Durante años, los datos de 4.427 personas que murieron en el campo de concentración nazi de Mauthausen-Gusen entre 1940 y 1945 estuvieron arrinconados en unos viejos libros de la sede del Registro Civil Central, en la madrileña calle de la Montera. Hoy viernes, el Registro Civil Central ha publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) los nombres de estos españoles que murieron en los campos de concentración nazis con la complicidad del régimen de Franco.

Esta medida forma parte de las iniciativas de la Ley de Memoria Histórica para la reparación de las víctimas del nazismo, según informa el Ministerio de Justicia en un comunicado. Sin embargo, la lista no está completa: faltan los datos de varios centenares de víctimas del nazismo que no fueron proporcionados por Francia y, peor aún,los más de 100.000 desaparecidos que causó la represión franquista.

Hasta ahora, las historias de los españoles en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen solo se habían conocido de manera extraoficial, ya que los supervivientes de esos campos han contado su historia y la de sus compañeros. El campo de concentración de Mauthausen es uno de los más representativos para los españoles víctimas de nazismo, ya que la mayoría de presos terminaron allí. Cuando llegaban ni siquiera eran tratados como españoles porque Franco les había negado la nacionalidad, así que pasaban a ser apátridas.

La mayoría de las víctimas eran republicanos que habían cruzado la frontera francesa en los últimos meses de la Guerra Civil y que pasaron a formar parte del Ejército francés o se integraron en la Resistencia francesa. También había mujeres y niños procedentes de los campos de refugiados del sur de Francia. Cuando el país cayó bajo el dominio nazi y se instauró el régimen de Pétain, estos republicanos fueron trasladados a Austria. La iniciativa vino del Gobierno de Franco: el ministro de Gobernación y cuñado del dictador, Ramón Serrano-Suñer, acordó con la cúpula nazi que todos los prisioneros de guerra españoles fueran realojados en campos de trabajo. Actualmente, solo quedan seis con vida.

Centenares de personas no conocían el paradero de sus familiares y las gestiones para saber qué había sucedido con ellos eran muy complicadas sin la existencia de un registro oficial. Muchos no estaban registrados como fallecidos 50 años después de su muerte.

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