BMW, Microsoft, Mercedes, Coca-Cola y otras multinacionales patrocinan las presidencias rotatorias del Consejo de la Unión Europea y, lo peor de todo, es que es una práctica legal y frecuente.

Eurodiputados y ONG critican estos patrocinios por posibles conflictos de intereses en el epicentro de poder político europeo. Un ejemplo de estás prácticas y de este choque de intereses nos lo da el fabricante alemán BMW, quien cedió gratuitamente un centenar de vehículos al Gobierno finlandés durante el mandato del país nórdico al frente del Consejo de la UE.

Antes de Finlandia, fue la presidencia rumana del Consejo la que concedió el estatus de «socio platino» al fabricante automovilístico francés Renault, a la empresa rumana de telecomunicaciones DIGI y a la multinacional estadounidense de refrescos Coca-Cola.

«Coca-Cola apoya con orgullo la primera presidencia rumana del Consejo de la UE«, podía leerse en algunos carteles promocionales de la empresa con sede en Atlanta (EEUU), lo que motivó que la ONG Foodwatch pidiera al Consejo que pusiera fin a esos acuerdos al considerarlos «completamente inapropiados en un momento de grandes problemas de obesidad y de enfermedades adicionales como la diabetes tipo 2«.

La presidencia austríaca había suscrito ya pactos similares con empresas como Porsche, Audi o Microsoft durante el segundo semestre de 2018, mientras que en la primera mitad de ese año la presidencia búlgara firmó con BMW y Societé Générale.

En 2017, AirMalta, Microsoft y BMW patrocinaron a Malta y Microsoft, Mercedes y BMW hicieron lo propio con Estonia. Un año antes, la presidencia eslovaca estuvo esponsorizada por firmas como Peugeot, Orange y Microsoft.

«El patrocinio corporativo de la Presidencia del Consejo de la UE de un Estado miembro se ha convertido en un estándar, pero es bastante obvio que esto no debería suceder«, comentaba a la agencia Efe Vicky Cann, investigadora sobre lobbies de presión del Observatorio Corporativo de Europa, una plataforma que denuncia que «las decisiones y políticas de la Unión Europea frecuentemente reflejan los intereses de los grandes negocios«. La experta alerta del «riesgo» de que esos pactos «ayuden a engrasar las ruedas de la máquina de cabildeo de Bruselas«, dado que «no hay regulación, y mucho menos prohibición, de tales acuerdos«.

El pasado abril, 97 eurodiputados de los 751 de la Eurocámara escribieron al Gobierno de Finlandia, urgiéndole a «impulsar la transparencia en el proceso de toma de decisiones del Consejo para hacer frente a la representación de intereses no registrados y para poner fin al acceso privilegiado a quienes toman las decisiones«.

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