Al igual que ha sucedido en otros países europeos como Hungría, Italia, Francia o España, el gobierno de Bulgaria también quiere sumarse a la ola de extrema derecha que recorre Europa. Están diseñando lo que llaman la Estrategia de Integración Social, un plan que busca limitar los embarazos de las mujeres gitanas y rumanas, y cambiar la denominación del colectivo por una denominación xenófoba.

De aprobarse esta ley, los romaníes pasarían a ser «europeos no nativos» en lugar de gitanos a secas. La extrema derecha ha ido ganando terreno en Bulgaria desde 2017, cuando la alianza Patriotas Unidos fue tercera fuerza más votada en Bulgaria, lo que hace que hoy esté presente en el gobierno gracias a un pacto con los conservadores.

La iniciativa, que pretende convertirse en ley una vez sea aprobada por el Parlamento búlgaro busca limitar el número de nacimientos en las familias gitanas, crear escuelas laborales exclusivas para ellos y programas de trabajo forzado para algunos sectores dentro de la comunidad. Para reducir el número de nacimientos ofrecerá abortos gratuitos a las mujeres gitanas y reducirá las ayudas sociales a todas aquellas madres que ya hayan tenido al menos dos niños.

Estas medidas han sido denunciadas por el Centro Europeo de los Derechos para los Gitanos que, en una misiva al primer ministro búlgaro, las ha calificado de «fascistas» y más propias de regímenes autoritarios. Actualmente el 5% de la población que reside en Bulgaria es de etnia gitana, por lo que podemos hacernos una idea de lo brutal que será esta ley.

Para más inri, en mitad de este caldo de cultivo, la selección búlgara acaba de ser sancionada por la UEFA porque un grupo de neonazis abucheó a los jugadores negros del equipo inglés.