Xoan Bascuas

Si, ya sé. No entiendes de qué va este titular. Es lo que sucede al tener lectores que nacieron después de los ochenta. La mayoría de los que no alcanzáis los treinta y cinco años es probable que no entendáis la relación que ese señor del que usted me habla tiene con la película protagonizada por Madonna en 1985. A lo mejor, ni conocíais la peli. Pero, y lo que es más importante para la cuestión que hoy quiero tratar, mucho Millennial no sabrá ni quién es el personaje con unos apellidos tan literarios del que pretendo hablaros y utilizar como macguffin de este humilde artículo. Quizás Pablo Casado pueda que sepa quién es o por lo menos que algún compañero de filas se lo chive.

El caso es que me voy a remontar a la prehistoria del Partido Popular. Porque el PP no fue siempre PP, sino que al principio de los tiempos fue una AP, una Alianza Popular bajo la que se sumaban varios partidos de la derecha más recalcitrante, con sus respectivos recalcitrantes líderes. La imposibilidad de superar al PSOE de Felipe González, incluso siendo el tercer partido en un bipartidismo imperfecto en aquel momento, les invitó a pactar con la poca derecha algo moderna que podía existir lánguidamente en el Reino. Así, en torno a aquel vetusto partido de Manuel Fraga, se sumaron el Partido Demócrata Popular y la Unión Liberal en forma de Coalición Popular. Solo la desaparición de la UCD, del hoy santificado Adolfo Suárez, elevó los resultados y las expectativas del partido de Don Manuel. Pero aquella ilusión se truncó con el referéndum de la OTAN, en el que la vieja AP defendía la abstención, y en las inmediatas elecciones autonómicas del País Vasco, en 1986, en las que su españolísima defensa de la españolidad les dio dos diputados autonómicos.

Fraga dimitió y apareció Don Antonio Hernández Mancha. Y de esta precuela del PP hubo gente que aprendió y otra que no. Y entre los primeros puede ser que esté Alberto Núñez Feijóo. Y es que son demasiadas las similitudes con aquella etapa. Pretendo enumerar algunas a continuación.

Lección 1ª. Hernández Mancha fue nombrado presidente de la Alianza Popular en el VIII Congreso de AP, en 1987. Por aquel entonces, era el presidente de AP en Andalucía y tuvo el valor de enfrentarse al hombre fuerte del partido, Herrero de Miñón. De hecho, hasta hoy, este fue el único Congreso en el que el PP (o su antecesor) tuvo más de un candidato. Y lo perdió estrepitosamente aquel a quien todo el mundo daba por favorito: Hernández Mancha ganó con 1930 votos a los 729 votos de Herrero de Miñón. Aunque el sistema era por compromisarios, ya daba a ver que en el PP un modelo competido, con más de un único candidato puede dar sorpresas, sobre todo para el candidato favorito. En su traducción actual, para un partido tan presidencialista como el PP, cuando hay más de una candidatura, la única que puede ser perjudicada es el del liderazgo fuerte.

Lección 2ª. En VIII Congreso fue un Congreso extraordinario. Y Fraga, al igual que ahora Rajoy, no quiso señalar a su heredero. De hecho, el proceso congresual se caracterizó por la ausencia del león de Vilalba. Por el contrario, el dedazo a Aznar, fue una nominación afortunada y que llevó al partido a sus más altas cotas de poder. Vaya por delante que no pretendo con esto desacreditar la bienvenida al sistema de primarias a un partido encorsetado por la mitra papal de la designación unipersonal. Pero en el partido más vertical del Reino el silencio perjudica a la candidatura más solvente.

Lección 3ª. Hernández Mancha no era diputado en el Congreso de los Diputados. Por lo tanto, no podía escenificar un duelo directo con Felipe González. Ciertamente era senador por designación autonómica, pero eso no era suficiente para visibilizarse como el líder de la oposición. Y eso le llevó al ridículo máximo de presentar una moción de censura a un presidente que gobernaba con la mayoría absoluta. Simplemente para que se le viese. Por lo tanto, para ser el jefe de la oposición parlamentaria hay que estar donde trabaja la oposición parlamentaria.

Lección 4ª. Cuando dimitió Hernández  Mancha tuvo que retornar Fraga transitoriamente a la presidencia del partido. Y entonces lo preparó de una manera distinta, controlando el proceso desde el primer momento y con una plena refundación, dando lugar al PP de Aznar. Aquella dirección contaba con la figura de Álvarez Cascos en la secretaría general. Y muchos de las personas que detentaron baronías con Aznar ya estaban en aquel proceso transicional. Por lo tanto, en este momento de cambio, lo importante no es tanto tener el título de jefe, sino la capacidad de condicionar el camino futuro del partido. Y en este apartado, Feijóo tendrá mucho que decir.

Lección 5ª. Hernández Mancha fue presidente de AP durante dos años. Y dos años son los que faltan para el 2020. Quizás convenga recordar que en ese año, si se agotan ambas legislaturas, coincidirán elecciones a Cortes con las del Parlamento gallego. Quizás sea entonces el momento, para que Alberto se vaya a Madrid. Quizás. Quizás. Quizás.

Que se especule con dossiers que nadie sabe si existen o no, o la posible y eterna vinculación que se le presume al PP con el narcotráfico gallego, no me parecen argumentos sólidos. No porque sean más o menos firmes, sino porque esas variables ya existían.

Lo que si lamento es ver a una oposición en Galicia que critica que Feijóo no se haya pirado a Madrid. Porque lo que yo deseo es que en el 2020 tengamos opción de derrotar a Feijóo. En Galicia. Que es a quién él dice deberse.

Deja un comentario