Save the Children señala que cada día dos escuelas son dañadas o abandonadas por culpa de los bombardeos en Idlib, al noroeste de Siria. La organización denuncia que, desde el pasado mes de diciembre, la guerra ha provocado la destrucción o el abandono de al menos 217 escuelas, un ataque intensivo contra la educación y el futuro del millón y medio de niños y niñas que viven en la región. 

Dara, con solo ocho años, vio morir a tres de sus compañeros durante un ataque aéreo contra su escuela. “La gente gritaba y lloraba porque había niños muertos. Comencé a llorar, llamando a mis hermanos, pero nadie respondía. De repente, de la nada, mi hermana apareció descalza y vino conmigo. Al principio no sentí la metralla, pero luego tenía dolor y me desmayé”, explica.

En total, desde que se empezó a intensificar el conflicto en Idlib en abril de 2019, 570 escuelas de las 1.062 que hay en toda la región, han sido dañadas, destruidas o están situadas en áreas demasiado peligrosas para que los niños y niñas puedan acceder; otras 74 escuelas se están usando como refugios para familias que escapan del conflicto. Como resultado, cada aula funcional necesitaría en estos momentos acomodar alrededor de 240 alumnos por clase para que todos los niños y niñas de Idlib fueran a la escuela. 

Ante este grave problema, Save the Children y su socio local Shafak han convertido cuatro autobuses en aulas móviles para garantizar el derecho a la educación de la infancia siria. Pintados de colores vivos, estos autobuses están llegando cada día a muchos de los 575.000 niños y niñas desplazados por esta crisis.

Las aulas móviles de Save the Children enseñan materias básicas como lengua y matemáticas, además de proporcionar apoyo emocional y psicosocial a través del juego para ayudar a los niños y niñas a recuperarse de las experiencias traumáticas por las que han pasado. La organización también está distribuyendo, junto a sus socios locales, material escolar como libros de texto y mochilas.

«En el autobús nos están enseñando a leer y escribir”, explica Wafaa, de 12 años. Un ataque aéreo destruyó su casa cuando ella y su familia estaban dentro, y tuvieron que ser rescatados de los escombros. La escuela de Wafaa también fue atacada y dos de sus compañeros fueron asesinados. Hace un mes Wafaa huyó de Idlib con su familia y ahora todos viven en un campamento de desplazados. 

“Una escuela proporciona más que educación: ofrece estabilidad y rutina, que es crucial para la salud mental y la recuperación de los niños y niñas después de experimentar tanto horror y pérdida”, señala Sonia Khush, directora de Save the Children en Siria. “Son nueve años de guerra, de violencia brutal y promesas incumplidas. Hacemos un llamamiento a todas las partes en conflicto para que la infancia, las escuelas y los hospitales dejen de ser un objetivo y respeten las leyes internacionales humanitarias y de derechos humanos”, añade.

Los enfrentamientos en Idlib, con tres millones de habitantes, han obligado a huir en los últimos meses a casi un millón de personas, entre ellas 15.000 profesores. Save the Children advierte de que más de la mitad de todos los desplazados son niños y niñas, viéndose empujados a malvivir en campamentos superpoblados y en condiciones de vida inhumanas.