Vivimos en una época en la que hasta lo que se creía más básico y asentado en el sistema de bienestar, sufre una continua erosión disfrazada de avance y progreso cuando, en realidad, es otra forma de joder a la clase trabajadora.

Me quedan muchos años para vivir en mis propias carnes cómo, a pesar de haber pasado décadas trabajando al servicio de la patronal aguantando sus abusos, una vez llegada la jubilación se ningunean mis derechos —y los de toda una sociedad— de la forma más descarada posible. Parece que no ha sido suficiente aguantar toda una dictadura que arrebató la libertad de la juventud que entonces crecía entre el miedo, el silencio y el sometimiento a la patronal.

Bajo el mandato de Franco, además de estar muy limitado el acceso de la mujer al mercado laboral, los principios católicos regían hasta el más mínimo detalle. La prohibición de la organización colectiva, tales como sindicatos o grupos de presión en el trabajo empeoraron de forma sustancial las condiciones laborales de los trabajadores, como se demuestra en numerosos estudios que ponen de manifiesto que salarios y condiciones son mucho mejores en sistemas democráticos. No obstante, en contra de lo que el sistema autocrático trataba de implantar, sí que hubo un ligero crecimiento salarial por el marco de producción económico en el que se desarrollaba el país y que también se vio retrasado por las políticas franquistas, así como el nivel de vida de la clase trabajadora en contraposición con el resto de países europeos.

La población española veía entonces cómo se quedaba atrás en la mejora de calidad de vida que los países de la zona experimentaban junto a la reducción de derechos a la que el sistema franquista la sometía. Trabajadores que ahora ven cómo las pensiones, poco a poco, se contraen ante un sistema neoliberal que busca el beneficio propio antes que una vida digna.

Foto: EFE

Ya desde 2010, los pensionistas han perdido 420 euros de poder adquisitivo. La continua subida del IPC —los precios respecto al octubre pasado han aumentado un 5,5%— y la no adaptación de las pensiones a la misma ha creado pensionistas que cada vez son más pobres. Todo ello se une a un desabastecimiento provocado por el gobierno del PP que se encargó de vaciar la hucha de las pensiones para sostener un modelo que vio cómo empobrecía a la clase trabajadora. Ahora, frente al escenario que se plantea para los próximos años, políticas neoliberales defendidas por el PP y por el PSOE asoman como solución a la precariedad que ambos partidos y el sistema que defienden han creado. Todo esto dejando de lado la inexistente subida de salarios que también puedan hacer frente a la precariedad que la subida del IPC crea.

La mochila austriaca ya se planteaba hace años, incluso por una gran parte del PSOE, como el sistema alternativo al público de pensiones que ya tenemos y que se han encargado en demoler. De hecho, ahora Casado, después de que Zapatero y su equipo intentaran introducirlo, también defiende este sistema que se centra en la indemnización por despido individual. Una mochila que el trabajador lleva consigo y que destina parte de su sueldo en llenarla y poder disponer del mismo en caso de despido. Una medida que pretende aplacar la temporalidad pero que instaura en los trabajadores una gran responsabilidad que debería ser cubierta por un servicio público. Asimismo, en vez de tratar acabar con un mercado laboral que destina a miles de trabajadores a la precariedad y temporalidad, pretende subsanar los problemas que precisamente crea. De hecho, el propio Banco de España apoya esa medida, cosa que no suele ser un buen indicador para quienes no heredamos millonadas o vivimos de la especulación, entre otros muchos «trabajos». Dentro de sus proposiciones entran una jubilación más tardía y una mayor vida laboral, como si no hubiera un paro juvenil suficientemente alto. Toda una serie de medidas orientadas, como siempre, al mantenimiento de un sistema que prolonga la precariedad en la clase trabajadora.

Una lucha continua por un sistema público de pensiones que permita evitar esas imágenes de otros países que romantizan la pobreza, de señores y señoras que con más de ochenta años se ven obligados a seguir trabajando porque su pensión no les cubre lo más básico. Una lucha que hemos de apoyar toda una sociedad que se verá en la misma situación si no es capaz de mantener algo tan básico como las pensiones.

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