El príncipe, publicado póstumamente en 1531, es un tratado de doctrina política escrito por Nicolás Maquiavelo. El texto está dirigido a Lorenzo de Médici, conocido como ‘el Magnífico’, a quien Maquiavelo explica cómo actuar y qué hacer para unificar a Italia y sacarla de la crisis en que se encuentra.


LO BÁSICO

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Maquiavelo considera en el VI capítulo de El príncipe, titulado «Porqué el reino de Darío, conquistado por Alejandro, no se levantó contra los sucesores de este después de su muerte», que existen dos formas únicas de gobernar un principado según las circunstancias políticas.

«Todos los principados de que se conserva alguna noticia por la historia, han sido gobernados de dos diferentes modos: o por un príncipe absoluto, ante el cual fueron esclavos todos los demás hombres, y a quienes se concediera, como ministros y por una gracia especial, la facultad de que le ayudasen a gobernar su reino; o por un príncipe y por los grandes de aquel mismo estado, no gobernando estos últimos por favor particular del primero, si no solamente en virtud de un favor inherente a la antigüedad de su familia, y teniendo también señoríos y vasallos particulares que les reconocieran por sus dueños, y les consagraran una devoción personal».

La primera de ellas es detentando el poder absoluto, como ejemplo de ello pone a la Francia del siglo XVI. Francia en ese siglo era un reino gobernado por un rey y un conjunto de aristócratas de linaje que actuaban como ministros. Este tipo de reinos, según el autor, es más fáciles de conquistar, puesto que es más fácil exacerbar el conflicto entre el rey y los miembros del Gobierno, incitando a una rebelión que puede terminar con el derrocamiento del rey.

«…en ellos se puede entrar fácilmente, una vez ganados algunos grandes, encontrándose siempre descontentos y personas que deseen una mudanza. Estos, pues, abrirán las puertas y facilitarán la conquista del estado».

Sin embargo, dado que los miembros de la nobleza a veces pueden reclamar el poder bajo la excusa de su linaje, estos tipos de ducados son más difíciles de mantener.

«…queriendo luego conservarlo, se experimentarán infinitas dificultades, tanto de parte de los conquistados, como de los que prestaron auxilio. No basta aquí extinguir la familia del príncipe, porque quedan después los grandes del estado, que se hacen cabeza de partidos nuevos; y como ni es posible contentarles ni destruirles, fácilmente se pierde la conquista a la primera o mas mínima ocasión».

La otra opción es administrándolo conjuntamente con un grupo de barones de nobleza propia. Se menciona como ejemplo al Imperio persa de Darío III, conquistado por Alejandro Magno.

«…causa generalmente admiración ver que el imperio del Asia, del que se hizo dueño en pocos años Alejandro el Grande, habiendo muerto este tan pronto que apenas tuvo tiempo para tomar posesión de él, no padeció una revolución completa. Se mantuvieron, no obstante, sus sucesores en aquel estado, sin experimentar más dificultad para conservarlo, que la que entre ellos mismos produjo su propia y particular ambición».

Según el autor, principados como este se encuentran gobernados por un rey que centraliza el poder en su persona y esto hace que se necesite un enfrentamiento directo contra el rey y su linaje, para que una vez exterminados sea posible hacerse con sus posesiones. Estos principados son más difíciles de conquistar pero mucho más fáciles de conservar.

«No se espere una posesión tan quieta de estados gobernados como la Francia. Los frecuentes levantamientos de la España, de las Galias y de la Grecia contra los Romanos provienen todos del gran número de reyezuelos que había en estos países. Mientras subsistieron semejantes señores, fue para los Romanos instable y peligrosa la posesión de este territorio; pero, una vez destruidos, y borrada hasta la memoria de su poder, fijaron los Romanos su dominio valiéndose de sus propias fuerzas, a medida que los naturales fueron acostumbrándose a su imperio».

Maquiavelo aconseja, siempre que sea posible, la primera de las opciones: detentar el poder absoluto, pues con la segunda, el príncipe ostentará una menor autoridad y deberá sofocar frecuentemente rebeliones internas.


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El príncipe. Análisis por capítulos

Capítulo I: las repúblicas y los principados 

Capítulo II: principados hereditarios

Capítulo III: principados mixtos

Capítulo IV: dos formas de gobernar un principado