Una expedición abanderada por la Fundación Nacional del Indio (Funai) entró en contacto con un grupo de 34 indígenas que vivían aislados y redujo la tensión vivida en los últimos años entre dos etnias que comparten territorio en la Amazonía brasileña.

La expedición, la mayor realizada por la estatal Funai en las últimas dos décadas, tenía como objetivo apaciguar la relación entre indígenas de las etnias Korubo do Coari, en situación de aislamiento voluntario, y los Matis, que mantienen contacto con otros grupos desde la década de los 70.

Ambas etnias viven en la Tierra Indígena Vale do Javari, un área rica en recursos naturales situada en el extremo oeste del estado de Amazonas, fronteriza con Perú, y llegaron incluso a enfrentarse años atrás, dejando muertos.

La situación se agravó en 2015, cuando un grupo de 21 indígenas Korubo rompió su aislamiento de manera forzada después de ser abordado por los Matis mientras atravesaban el río Branco del Vale do Javari, la región con mayor concentración de pueblos indígenas no contactados registrados hasta el momento, con un total de 10 confirmados.

Los Korubo que rompieron el aislamiento pasaron a vivir con otro grupo de indígenas de la misma etnia, pero, después de cuatro años sin ver a sus familiares expresaron su deseo de «retomar los lazos», lo que fue posible gracias a la expedición «minuciosamente planificada».

«El reencuentro fue pacífico, los objetivos fueron cumplidos e informamos a los indígenas aislados sobre a posibilidad de un conflicto con el grupo Matis», explicó a Efe Bruno Pereira, coordinador de la expedición liderada por la Funai, organismo responsable por la política indígena en Brasil.

Según relata Pereira, el reencuentro fue «extremadamente emocionante, hubo mucho llanto, abrazos, mucho contacto» ya que los indios aislados pensaban que sus seres queridos habían muerto cuando desaparecieron en 2015.

El primer contacto fue establecido la mañana del 19 de marzo, cuando el equipo localizó dos indígenas aislados que estaban cazando en medio de la selva, quienes, por coincidencia, eran hermanos de sangre de un indio Korubo que integraba la expedición de la Funai.

En los días posteriores, se aproximaron otros 32 Korubo aislados, catorce de los cuales tenían edades comprendidas entre los 20 y 48 años.

Todos los indígenas fueron sometidos a análisis clínicos y se encontraban en buen estado de salud, excepto un hombre adulto diagnosticado con malaria que aceptó un tratamiento durante siete días.

Tras el emotivo encuentro, también se iniciaron diálogos para disminuir la tensión e intentar evitar conflictos de tierra en las áreas próximas al río Coari con los Matís, que son «irreductibles» sobre su deseo de vivir en esa región, de acuerdo con el especialista, que pasó 27 días en la selva amazónica.

La Funai aplica la máxima de «no contacto» con los indígenas aislados, pero, según Pereira, en situaciones extremas, como la que supuso la tensión vivida en el Vale do Javari, un de las mayores áreas indígenas delimitadas en el país, resulta necesaria una aproximación.

Por eso decidieron emprender la llamada Expedición de Protección y Monitoramiento de Indígenas Aislados Korubo del Río Coari, integrada por 30 personas, entre médicos, funcionarios de la Funai e indios de la región.

Todos ellos pasaron por un periodo de cuarentena durante 9 días antes de iniciar la misión con el objetivo de evitar la transmisión de enfermedades para alguno de los indígenas no contactados.

El equipo que comenzó la expedición será substituido el próximo 7 de abril por otro grupo de 21 personas, ya que, según resaltó la Funai en un comunicado, «la acción indigenista debe ser perenne».