María Garzón, Portavoz de Actúa
Arantza Azmara Rodríguez, Concejala de Actúa en San Fernando de Henares


Ayer, por fin, nos fuimos a la cama con esperanza. Esperanza porque es posible que se ponga en marcha un gobierno progresista, y hasta puede que un poquito de izquierdas. Dejando a un lado torpezas, chulerías e hiperliderazgos, parece que Pedro y Pablo le han visto las orejas al lobo, que ha hecho más que asomar la patita en forma de amenaza fascista. Como esas personas que no se cuidan hasta que la salud les da un susto, o como esas parejas que no se respetan, ni se escuchan hasta que se asoman al abismo del fin de la relación. Pedro y Pablo, Pablo y Pedro, han necesitado sentir el aliento fascista en la nuca para empezar a entenderse. 

No es momento de reproches, ya han quedado claros estos meses, por no decir estos años. Es momento de actuar, de poner en marcha lo que mucha gente que nos consideramos de izquierdas hemos venido reclamando: combatir con política las consecuencias de los recortes y la austeridad aplicadas en los gobiernos precedentes y poner las bases de la democracia madura que necesitamos, vacuna de muchos peligros, como el del actual fascismo. La pobreza y la desigualdad, la pérdida de derechos, el retroceso en los servicios públicos, la emergencia climática, el machismo y sus múltiples caras… y la memoria, porque hoy es aún más evidente la necesidad de verdad frente a las manipulaciones y las mentiras, de justicia con las víctimas de la dictadura, y de reparación, como se ha hecho en otras democracias precedidas por regímenes totalitarios.

Esperanza, sí. Esperanza que solo se puede gestionar con templanza. Templanza para tomarse en serio esta oportunidad límite y demostrar que pueden dejar atrás las torpezas y dejar un legado positivo como primer Gobierno de coalición de la democracia.

A nuestro juicio, el acuerdo al que se llegue tendrá que materializarse con unos presupuestos sociales, cargados de intencionalidad, para poner en marcha un programa de mínimos que podría concretarse en medidas inmediatas que reviertan algunos retrocesos acumulados, como la derogación de la reforma laboral y de la Ley Mordaza. Asimismo, apostar por el diálogo territorial, empezando por Catalunya, e incluyendo en las reformas que vendrán la pluralidad de nuestro país, su asimetría, con valentía y decisión. 

Hablando de diálogo, hay que retomar la negociación colectiva entre distintos agentes sociales para acordar medidas que combatan el precariado y la figura del trabajador (y sobre todo trabajadora) pobre. El SMI debe elevarse cuanto antes a 1.000-1.200 euros.

Después, esos Presupuestos Sociales tienen que dotar económicamente la Ley de Dependencia y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y garantizar la subida anual de las pensiones públicas al menos como el IPC. 

La pobreza es otro reto. Acabar con ella, reducirla a su mínima expresión. Para avanzar hacia ese objetivo, una Ley de Pobreza energética que garantice el suministro aunque no pueda pagarse, y una renta mínima universal muy bien estudiada y pautada. Alquileres sociales (entre otras medidas para controlar los precios del alquiler de viviendas) y una Ley Antideshaucios que cumpla con las 5 peticiones de la PAH. 

Volvamos al diálogo. Entre los grandes retos de país, destacan la emergencia climática y la educación. Ambas cuestiones requieren amplios acuerdos e inaplazables. El planeta se muere y con él los seres humanos. Como nos jugamos la existencia, las medidas están por encima de las ideologías (políticas de transición energética, cambios en la movilidad y el transporte, cambios en la producción, distribución y el consumo…). Y la educación es la herramienta de cambio. Derogar la LOMCE y acabar con los problemas que introdujo la LOGSE son indiscutibles. El nuevo Gobierno debe promover una reforma educativa con miras a futuro, que contribuya a formar a ciudadanas y ciudadanos críticos, iguales, corresponsables, cívicos, con conciencia social y ecológica. Una educación que combata la desMemoria y entierre el machismo. Una educación pública de calidad y gratuita, también en el tramo de 0-3 años.

España necesita merece ciudadanos y ciudadanas, no máquinas de producción. Porque solo unas nuevas generaciones con conciencia crítica podrán evitar que volvamos a vernos ante el abismo de que el fascismo esté a las puertas del gobierno de nuestro país, que tengamos políticos que solo se ponen a trabajar ante un buen susto, como el del pasado domingo. 

Pero reproches aparte, habíamos dicho. Bien, si el nuevo gobierno tiene el reto de dignificar la vida, luchando contra la pobreza, mejorando las condiciones laborales, los servicios públicos… no podemos olvidarnos de la muerte. Esta legislatura es la de la Ley de Eutanasia.

Por otro lado, puede ser la legislatura de la gran reforma fiscal que introduzca mayores cuotas de justicia fiscal: combatir los paraísos y la evasión, crear nuevos impuestos y reformar algunos actuales para que en su mayor parte recaigan en las rentas más altas.

Además, hay que revertir las limitaciones legales a las administraciones municipales, cuyas competencias llevan muchos años mermadas a pesar de ser las más cercanas a la ciudadanía.

Ni que decir tiene que la regeneración democrática está pendiente. Más transparencia, menos puertas giratorias, medidas implacables contra la corrupción y más mecanismos para prevenirla. Una protección real a los alertadores para que estos héroes y heroínas de nuestro tiempo no tengan que sufrir las represalias de corruptos, sino que cuenten con el reconocimiento que merece el que piensa en el bien común antes que en el propio. Porque eso es lo que hará avanzar a nuestro país, lo que nos permitirá instalarnos en el “nosotros” para salir del capitalista “me lo merezco”. 

No es tanto. Todo lo anterior se puede poner en marcha, incluso más. Se pueden sentar las bases de una España mejor. Es posible. Es cuestión de voluntad política y lealtad. Esta alianza nace de una necesidad mayor y por eso vendrán momentos complejos, la desconfianza sembrada durante años no desaparece con la firma de un papel. Será necesaria paciencia, escucha y mucha templanza; saber superar los anhelos particulares en favor de los colectivos. 

Desde nuestra posición, como mujeres que amamos la política, la ejercemos y que siempre hemos defendido que nuestro país necesitaba una coalición de izquierdas, solo pedimos una cosa a PSOE y UP. Sencilla en su formulación, compleja en su ejecución: “No dilapidéis nuestra esperanza. Demostradnos vuestra templanza”.


María Garzón, Portavoz de Actúa, y Arantza Azmara Rodríguez, Concejala de Actúa en San Fernando de Henares 

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