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Por André Abeledo

No debería ser aceptable que se pueda banalizar, ni buscar ningún tipo de atenuante cuando hablamos del abuso sexual y de la prostitución, que no deja de ser un abuso aceptado socialmente.

Una mujer se puede vestir como le dé la gana, podría ir desnuda y eso no me daría derecho a tocarla.

No hay disculpa para el abuso. El instinto es un cuento, respeto es lo que hace falta.

Que nadie se esconda detrás del instinto irrefrenable de una supuesta bestialidad cavernícola, no hay disculpa, ni perdón.

Por otro lado utilizar la palabra “puta” para definir a una mujer basándose en su forma de vestir, no solo es machista, es gañan. Una muestra de hipócrita estupidez.

Las “putas” no dejan de ser víctimas del sistema, el verdadero insulto debería ser “putero”.

Una mujer que se ve obligada a vender su cuerpo para llegar a final de mes es una víctima, no es una elección mantener relaciones con cualquier asqueroso para sacarse unos euros.

Es también violencia de clase, no son las hijas de los millonarios las que se ven obligadas a ejercer la prostitución, son las hijas de los trabajadores.

Ejercer la prostitución nada tiene que ver la honestidad de la persona, una prostituta puede ser más honesta que un abogado, o que un político, la diferencia es que ella se ve obligada a vender su cuerpo como mercancía.

El “putero” en cambio es el que compra sexo, y paga por disfrutar del cuerpo de una mujer como si fuese un trozo de carne. Eso es patético, es denigrante y no merece respeto.

Una mujer que tiene que vender su cuerpo para llegar a final de mes, o para sacar adelante a sus hijos, o porque no encuentra un trabajo digno, es una víctima del sistema, no es una elección mantener relaciones con cualquiera para sacarse unos euros, es violencia patriarcal, y es violencia de clase.

Lo que las mujeres prostitutas y también los hombres tienen que soportar equivale a lo que en otros contextos correspondería a la definición aceptada de abuso sexual y violación reiterada. ¿El hecho de que se pague una cantidad de dinero puede transformar ese abuso en un “empleo”?.

Un “empleo” al que se le pretende dar el nombre de “trabajo sexual.

Basta ya de prostituir el lenguaje.

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