Javier F. Ferrero

El matrimonio infantil priva a las niñas de albedrío y autonomía en su hogar y en las decisiones sexuales y reproductivas, reduce sus posibilidades de recibir educación, socava su futuro y les impide desarrollar todo su potencial.

Las niñas casadas tienen menos probabilidades que las mujeres adultas de recibir atención médica adecuada durante el embarazo, y esta falta de atención, junto con el hecho de que muchas de ellas aún no están físicamente preparadas para dar a luz, presenta riesgos tanto para las madres como para los bebés.

La falta de autonomía de las niñas casadas en lo relativo a las decisiones reproductivas, combinada con las restricciones de movilidad que muchas de ellas padecen, limita su capacidad de tomar libremente decisiones reproductivas y de visitar a los prestadores de servicios de salud para actuar en consecuencia.

Si nos atenemos a las cifras, cada dos segundos una niña contrae matrimonio forzado en el mundo y el 14% de las niñas en países en vías de desarrollo se casarán antes de cumplir los 15 años, según un informe de la ONG Plan Internacional.

El informe Estado de la Población Mundial 2019 del Fondo de Población de las Naciones Unidas, titulado ‘El mundo debe redoblar sus esfuerzos para garantizar los derechos sexuales y reproductivos para todos’, indica que cerca de 800 millones de mujeres que viven en la actualidad se casaron cuando eran niñas, lo que nos hace ver la magnitud del problema a escala mundial.

El 14% de las niñas en países en vías de desarrollo se casarán antes de cumplir los 15 años.

Debido a que la reproducción se ve como una parte fundamental de los ideales sociales de la masculinidad y la feminidad, es posible que tanto los hombres como las mujeres se enfrenten a una considerable presión para demostrar pronto su fecundidad tras contraer matrimonio, según se indica en el documento.

En el texto se observa un patrón similar en sociedades con una marcada preferencia por los hijos varones, donde las mujeres se enfrentan a una presión extrema para tener hijos varones, y si dan a luz a una niña es posible que se las estigmatice, se las abandone o sean víctimas de violencia. En estas circunstancias, denuncian, el poder, la voz o la libertad de decidir de las mujeres son escasos y, por tanto, disponen de poca autonomía.

Si la tendencia actual continúa, este problema afectará a más de 140 millones de niñas en 2020, que serán obligadas a contraer matrimonio forzado a edades tempranas a menos que se impida.

Es necesario llevar a cabo proyectos para que todas las niñas tengan acceso a una educación de calidad y retrasar el matrimonio o el parto para romper el círculo de la pobreza y que puedan tener un futuro mejor.

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