La jueza Vanessa Baraitser había argumentado en enero que Assange podría suicidarse si se le somete a las duras condiciones de encarcelamiento en EEUU. El miércoles 10, el juez británico Timothy Holroyde concedió a EEUU el derecho de apelar la decisión de Baraitser, al señalar que la magistrada le dio demasiada importancia al diagnóstico que hizo el reconocido neurosiquiatra Michael Kopelman, quien indicó que Assange padece autismo y depresión, con un grave riesgo de caer en un estado anímico suicida.

Clair Dobbin, la abogada que representó a EEUU durante la audiencia del Tribunal Superior inglés, sostuvo que Baraister no tomó en cuenta el hecho de que el australiano, de 50 años, tuvo dos hijos durante los años que permaneció refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, hasta marzo de 2020.

Assange está acusado de conspirar para revelar información confidencial del gobierno estadounidense. En 2010, el informático australiano difundió cientos de miles de cables diplomáticos en los que se revelan los horrores cometidos por EEUU en sus invasiones militares en Afganistán e Irak.

La decisión del Tribunal Supremo inglés se dio inmediatamente luego que el gobierno estadounidense consideró ante el Tribunal Superior de Londres que el australiano no está «tan enfermo» como para querer suicidarse si es extraditado a EEUU. Los abogados estadounidenses entienden que las pruebas presentadas por la defensa de Assange, quien permanece recluido en una cárcel de máxima seguridad del Reino Unido, no se basan en su actual estado de salud sino en cómo podría evolucionar.

Decenas de manifestantes con pancartas que rezaban «Diez años, ¡ya basta!» o «Liberen a Assange» se congregaron el miércoles ante el tribunal londinense, incluido el exlíder laborista Jeremy Corbyn, quien dirigió a los presentes en un discurso en el que ha mostrado su apoyo a Assange y al trabajo que ha hecho «revelando las verdades sobre la prisión de Guantánamo, la guerra de Irak y la toma de decisiones de las fuerzas armadas estadounidenses».

Vestido con una camisa blanca y mascarilla oscura, el periodista australiano, de 50 años, compareció ante la corte londinense por videoconferencia desde la prisión de alta seguridad de Belmarsh, al este de la capital británica, donde permanece detenido mientras se dirime la apelación estadounidense.

En la puerta del tribunal, Stella Moris, pareja y madre de dos hijos de Assange, ha cargado contra el gobierno de EEUU por «prolongar arbitrariamente» su encarcelamiento. «El Gobierno estadounidense está explotando los injustos acuerdos de extradición entre EEEUUU y el Reino Unido para prolongar arbitrariamente su encarcelamiento, el encarcelamiento de un hombre inocente acusado de ejercer el periodismo», lamentó.

¿Delitos?

Las revelaciones en el portal digital WikiLeaks expusieron secretos sobre las acciones estadounidenses en Irak y Afganistán, información acerca de las detenciones extrajudiciales en la prisión de Guantánamo (en la isla de Cuba) y cables diplomáticos que desvelaron abusos de DDHH en todo el mundo, entre otras cosas.

Assange, que no ha sido condenado por ningún delito, fue detenido en 2019 después de ser sacado por la fuerza de la embajada de Ecuador en Londres, donde se había refugiado en 2012 tratando de evitar precisamente su entrega a EEUU, que finalmente, hace dos años, pidió su extradición.

Previamente, estuvo bajo arresto domiciliario en Inglaterra. Lleva un total de casi 11 años de encierro desde que en diciembre de 2010 fue detenido en Londres por la Policía a petición de Suecia, que quería interrogarle por un caso de presuntos delitos sexuales de los que no fue imputado y que eventualmente se archivó.

La trama del caso muestra una denuncia de violación que termina en el cajón justo a tiempo, la presión del Reino Unido para no abandonar el caso, un juez parcial, la detención en una prisión de máxima seguridad y tortura psicológica. Julian Assange ha pasado por todo esto y pronto correrá el riesgo de ser extraditado a EEUU, donde se enfrenta a hasta 175 años de prisión por exponer crímenes de guerra.

El relator de la ONU

El relator especial de la ONU sobre tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Nils Melzer, dio en enero de 2020 detalles de los polémicos hallazgos de su investigación sobre el caso del fundador de Wikileaks y señaló que «cuatro países se han coordinado para quemarle en la hoguera sin que nadie proteste».

Melzer señaló que el caso se encontraba dentro de sus obligaciones de tres maneras diferentes. La primera, porque Assange publicó pruebas de tortura sistemática, pero en lugar de perseguir a los responsables de la tortura, se persigue a Assange. La segunda, él mismo ha sido maltratado hasta el punto que ahora muestra síntomas de tortura psicológica. Y tercero, puede ser extraditado a un país que mantiene a las personas como él en condiciones de prisión que Amnistía Internacional calificó como de tortura.

Cuándo se le preguntó por qué no asumió el caso mucho antes, respondió: Imagine una habitación oscura. De repente, alguien ilumina a un elefante en la habitación que representa a los criminales de guerra, la corrupción. Assange es el hombre que sostiene el foco. Los gobiernos se quedan brevemente en estado de shock, pero luego hacen girar el foco con acusaciones de violación.

“Esta es una maniobra clásica cuando se trata de manipular a la opinión pública. Assange se convierte en el foco de atención y comenzamos a hablar sobre si Assange está patinando en la embajada o si alimenta a su gato correctamente. De repente, todos sabemos que es un violador, un hacker, un espía y un narcisista. Pero los abusos y crímenes de guerra que descubrió se desvanecen en la oscuridad. Yo también perdí mi enfoque, que debería haberme hecho estar más alerta”, añadió.

CLAE

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