La dimisión del presidente argelino Abdelaziz Buteflika llega después de semanas de protestas sociales, manifestaciones e incluso de una petición por parte del Gobierno y del ejército para provocar la renuncia del ahora expresidente, que ya había fijado su marcha para antes del 28 de abril.

La petición de dimisión de los militares decía que uno de los motivos era que las protestas sociales que se estaban desarrollando demostraban «la grandeza del pueblo argelino, su conciencia y madurez». El pasado martes, Buteflika dimitía tras cuatro mandatos y 20 años en el poder.

La salud del expresidente, de 82 años, podría ser la causa principal de la dimisión. Había sufrido dos pequeños infartos cerebrales en 2013, que le obligaron a moverse en silla de ruedas desde entonces. El pasado marzo, Buteflika estuvo hospitalizado en estado crítico en Ginebra durante las manifestaciones en Argelia. Ahora se especula que su fragilidad ha forzado su salida de la presidencia.

Pero su dimisión lleva a la incertidumbre, ya que los ministros nombrados por Buteflika podrían continuar en el cargo durante los meses siguientes, a pesar de las fuertes protestas ciudadanas.

La Constitución del país establece que quien ahora debería gobernar hasta las elecciones -que se celebrarán el 18 de abril- es el presidente del Senado, Abdelkader Bensalah, y gestionado por el exministro de Interior Nouredin Bedaui, confirmado el martes como primer ministro.

Por lo que la sombra del mandatario podría seguir sobre el país a no ser que se produzca una ruptura completa, una transición sin fisuras, como demandan los manifestantes. Y es que Buteflika tendría una «obsesión suicida con el poder». El sociólogo político argelino Nacer Djabi asegura que «no puede reformarse, porque no cree en la democracia o en la política».

La oposición sospecha de una ‘mano negra’ en la dimisión

Las elecciones, que fueron convocadas mientras Buteflika seguía en el cargo, se celebran en dos semanas. Quince días definitivos para el futuro del país, que ahora permanece incierto, con los ciudadanos en la calle y el ejército en una encrucijada.

Hasta hace unos meses, los resultados podrían responder al patrón de siempre: la victoria del Frente de Liberación Nacional (FLN), encabezado por Buteflika. No ha gobernado otro partido desde 1962 cuando Argelia se independizó de Francia.

Además, el escaparate político se ha visto reducido en las últimas semanas. El Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP) anunció el pasado sábado que retiraba a su candidato presidencial Abderrazak Makri para sumarse a las protestas contra Buteflika.

«Sí, se ha tomado la decisión de retirarnos. Habrá un comunicado para explicar la decisión», dijo Makri. El Partido de los Trabajadores (PT) también ha retirado a su candidata, Luisa Hanoun, de las elecciones del próximo día 18. Hanoun ha dudado de la autoría de la carta de renuncia de Buteflika, y cree que alguien la habría escrito por él.

El MSP ha secundado a Hanoun pidiendo al pueblo que no se deje engañar y prosiga con las manifestaciones. «¿Cómo pueden los partidarios del presidente afirmar que ha reunido 6 millones de firmas? Nadie vio colas frente a los ayuntamientos. Es imposible. Es un anuncio de lo que será el resultado de las elecciones», afirmó su líder, Makri.

Quien sí se ha presentado ha sido el exmilitar Ali Ghediri, que ha anunciado su candidatura como independiente. El exmilitar, ya retirado, había anunciado a finales de enero que presentaría su candidatura, y lo ha hecho a dos días de que se acabe el plazo este 4 de marzo.

Pide perdón al pueblo

Bouteflika, difundió el miércoles una carta dirigida al pueblo argelino en la que defiende sus veinte años de mandato y pide disculpas por no haber podido concluirlo.

«Dios sabe que fui sincero y fiel. No estoy triste, no temo por el futuro de mi país», fueron dos de las frases más destacadas de una misiva en la que también deseaba que Dios ayude a su sucesor «a seguir concretando las esperanzas y ambiciones de las hijas y de los hijos» de Argelia.

 

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