David Martínez

Portavoz de PACMA Catalunya

A pesar de la pandemia, y como demostración de fuerza, durante los últimos tiempos han saltado a la palestra algunas noticias relacionadas con el mundo animal.


Por ejemplo, la decisión del Zoo de Barcelona de enviar 3 delfines a otra entidad griega. Una decisión, que si bien hace cumplir la promesa inicial de una “Barcelona libre de cetáceos en cautividad”, no es más que una patada adelante, un sálvese quien pueda, quitarse el marrón de encima intentando quedar bien. Enviarlos a otro espacio de la mismas características, es una clara operación de maquillaje. Y una crueldad intolerable.


Todo arranca de una obviedad. Las instalaciones para cetáceos en el zoo de BCN, mínimas y caducas, ni siquiera cumplen los estándares que las propias patronales del mundo del zoo establecen. O hay que hacer obras millonarias o sacar los animales de allí.


Y aquí es donde algunos, aprovechan para anunciar a bombo y platillo que Barcelona será la primera ciudad libre de cetáceos.

Buenas intenciones, grandilocuentes titulares, pero ¿cual ha sido el resultado?


En 2016, Leia y Kuni son trasladados al Oceanogràfic de Valencia.
Anak, la matriarca del grupo, falleció a causa de un virus el año pasado. Ya solo nos quedan Nuik, Tumay y Blau.


Finalmente y por sorpresa, los tres delfines, hasta hace dos días confinados en las piscinas del Zoo de Barcelona, han sido cedidos al Attica Zoological Park de Atenas (Grecia), un centro que desarrolló su cruel actividad durante años sin licencia y que sigue realizando espectáculos con delfines, pese a vulnerar la ley de protección animal del país heleno. Así pues, Nuik, Tumay y Blau seguirán siendo víctimas de la esclavitud y privados de su libertad, obligados a realizar comportamientos antinaturales para entretener a personas sin empatía y enriquecer a sus explotadores.


Y todo ello, a escondidas de las entidades de protección animal que colaboran con el ayuntamiento de Ada Colau. Han aportando soluciones, ideas, opiniones expertas.. pero la política se impuso: pelotas
fuera.


Con más paciencia, decisión y voluntad, podríamos haber llegado al destino soñado: un santuario marino. Sin duda, con valentía y apoyo reales, alguno de los proyectos planteados hubiera cristalizado.


Entonces si, Barcelona sería una ciudad pionera, impulsando soluciones éticas y la creación de santuarios marinos.
Pero tal y como se ha hecho, no lo es. Lo lamentamos todos, pero sobre todo Nuik, Tumay y Blau.

Tu puedes colaborar, no visites oceanográficos ni zoológicos. Practica un turismo y ocio responsables.

Estado del traslado (cedida)