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El ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación en funciones y próximo jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, considera que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, «naturalmente no debía de estar muy satisfecho» por el resultado de la Cumbre europea, porque el acuerdo de reparto de cargos por el que él había trabajado se rompió y no pudo «ver la realidad».

La propuesta de Sánchez pasaba por que el presidente de la Comisión Europea fuese el socialdemócrata holandés Frans Timmermans, pero finalmente el puesto ha sido para la ‘popular’ alemana Ursula von der Leyen, ya que los primeros ministros del PPE no aceptaron el principio de acuerdo que varios de los grandes países habían esbozado en los márgenes de la Cumbre del G20 en Osaka.

«Yo creo que el presidente del Gobierno, que actuaba no como presidente del Gobierno de España, sino como negociador de toda la familia socialdemócrata y había puesto todo su empeño, toda su energía, y lo había conseguido en su acuerdo con los principales líderes europeos, naturalmente no debía de estar muy satisfecho porque ese acuerdo se rompiera», ha dicho en una entrevista en la Cadena Ser, recogida por Europa Press.

El acuerdo final supone que Borrell será próximo alto representante de la UE para la Política Exterior y la Seguridad Común, un cargo que lleva aparejado la vicepresidencia de la Comisión Europea. «Gracias por la confianza, presidente, muchas gracias también al Consejo Europeo por proponerme», ha escrito este miércoles en su cuenta de Twitter.

No obstante, tanto en la red social como en la entrevista, el aún ministro ha insistido en que el Parlamento Europeo tiene la última palabra para confirmarle a él y a todos los miembros de la Comisión, a los que someterá a audiencias que «no son una formalidad». «Yo he visto rechazar a candidatos», ha señalado.

Borrell ha dicho sentirse «muy honrado» y ha asegurado que le satisface haber sido propuesto para el cargo, un puesto que ya desempeñó el también español Javier Solana, que «dejó un gran recuerdo». En todo caso, ha destacado que lo importante es «que la tarea se haga en beneficio del proyecto europeo».

De hecho, ha defendido que la apuesta inicial de Sánchez no incluía puestos de primera línea para ningún español, de manera que no podía decirse que estuviera «defendiendo intereses del pasaporte», sino de su familia política, «pero el PPE rompió el pacto al que habían llegado».

En todo caso, ha dicho no saber en qué momento de la negociación se puso sobre la mesa su nombre para ser alto representante, y ha recordado que él estuvo en Panamá acompañando al Rey a los actos de toma de posesión del nuevo presidente del país y en el V centenario de la capital, de manera que no habló mucho con Sánchez durante las «maratonianas» jornada de negociación. También ha señalado que, aparte de algún saludo, no conoce a la que será presidente de la Comisión.

Borrell ha dicho que «francamente» no entiende que el acuerdo pueda generar decepción por interpretarse como un acuerdo francoalemán –la francesa Christine Lagarde presidirá el BCE–: «Francamente no, pero qué más da, ya está tomada la decisión después de dos jornadas maratonianas, no podía durar eternamente y el PPE tenía los votos que tenía en el Consejo».

Borrell no ha querido buscar más interpretaciones en el hecho de que los ‘populares’ europeos no quisieran respaldar el acuerdo alcanzado en Osaka por la canciller alemana, Angela Merkel.

Eso sí, también ha dejado claro que, a su juicio, el intento de democratizar la vida política europea e implicar y motivar a los ciudadanos para participar en ella pasaba por el sistema de ‘spitzenkandidaten’, es decir, por que los ciudadanos puedan votar al candidato a liderar la Comisión.

«España lo ha apoyado con todas sus fuerzas y los socialdemócratas también pero otros no lo han apoyado y tenían más votos en el Consejo», ha asumido, añadiendo que, «la próxima vez, los ciudadanos tienen la opción de apoyar con más fuerza» a esos candidatos.

En vísperas de asumir su nuevo puesto –la nueva Comisión, si el Parlamento la acepta, entra en funciones en noviembre–, ha insistido en que sería bueno que la UE tomase las decisiones de política exterior por mayoría cualificada, porque «la unanimidad siempre es una fuente de bloqueo».

Con todo, ha reconocido que decidir «sobre la paz y la guerra» no es como la política comercial o los fondos estructurales. «No decidimos unos euros más o menos o una tarifa sobre el tomate», ha ilustrado.

«QUIZÁ NO HAGA FALTA VIAJAR TANTO»

Borrell no cree que en su futuro puesto tenga que pasar más horas en un avión de las que ha pasado como ministro de Exteriores –ha dicho que ha visitado 40 países en un año– y ha apuntado que, con las nuevas tecnologías, «quizá no haga falta viajar tanto».

El ministro en funciones ha dejado claro que no hablará como jefe de la diplomacia europea hasta que sea confirmado y no ha querido apuntar cuál será su principal reto. Preguntado por Irán, ha confiado en que «se impondrá la cordura» y «las cosas no irán a peor». Según ha dicho, los europeos hacen todo lo posible para que no se rompa el acuerdo y, de hecho, ha destacado que Irán no lo ha roto, porque el enriquecimiento de uranio por encima de los límites ha sido «por cuestiones técnicas», no de voluntad.

También ha aclarado que él nunca ha llamado «cowboy» al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sino que dijo que Estados Unidos «a veces aplica la diplomacia del cowboy», una «metáfora» que alude las películas del oeste en la que los vaqueros entraban en el saloon «a punto de desenfundar».

En cuanto a Reino Unido, ha señalado que dependerá de quien sea el primer ministro el que el país acabe 2019 fuera de la UE. Si es Boris Johnson, ha dicho, muy probablemente así será, porque de aquí al 31 de octubre es difícil que «nadie pueda sacar de la chistera un acuerdo distinto» al que ya se firmó.

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