Antes de que se vaya el último gorrión…

Juantxo López de Uralde
Diputado de EQUO en Unidos Podemos

El pasado lunes la ONU hacía público un informe en el que advertía de que más de un millón de especies animales y vegetales desaparecerán en las próximas décadas. Hemos comenzado ya la sexta extinción, y en esta ocasión es consecuencia de nuestra actividad. Podemos seguir mirando para otra lado, y hacer como si nada estuviera ocurriendo, pero lo más inteligente sería abordar de forma urgente y con medidas masivas este problema.

Como si fuera una pared de ladrillo en la que cada bloque representa una especie, la biodiversidad es la base de la vida. Cada vez que una especie desaparece, esa red de vida se va empobreciendo. Con cada especie que se extingue, retiramos un ladrillo de ese muro. Y así uno tras otro, el muro acabará hundiéndose. No sabemos qué especie será la decisiva para que el muro se derrumbe por completo, pero tampoco cuanto podrá aguantar perdiendo unidades. Así es el drama de la pérdida de diversidad.

Quedarnos solos no es una opción: la especie humana no puede sobrevivir sin una red de vida que solo pueden garantizar el resto de especies con las que convivimos. No estamos, por tanto, ante un problema más, sino ante una (¡otra!) emergencia global.

¿Qué hacer?

Las causas de las extinciones son conocidas, y por tanto hay que abordarlas. El cambio climático es una de las causas, pero no la única: en este momento una de las más graves es la destrucción de los ecosistemas en los que habitan la mayoría de las especies: los bosques tropicales. Si no frenamos la deforestación tropical (y los indicadores están peor que nunca) no será posible frenar a sexta extinción ni tampoco el cambio climático.

Hay una propuesta de Edward Wilson que salvaría la biodiversidad: dedicar el 50% de la superficie del Planeta a la conservación.  Dejar como un santuario la mitad del espacio terrestre para que el resto de especies puedan recuperarse. Es una buena idea, y podría ejecutarse si hubiera voluntad política. La principal causa de la degradación del territorio tiene que ver con su explotación: extracción de madera, minería, cultivos industriales, contaminación, grandes obras hidraulicas…por ello su protección es una buena estrategia.

Las especies invasoras son también un problema acuciante: la adaptación de especies en ecosistemas ajenos afecta gravemente a la biodiversidad autóctona, ya que las nuevas especies ocupan el nicho y expulsan a las nativas hasta la extinción.

La tarea no es fácil: cientos de activistas ecologistas son asesinados impunemente año tras año por oponerse a la destrucción de los habitats en América Latina, Asia y África. Por eso el cambio que se requiere es de primera magnitud: requiere de un amplio apoyo político y social que en la actualidad no se está dando, pero es ya una cuestión de supervivencia. Como los pajarillos que en la mina advertían a los mineros de la presencia de grisú, los gorriones con su lenta pero implacable desaparición nos están avisando de que nos estamos quedando solos. Actuemos antes de que se nos vaya el último gorrión…

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