En una entrevista publicada en El Español, Carlos Arguiñano ha dejado algunas perlas dignas de mención respecto a la política y estructura nacional.

Preguntado por la recomendación de un plato para Felipe VI Arguiñano no duda en responder de forma tajante: «Para ver si se pone a trabajar, ¿eh? Pues mira, le haría un puré de alubias rojas con morcilla de Beasain, y luego le haría una dorada al horno con unas patatas panaderas y luego le haría unas manzanas asadas con helado de queso».

Repreguntado le consultan su parecer sobre la típica frase que con la edad uno se hace de derechas a lo que indica que «yo no, yo no me he vuelto de derechas, igual me he hecho más comodón… pero tengo un espíritu peleón, siempre. Está tan marcado lo de derechas e izquierdas que… no sé, tampoco me agrada tanto, pero yo vengo del metal, yo era obrero, y ese espíritu lo tengo».

En este sentido el reconocido cocinero ha tirado de orígenes para exponer su posición: «Yo soy hijo de un taxista de un pueblo, de Berasáin, y mi madre era inválida, no tenía dónde caerme muerto, vine aquí sin nada».

El periodista algo más adelante insistía en el sentido socarrón, que también caracteriza a Arguiñano: «ser un empresario de izquierdas… ¿es una heroicidad o una estupidez?», le preguntaba.

Arguiñano no duda: «Pues igual las dos cosas, sí, pero yo estoy a favor de que haya empresarios, está claro, porque sin empresarios no habría obreros, pero joder, sobre todo estoy a favor del obrero, porque sin obrero no habría empresarios».

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