Dos meses después de la juramentación del Gabinete para el gobierno de Pedro Castillo en Perú sufre su primera gran crisis, achacada y justificada como un giro hacia la “gobernabilidad”, que desata las costuras dentro del partido Perú Libre.

«Algunos consideran este cambio estratégico y que busca fortalecer el proceso y otros totalmente un abandono de la línea y una tradición», pone de manifiesto la periodista y directora de La Comuna Carmen Parejo, reflejando así el ataque de posiciones contrapuestas.

En estos momentos «hay una contradicción interna bastante, bastante fuerte. Veremos, pero el Gobierno de Pedro Castillo está generando una alianza de clases sin poner en duda lo que es el orden establecido actualmente en Perú, que es el modelo neoliberal, veremos los sectores más críticos cómo se van a mover», muestra el docente y periodista Aníbal Garzón.

Dentro de este contexto «hay que tener en cuenta que Perú libre es un partido que nace de la realidad rural con una visión marxista – mariateguista, donde Vladimir Cerrón iba a ser el líder, pero fue imputado sin pruebas. A partir de ahí se presenta Pedro Castillo. Pedro Castillo, un docente, un líder en las movilizaciones del magisterio en Perú, pero que no tiene una línea clara política como si la tiene Vladimir Cerrón», especifica Garzón.

Conflicto de posiciones

En un principio, continúa Garzón, «parecía que el liderazgo de Castillo, con la entrada de Héctor Béjar como Canciller supondría un acercamiento sobre todo al tema de Venezuela y por la integración regional latinoamericana por su discurso muy crítico con el imperialismo norteamericano». Sin embargo, «en ese momento, claro, empieza a ser críticos con el Canciller», que acabará saliendo fuera del Gobierno.

Tras ello y con la agudización de los «choques fuertes» dentro del seno de Perú Libre se produce el segundo momento rupturista que, según Garzón, se produce tras la salida de Guido Bellido, quien «tenía una posición clara de crear una nueva Asamblea Constituyente, algo que confronta violentamente con la derecha peruana e incluso con sectores conservadores de la izquierda.

«La eliminación por motivos extraños de varios cargos cruciales del gabinete como el primer ministro Guido Bellido y el canciller Héctor Béjar ha sido un enorme varapalo que ha acabado con las expectativas de contar con un gobierno realmente de izquierdas en un país sistemáticamente dominado por las oligarquías reaccionarias y corruptas», explica el periodista y analista internacional Juanlu González.

«Lo sucedido con Bellido, uno de los máximos artífices de la candidatura de Castillo, sin el que el presidente jamás habría llegado donde está, solo puede calificarse en lo personal de una manera: de pura y cruda traición», añade.

Para sustituir a Bellido, Castillo, «mete como primera Ministra de Perú a Mirtha Vásquez, que es del Frente Amplio de Verónika Mendoza, una persona que dice que no quiere como proyecto de agenda tener la Asamblea Constituyente sino solucionar algunos proyectos económicos, pero no generar una una transformación, una Revolución Democrática como los países del Alba», define Garzón.

«Mirtha Vásquez, congresista por el Frente Amplio en la pasada legislatura. Aunque no milita, sus posicionamientos confluyen a la perfección con los de la formación que lidera Marco Arana. Vásquez cobró protagonismo durante su efímera presidencia del Congreso entre el 17 de noviembre de 2020 -en plena crisis institucional tras la renuncia de Vizcarra y el gobierno en falso de Manuel Merino- y el 27 de julio de este año. Tiempo suficiente para que su figura se consolidase ante la opinión pública, ya que su papel en la presidencia del legislativo contribuyó a frenar la inestabilidad política coincidiendo con la presidencia de Sagasti», aclara González.

En este punto, alude González, «el concepto de «gobernabilidad» se usa como un eufemismo que alude a que los poderes fácticos no iban a dejarle desarrollar el programa con el que se presentó a las elecciones y al que ha renunciado por otro mucho más admisible por los dueños del país».

Así se esbozan las posiciones contrapuestas y la que está perdiendo, dice Garzón, «es la posición de Vladimir Cerrón, la posición de Héctor Béjar, la de Guido Bellido, que es una posición de línea clara, rupturista, que sería un primeros pasos para lo que es un proyecto socialista».

Del otro lado está «la línea del Frente Amplio que buscan un consenso nacional al estilo de los primeros años de Lula, que hizo pactos con la derecha o los primeros años de Kirchner en Argentina, donde no era una ruptura, pero si fueron una política progresista, con muchos pactos con la derecha, una alianza de clases», manifiesta Garzón.

«El primer gabinete de Pedro Castillo trató de conjugar esta complicada ecuación con equilibrios imposibles que no tardaron en dar problemas. Al frente del ejecutivo situó a Guido Bellido, cercano el núcleo duro de Perú Libre, y cuya figura fue criticada desde el inicio por la oposición y buena parte de la prensa por sus supuestos vínculos con Sedero Luminoso. El Presidente aguantó los primeros envites contra su primer ministro, pero las disputas internas acumuladas en este tiempo habrían pesado más en su decisión final», señala González.

Lucha entre lo rural y urbano

Dentro de este prisma de confrontación, enuncia Garzón, se establece también «el conflicto entre rural y urbano, porque el Perú Libre tiene mucha fuerza en el campo y en el urbano tiene más fuerza lo que es una izquierda moderada, que es la del Frente Amplio. Por lo tanto, ese choque entre lo urbano también está dentro de de la agenda».

«Esto puede llevar a que se generen conflictos sociales elevados porque, recientemente, muchas organizaciones campesinas y de maestros están poniendo en duda lo que puede llevar Pedro Castillo», menciona Garzón.

«Está por ver la reacción de la gente. Si las renuncias programáticas en favor de los más humildes desatan olas de protestas, es posible que se repita un triunfo de la izquierda real o incluso que lleven a la dimisión de Castillo», matiza González.

«Hay mucha gente enfadada, aunque está por ver cómo acaba todo esto. Es pronto para prever algo con cierta precisión sin conocer el rumbo de las fuerzas que se están enfrentando soterradamente en Perú», sentencia.

Legitimidad al fujimorismo y pérdida de simpatía de Castillo

Actualmente «se están organizando las bases porque, posiblemente, vean la necesidad de salir a protestar también contra el Gobierno, meterle presión al Gobierno de Pedro Castillo para que se lleven a cabo las propuestas del programa de político de Perú Libre, donde fue el programa lo que llevó a la la victoria a Pedro Castillo. No es un nombre de personas, es un partido lo que ganó las elecciones de Perú en la segunda vuelta», dictamina Garzón.

La situación en Perú no es baladí, ya que «existe el miedo de que si finalmente cae en los primeros años Pedro Castillo le puedan dar legitimidad al fujimorismo«, explica Garzón.

Además, «La legislatura de Castillo, a pesar de la ola de simpatía que generó entre la gente de la izquierda mundial, se va decantando como una oportunidad perdida», concluye González.

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