Así lo ha señalado durante su declaración como testigo en el juicio por la salida a Bolsa de Bankia en julio de 2011 que se celebra en la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares (Madrid), en la que ha respaldado la versión que dio el socio de Deloitte Francisco Celma, quien fue interrogado en dicho procedimiento el pasado mes.

Según ha indicado, el 11 de enero de 2012 se reunió con el interventor del grupo, quien le informó de que dos días después se reuniría con Deloitte. Aunque no recuerda ser notificado del contenido de dicha reunión, sí que Casaus y su entonces jefe, José Antonio Gracia, se citaron con el socio auditor de Deloitte Francisco Celma.

De este encuentro, el inspector recuerda tres elementos: la incertidumbre de Celma alrededor del real decreto ley Guindos, que a pesar de ser posterior al cierre «no podía pasar desapercibido» por su magnitud; que al auditor externo no le estaban facilitando los papeles de tasaciones, por lo que no podía pronunciarse sobre las cuentas de 2011, y que se habló de la participación de BFA en Bankia y de los activos fiscales.

Concretamente, respecto a los papeles que le faltaban a Deloitte, ha detallado que Celma no contaba con ningún papel de todo el área inmobiliaria, tanto de BFA como de Bankia, por lo que se planteaba poner una limitación al alcance, que es cuando el auditor dice que no puede pronunciarse porque no tiene información suficiente.

«Esto es un riesgo reputacional importante, porque lo normal es pensar que por algo no le habrán dado los papeles», ha reflexionado Casaus.

En cuanto a Bankia, el inspector recuerda que a Celma le parecía «excesivo» un beneficio de 400 millones de euros (las cuentas todavía no habían sido formuladas por el consejo de administración) y que entendía que los fuertes saneamientos «iban a seguir siendo la tónica en el medio plazo».

«Ya sabíamos que había un riesgo de que el auditor no diera el visto bueno a las cuentas o que lo diera pero con unas cifras distintas y peores de las que nos habían pasado. Además, eran cuentas que no habían sido formuladas por el consejo de administración y el auditor parecía que ponía pegas. Creímos prudente, y se mostró acertado con el paso del tiempo, poner un ‘disclaimer’ o nota de atención», ha relatado Casaus.

REUNIÓN CON RATO

Además de posteriores reuniones con periodicidad semanal, en marzo de 2012 Casaus y sus superiores José Antonio Gracia y Pedro González tuvieron dos encuentros con los entonces máximos responsables del banco: una reunión con el presidente Rodrigo Rato y otra con el consejero delegado Francisco Verdú.

En ambos encuentros, desde el Banco de España transmitieron a los directivos de BFA-Bankia su visión del grupo. «Dijimos claramente que el grupo BFA no era viable, que BFA era inviable y que Bankia tenía unos problemas gravísimos, que después de saneamientos era un grupo que perdía dinero», ha explicado Casaus, quien también reprochó la gobernanza de la entidad.

«Les dijimos todo lo que pensábamos del grupo, que no lo estaban gestionando como una entidad en crisis, el tema de la recurrencia y todo lo que había encima de la mesa», ha relatado.

Casaus ha apuntado que los directivos no parecieron «tensionados» con los planteamientos de los inspectores, y que el propio Rato dijo estar de acuerdo sobre la inviabilidad del grupo y planteó un plan de capitalización.

«Yo creo que vieron que aquello no daba más de sí. Es una sensación derivada de las reuniones, de que ya se habían dado cuenta de que no se podía defender la viabilidad de BFA y que tampoco les tensionaba demasiado, como si ya hubieran dicho ‘bueno, hasta aquí hemos llegado'», ha indicado.


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