias y alergias.

El artículo publicado en 2018 en la revista Fertility and Sterility aporta nuevos datos sobre los problemas de salud que pueden presentar tanto los bebés nacidos vía maternidad subrogada, como sus madres, en comparación con los bebés nacidos por vía natural de estas mismas mujeres. Los autores estudiaron a 124 gestantes subrogadas que tuvieron conjuntamente un total de 494 embarazos (entre embarazos naturales y subrogados). Los autores concluyen que la gestación subrogada entraña mayor número de problemas médicos tanto para las madres, como para los bebés, en comparación con las gestaciones y nacimientos naturales. Los embarazos subrogados mostraron un mayor número de complicaciones obstétricas para las mujeres que los embarazos espontáneos, como diabetes gestacional, hipertensión, mayor número de amniocentesis, más placentas previas, así como un mayor número de cesáreas. El estudio muestra que los embarazos subrogados tuvieron tiempos de gestación más cortos y dieron lugar a un porcentaje mayor de niños prematuros y un porcentaje mayor de niños con bajo peso en comparación con los embarazos naturales.

Tras todo este proceso algo que también se obvia de forma recurrente es lo posterior, lo qué ocurre tras este proceso…

Sí, finalmente tenemos la ausencia de seguimiento y atención postparto que es, desde mi punto de vista, el remate final a toda esta violencia ejercida sobre la mujer. Los contratos de subrogación no contemplan el apoyo postparto para las madres. Las mujeres no reciben atención ni médica, ni psicológica durante la fase de recuperación postparto la cual suele ser lenta y complicada. A nivel físico, las madres deberán recuperarse de las cesáreas, pero no van a contar con asistencia sanitaria, ni ayuda de algún tipo, regresando a sus comunidades donde ejercen de cabeza de familia y acarrean con la mayor parte de las responsabilidades.

A nivel psicológico se quedan solas frente al impacto de haber entregado a su criatura. Tendrán que gestionar la lactancia, que puede ser inhibida farmacológicamente, con sus correspondientes consecuencias; o estar incluida dentro del contrato. En este último caso, se incrementa aún más el sufrimiento, ya que la mujer deberá extraerse mecánicamente leche durante unos meses para enviarla a los clientes. A esto hay que añadir la vuelta al núcleo familiar y comunitario y posiblemente tener que hacer frente al posible estigma social. Bajo estas condiciones, no es de extrañar que otro de los problemas que pueden sobrevenir a la madre subrogada, con más frecuencia que a otras madres, es la depresión posparto y el estrés postraumático.

Existen las terapias de desapego, al chantaje emocional, además del dolor que sufren tanto bebés como madres. En este aspecto, si no estoy muy desencaminado, ¿podría venir todo relacionado a partir del vínculo materno-filial, que por otro lado ha sido un tema bastante tratado a nivel psicológico y científico?

Sí, la madre no es un contenedor aséptico dentro del cual se desarrolla el feto como si estuviera en una cápsula. La madre es el primer hábitat de la criatura. Entre la madre y la criatura se va gestando el vínculo materno-fetal, que se produce tanto a nivel celular como en el apego afectivo y es fundamental para la salud emocional tanto de la mujer como del futuro bebé. La mujer siente a su bebé crecer en su vientre, sus pataditas y manoteos, el bebé se alimenta de la sangre de su madre y crece gracias al calcio de sus huesos. El bebé antes de nacer ya puede reconocer la voz de su madre. La mujer que lo gesta y pare es la única madre que el bebé reconoce como tal. Todo este vínculo y reconocimiento materno-infantil, todo este proceso neuro-hormonal cuya función es generar el enamoramiento entre la madre y el bebé es truncado violentamente, es intencional y planificadamente interrumpido cuando el bebé, literalmente, es extraído del vientre de su madre y entregado a los compradores, a menudo momentos después del nacimiento; degradando aún más a la mujer y a la criatura.

El bebé que es separado de su madre vive esta separación como si su madre hubiera muerto, para la mujer es como si hubiera parido un bebé que muere tras el parto. Muchas madres, especialmente en países empobrecidos, relatan con dolor que lo peor fue que no les dejaran ver un instante a sus criaturas; a otras, les invitan a que sean ellas mismas quienes entreguen a su bebé a los compradores en un acto simbólico de entrega en el que ellas quedan como únicas responsables de lo que están haciendo, mientras los obstetras, abogados, agentes y demás sinvergüenzas involucrados se lavan las manos y hacen caja a costa del dolor de una madre y sus bebé.