Batet ha compartido la presentación del proyecto en Madrid con el alcalde de la ciudad, Fèlix Larrosa, y con el director del Consorcio del Turó, Joan Baigol. La iniciativa pretende que España presente este conjunto monumental como candidato a ser incluido entre los lugares Patrimonio Mundial de la Unesco.

Los promotores del proyecto se reunirán el próximo jueves con el Ministerio de Cultura para revisar que los pasos que se van dando cumplen los requisitos exigidos. Baigol ha explicado que confían en que el Ministerio acepte presentar la candidatura en 2020 y esperad después el resultado.

Meritxell Batet ha destacado el carácter de lugar “de convivencia” que ha tenido el Turó a lo largo de su historia y cómo el proyecto de reconstrucción del conjunto y su puesta en valor ha partido de movimientos ciudadanos, a los que luego se han sumado las administraciones públicas.

“Su aceptación como patrimonio mundial de la Unesco será un enriquecimiento para la ciudad pero también significará una gran aportación al conjunto de la lista de Patrimonio Mundial”, ha añadido la ministra.

El alcalde de Lleida ha explicado que el Turó era un lugar desconocido para buena parte de los vecinos de la ciudad y que su recuperación ha sido un proyecto que ha permitido “repensar” la capital y transformarla. Su desarrollo ha servido para rehabilitar barrios y crear nuevos nichos de empleo, pero también para replantear la movilidad o la gestión de residuos. “Es un proyecto de ciudad”, ha resumido.

El proyecto de candidatura nació en 2001 cuando la Asociación de Amgigos de la Seu Vella pide oficialmente el reconocimiento del monumento, que es bimilenario. En 2009 se constituyó el Consorcio del Turó y en 2015, la Unesco aceptó la inscripción del proyecto, que empezó a partir de entonces a preparar oficialmente la candidatura.

El conjunto monumental se sitúa en la parte alta de la ciudad (turó significa en castellano colina). Incluye una de las últimas catedrales románicas de transición al gótico construidas en Europa, del siglo XII, con un claustro gótico raramente situado a los pies de la iglesia y un campanario de 60 metros que refuerza el carácter de faro y atalaya del conjunto. También se encuentra en el recinto el Castillo del Rey, palacio de los reyes de Aragón, del que se conserva la sala noble.

El lugar albergó una universidad y mantuvo su esplendor hasta el siglo XVII, cuando comienza su transformación en fortaleza. La catedral fue convertida en cuartel militar entre 1707 y 1948.

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