Por Javier Cortines
El Autor es una gran película que, al faltarle los ingredientes que convierten una obra mediocre en un superventas (violencia, sexo, etc.) y no contar con un reparto de “super hombres y super mujeres”, la crítica apenas ha notado que está salpicada de diamantes. Sólo hay que soplar sobre el polvo para verlos y gozar de su preciosidad.

Basada en el relato “El Móvil” de Javier Cercas (Soldados de Salamina) y dirigida por Manuel Martín Cuenca (ganador del premio Fipresi en el Festival de Cine de Toronto), la trama, que se desarrolla en Sevilla, gira en torno a un testarudo aspirante a escritor, Álvaro, papel interpretado por Javier Gutiérrez, quizás el mejor actor que tenemos en España.

(La cinta acaba de conseguir -este miércoles, 13 de diciembre- nueve nominaciones a los Goya 2018, entre ellos a la mejor película, dirección y actor, Javier Gutiérrez)

Ante nuestros ojos transcurren, con suspense in crescendo, una serie de episodios psicológicos concatenados (sobre el desquiciamiento que puede producir la frustración y los límites que nos impone la realidad). El autor, que quiere atrapar la realidad para crear una obra maestra, encuentra en ella una trampa que es al mismo tiempo su condena y su salvación.

Sólo el plano en la cama de Álvaro y doña Lola (Adelfa Calvo), la portera de la casa, merece un Óscar por su canto melancólicamente feliz y una deliciosa belleza invisible cargada de poesía humana, demasiado humana, como diría Nietzsche.

Álvaro, que poco a poco es devorado por “el autor” (es la historia de un hombre que se come así mismo) lleva con resignación los cuernos que le pone su ex mujer Amanda (María León) que es una triunfadora (ha escrito un best seller) que vive con los pies en la tierra disfrutando a tope de la vida, es decir, la antítesis “del aprendiz de brujo” que quiere saltar a la cumbre de la literatura montando a lomos de Pegaso.

La cinta hay que verla con la mente abierta y saborearla, dejándose llevar. Hay que sorberla con mimo, como un viejo vino de aroma intenso que, al tiempo que te revela oscuros secretos de la vida, va empapando de Dioniso (la locura de la cepa) al dios que llevamos encarcelado en nuestro interior.

Hay pasajes de un altísimo valor estético y emocional que recuerdan los mejores tiempos de la edad de oro del cine italiano. Pero ante todo es una cinta valiente que se atreve a ir más lejos. A traspasar, a través de una lenta metamorfosis de Álvaro, todas las fronteras.

Después de ver la película me sentí orgulloso de ser español. Como dice la sabia Laura, hay muchas cosas maravillosas en nuestro país, (más allá de los mortuorios discursos oficiales) que nos elevan por encima de las miserias que los gobernantes se empeñan en adherir a nuestro ADN.

Bienvenido, pues, El Autor, obra genialmente musicalizada por José Luis Perales. Aunque se pueden encontrar puntos débiles, es una obra maestra. La cinta de Martín Cuenca es muy española, pero al mismo tiempo trata de temas universales que, como la música, habla todas las lenguas.

Con esta historia de “cine negro” Hitchcock y Fellini se dan un abrazo con la ayuda de Cercas, Martín Cuenca, Adelfa Calvo (Biutiful) y Javier Gutiérrez, que han dejado un magnífico trabajo que, tal vez, tenga algún día el alto reconocimiento que se merece.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para desear muchos éxitos en la vida a los que escogen caminos difíciles y, a riesgo de volverse locos, nunca dejan de perseguir sus sueños.

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog: Nilo Homérico, en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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