Médicos sin Fronteras

Brindar atención médica a los numerosos pacientes que sufren infecciones óseas a causa de los disparos recibidos por parte del ejército israelí durante las protestas en Gaza (Territorios Palestinos Ocupados) en 2018 no es tarea fácil y supone un enorme desafío.

© Jacob Burns/MSF

Estas infecciones se suman a un ya complicado proceso de recuperación de nuestros pacientes. Con lesiones graves y complejas, necesitan tratamientos de meses -si no años- de vendaje, cirugía y fisioterapia. Y por si esto fuera poco, muchas de las infecciones son resistentes a los antibióticos

Ahora la habitación está llena de color. Las paredes y una de las camas desocupadas están cubiertas con  dibujos de camaleones, tucanes y tortugas. Sin embargo, justo cuando Ayman despertó, la habitación estaba vacía y la enfermera que estaba frente a él llevaba guantes y un extraño vestido azul. «No sabía sobre la infección en el hueso hasta que vine aquí», dice Ayman. «Salí de la operación y me encontré en aislamiento».

Ayman es una de las más de 1.000 personas en Gaza que, según nuestras estimaciones, padecen infecciones óseas graves desarrolladas tras los disparos del ejército israelí. Las manifestaciones en las que recibieron disparos se han estado llevando a cabo desde hace más de un año, en una rutina semanal de derramamiento de sangre. Más de 7.400 palestinos han resultado heridos por munición real, y aproximadamente la mitad sufre fracturas abiertas, donde el hueso se rompe cerca de la herida.

«Cuando tienes una fractura abierta, necesitas muchas cosas para mejorar: diferentes tipos de cirugía, fisioterapia y evitar que la herida se infecte, lo cual es un alto riesgo con este tipo de lesiones», explica Aulio Castillo, responsable de nuestro equipo médico en Gaza. «Desgraciadamente, para muchos de nuestros pacientes que han recibido disparos, la gravedad y la complejidad de sus heridas -junto con la grave escasez de tratamientos para su atención en Gaza-, significa que ahora han desarrollado infecciones crónicas. Además, estamos encontrando en pruebas preliminares que muchas de estas personas están infectadas con bacterias resistentes a los antibióticos».

Por su propia naturaleza, las heridas de bala son propensas a la infección. Cuando un cuerpo sucio y extraño rompe la piel, es vital que la herida sea limpiada para disminuir el riesgo de infección. En este sentido, con lesiones como las de Gaza, donde las heridas son enormes, los huesos están astillados y el tratamiento difícil implica que muchas heridas permanecen abiertas tiempo después de la lesión, el riesgo de infección es drásticamente mayor. Para complicar aún más esta situación, se presentan tasas muy altas de infecciones resistentes a los antibióticos. Estas infecciones han desarrollado la capacidad de resistir muchos medicamentos comunes utilizados para este tratamiento. A menudo esto sucede porque los antibióticos se han usado en exceso, ya sea en la comunidad o en el ambiente, lo cual es un problema creciente en todo el mundo.

Solo, “como en una prisión”

La resistencia a los antibióticos hace que la ya difícil tarea de tratar a personas como Ayman lo sea aún mucho más. Para mejorar, él necesita antibióticos, pero dado que la opción común es inútil a la infección resistente, tiene que tomar un tipo más fuerte de medicamento que conlleva un mayor riesgo de tener efectos secundarios. Además, estos antibióticos «de alta resistencia» son mucho más caros.

Al mismo tiempo, para evitar la propagación de las bacterias resistentes dentro del hospital y para proteger a otros pacientes, Ayman tiene que estar aislado en una habitación individual durante el tratamiento. Todos los que entren deben usar ropa de protección y lavarse las manos. Su período de aislamiento dura seis semanas.

© Jacob Burns/MSF

Si bien los pacientes en aislamiento no están confinados, pueden salir de la habitación si usan vestimenta de protección, es natural que la experiencia sea extremadamente difícil. «Siento que estoy en prisión», dice Ayman. «No me gusta estar solo. Podría quedarme un año en una sala normal, pero aquí… Pienso en poder irme». Es por eso que contamos con trabajadores sociales y consejeros que trabajan con los pacientes en los hospitales para apoyarlos durante el tratamiento. «Después de que las personas oyen que deben estar aisladas, se conmocionan, a veces comienzan a llorar«, explica Amal Abed, una trabajadora social. «Les resulta muy difícil comprender, piensan que la infección en los huesos significará una amputación«. El equipo de apoyo psicosocial se toma el tiempo de sentarse con los pacientes, explicarles su condición y por qué es importante que sigan las precauciones.

También tratan de crear conexiones entre los diferentes pacientes en aislamiento, para mantener su estado de ánimo. «Tenemos que seguir las precauciones pero nos gusta sacarlos de la habitación para cantar, bailar, hacer una sesión educativa con ellos y otros pacientes», explica Amal. «Es más interesante cuando la educación no se hace sola: otras personas pueden unirse a sus comentarios, iniciar una conversación».

El tratamiento de estas infecciones sería difícil en cualquier parte del mundo, pero en Gaza lo es aún más. Con un sistema de salud que oscila por los efectos de más de una década de bloqueo israelí, la lucha política palestina y las restricciones egipcias sobre el movimiento, trabajamos para brindar atención que, de otro modo no, estaría disponible. «Hemos trabajado con el Ministerio de Salud para mejorar los servicios de un laboratorio para que pueda analizar muestras óseas, una parte crucial para diagnosticar correctamente estas infecciones óseas y saber qué antibióticos funcionarán«, agrega Aulio.

«El tratamiento de estas infecciones es una tarea enorme«, dice Aulio. “Hemos mejorado los servicios de este laboratorio, abrimos dos salas de hospital y estamos abriendo otra. Esto implica enormes exigencias en términos del personal especializado que necesitamos, los medicamentos que tenemos que suministrar y el espacio que necesitamos para tratar estas infecciones. Es difícil, pero estamos haciendo todo lo posible para ofrecer a estas personas la cirugía y el tratamiento que necesitan».

Ayman por ahora espera tomando sus antibióticos por vía intravenosa durante cuatro horas cada día. El equipo médico supervisa para asegurarse de que la infección está siendo combatida y que los medicamentos no tengan ningún efecto adverso. Habla con cariño de cómo él y sus amigos solían pasar tiempo juntos por la noche para bailar y escuchar música. «Quiero volver a mi trabajo de pastelero», dice. Para hacer eso necesita someterse a más cirugías, pero no puede hacerlo hasta que logre vencer la infección. Le espera un largo e incierto camino.

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