“Yemen es un infierno en vida para el 50 o 60% de los niños que lo habitan”, declaró Gert Cappelaere, el director regional de UNICEF para el Medio Oriente y África.

“Anualmente 1,8 millones de niños sufren desnutrición aguda y cada día unos 400.000 se enfrentan a la desnutrición aguda grave. El 40% de ellos vive en Hodeida y en las demás provincias donde se libra la guerra”, aseguró el director regional, agregando que más de un millón de mujeres embarazadas o en período de lactancia padecen anemia.

El ministro de Salud del Gobierno de Salvación Nacional de Yemen, Taha al-Mutawakel, confirmó estas cifras al asegurar que 100 000 niños yemeníes mueren cada año por los ataques saudíes, las enfermedades y las epidemias, así como por la desnutrición y la falta de medicamentos, resultantes del asedio impuesto en noviembre de 2016, casi un año tras el inicio de la agresión.

En declaraciones ofrecidas en un acto oficial el sábado en el hospital de Al-Sabeen en Saná, capital yemení, , indicó también que seis bebés recién nacidos mueren cada dos horas como consecuencia del deterioro de la situación de salud en el país devastado por más de cuatro años de guerra.

“No pedimos juguetes o consolas de videojuegos, pedimos incubadoras y otros dispositivos relacionados para dar a los niños el derecho a vivir”, dijo el ministro yemení.

Igualmente, reprochó a las entidades internacionales por derrochar los fondos asignados a Yemen en vehículos y servicios, en lugar de aliviar el sufrimiento de los yemeníes, apuntando, además, a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por no abrir un corredor aéreo de ayuda médica para servir a los yemeníes asediados desde mar, tierra y aire por Arabia Saudí y sus aliados.

Los Al Saud justifican el bloqueo, diciendo que es para presionar al movimiento popular de Ansarolá, sin embargo, organizaciones humanitarias han indicado que la población civil, los niños entre otros, ha sido la más afectada por esta acción y los bombardeos saudíes.