El presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, anunció este lunes nuevos recursos para los productores rurales y aplaudió la «limpieza» que su Gobierno realiza en los órganos de fiscalización medioambiental.

El mandatario, en el poder desde el pasado 1 de enero, participó en la apertura de la Agrishow 2019, una de las mayores ferias agrícolas del país, en la localidad de Ribeirao Preto, en el interior del estado de Sao Paulo.

En su discurso, informó que el Banco do Brasil, el mayor banco estatal del país, pondrá a disposición 1.000 millones de reales (unos 255 millones de dólares) para «invertir» en el sector agropecuario vía créditos para los productores agrícolas, y una suma similar más para engrosar el fondo del denominado «seguro rural».

El capitán en la reserva del Ejército también dijo sentir orgullo de estar en el Gobierno con un ministro de Medioambiente como Ricardo Salles, quien la semana pasada colocó al frente de Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) a cuatro policías militarizados.

«Una de las medidas tomadas y estudiadas junto con él (Salles) es hacer una limpieza en el Ibama (Instituto Brasileño del Medioambiente y de los Recursos Naturales Renovables) y en el ICBmio», explicó Bolsonaro, quien aseguró que «vibró» cuando supo del nombramiento de los cuatro policías en la cúpula de la segunda entidad.

«Tiene que haber fiscalización, pero el hombre del campo tiene que tener el placer de recibir al fiscal y en un primer momento ser orientado para que pueda cumplir con las leyes. Eso es lo que queremos», añadió.

El jefe de Estado, líder de una incipiente extrema derecha en Brasil, aseguró que alrededor del «40 % de las multas» que los órganos medioambientales imponían a los productores agrícolas tenían por objeto «retroalimentar una fiscalización chiíta» que «no ayudaba al medioambiente y mucho menos a aquellos que producen».

Asimismo, indicó que la próxima semana presentarán en el Congreso un proyecto para que el productor rural pueda usar armas «en todo el perímetro de su propiedad», .

«La propiedad privada es sagrada y punto final», exclamó Bolsonaro, quien pocos días después de su investidura firmó un decreto a través del cual facilitó la compra de armas a la población civil.

El mandatario, defensor de la última dictadura militar (1964-1985), señaló que el agronegocio es uno de los sectores que «está funcionando desde hace tiempo» en Brasil y, en esa línea, exaltó a uno de los gobiernos del régimen de la época, el del presidente Emílio Garrastazu Médici.

«Hablaron aquí que el gran impulso de la agricultura vino con el Gobierno de Médici. También en el Gobierno de Médici nació Embrapa (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria) y también pasamos de 12 para 200 millas náuticas de nuestro mar territorial, apenas una de las pocas acciones de los gobiernos de aquella época», manifestó.

Bolsonaro, un declarado anticomunista y admirador del presidente estadounidense, Donald Trump, dijo su viaje a China en agosto servirá para «deshacer la imagen creada por parte de la prensa» de que es «enemigo» de ese país asiático, el mayor comprador de productos brasileños en la actualidad.

«Soy enemigo sí, pero de los gobiernos que en el pasado hacían negocios poniendo por delante su perfil ideológico. Eso dejó de existir», señaló en referencia a los trece años de gestión del socialista Partido de los Trabajadores (PT).

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