Apátridas forzosos y generaciones perdidas

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Por Cynthia Duque Ordoñez

Día 20 de junio, todos somos refugiados

Si nos hubieran dicho hace algunos años que los refugiados sirios, iraquíes, afganos, kurdos o libios iban a ser noticia de todos los telediarios algunos hubiéramos recelado. Hace seis años de que las mal llamadas “primaveras árabes” arrasaron Oriente Medio, hace seis de que la OTAN bombardeara Libia, y más de diez años desde que EE.UU invadiera Irak y Afganistán bajo falsos pretextos que enmascaraban intenciones neo imperialistas. Hace muchos años de todo esto.

Hace años de que miles de vidas se pierden anualmente en el Mediterráneo, huyendo de lo que unos llaman “pacificación”, “democratización” o simplemente “rebeldes”, rebeldes que hoy luchan junto Jabhat Fatá al Sham (antigua Al Nusra) o Daesh. La vena reformista de las protestas duró poco más de algunos meses pero los estragos de la ayuda occidental a estos “rebeldes” perduran hoy en toda África.

Ayer los medios se hacían eco de los refugiados, obviando lo que ellos no supieron ver hace años, por desgracia debido a una fotografía tomada a un niño, el pequeño Ailan, ahogado en una playa hace ahora dos años. Parece que haya pasado una eternidad desde entonces y puede ser cierto si el tiempo lo medidos en actuaciones o despropósitos de la Unión Europea.

Hoy, los medios han olvidado a los refugiados, si no es para mirarlos con la lupa de la islamofobia tras cada nuevo atentados terrorista, perpetuado por europeos enloquecidos con la sociedad en la que viven que cuentan en su haber con un amplio historial delictivo, sin embargo, aunque una vez los refugiados llegan a nuestras costas son prácticamente olvidados.

No pasa lo mismo con mercenarios y terroristas que siembran el terror en Siria, los cuales suelen ser noticia, en la medida en que el gobierno legitimo de Assad libera a su población civil. Al tiempo que se utiliza material grafico aportado por los mismos mercenarios bajo el nombre de White Helmets, con el fin de construir una imagen flasa del gobierno sirio que legitime de cara a la opinión publica una nueva intervención armada, ilegal, sobre Siria, igual que ocurriera en Libia o Irak.

El verano pasado Grecia continuaba su política social con los migrantes hacinando a centenares de miles de personas en campamentos al aire libre, Macedonia desalojaba campamentos llenos de niños con gases lacrimógenos y desaparecían 11.000 niños de centros de refugiados de los campamentos de toda Europa sin que las autoridades competentes digan nada. La mayoría de ellos victimas de trata de personas que todos los años mueve millones de euros a través de la venta órganos, explotación sexual o laboral de niños en fábricas ilegales. ¿Qué hubiera pasado si hubieran sido 11.000 niños alemanes?

Adía de hoy se desconoce cuál fue su destino y posiblemente el “gran público” nunca lo llegue a saber, porque hoy, cuando los refugiados están suficientemente rentabilizados, ya no son noticia.

Fotografía de una fabrica turca que utiliza niños refugiados para confeccionar ropa militar para el Daesh. Fuente www.diarioturco.com

Han pasado 365 días más sin que se atiendan las solicitudes de asilo, 365 días en los que familias con niños duermen en tiendas de campaña sin agua corriente malviviendo gracias a la ayuda de voluntarios que como a Lesbos se desplazan para dar a otros lo mejor de sí mismos o desde que las autoridades griegas echaron al personal voluntario de los campos de refugiados de la isla de Lesbos para quedar convertidos en campos de detención.

Campo de refugiados griego. No hay agua corriente. Fuente: Público.es

Tras la firma del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía el 20 de marzo de 2016, la UE deporta a Turquía a centenares de refugiados todos los días. Expulsa a aquellos que hayan llegado después de la firma del acuerdo incumpliendo así el Acuerdo Schengen y asistiendo con una crueldad pasmosa como centenares de personas arriesgan su vida a diario huyendo de la guerra, una guerra que han ayudado a crear las políticas intervencionistas de nuestras respectivas naciones. Este es el caso de las embarcaciones que como la de la instantánea siguiente han llegado después del tratado de la vergüenza, que llegan a Europa dejando atrás miedos, recuerdos y seres queridos y que aquí sólo encuentras la triste y llana desolación al enterarse que serán expulsados a Turquía. El destino que les espera en suelo turco es la esclavitud en fabricas clandestinas situadas por todo el país o la deportación a sus países de origen.

Embarcación recién llegada desde Turquía a Lesbos el 20 de marzo, 2016 (AP Photo/Petros Giannakouris) Fuente www.eldiario.es

El mundo vive el mayor éxodo de refugiados desde la II Guerra Mundial y no podemos quedar impávidos frente a las violaciones de DDHH que estamos presenciando en nuestras fronteras y países. Tan sólo tenemos que recordar que hubo un momento en el que los españoles también éramos refugiados y que fuimos recogidos y ayudados allí donde llegábamos como Argentina, México o Rusia entre otros países.

Hoy los países más ricos del mundo incumplen los acuerdos de “cuotas” que distribuyen a los refugiados llegados a la UE entre todos los países miembros, sin embargo, no rechazan las ayudas europeas encaminadas a sufragar el gasto para dichos Estados que supone la recogida de aquellas personas, que huyen de su hogar por culpa de una guerra en la que nuestra participación como Estado fue más que necesaria para su desencadenamiento.

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