Perfil por P. Plaza

El pasado domingo, Carme Chacón aparecía muerta en su domicilio ante los ojos de varios de sus amigos. A sus 46 años y aquejada de una cardiopatía congénita, ha dejado a su paso una vida política y pública muy influyente en nuestra historia contemporánea.

Aunque parece tratarse de un telefilm moderno, una abogada catalana y un bombero andaluz contrajeron matrimonio y en 1971 tuvieron a la primera de sus dos hijas, Carme. Es más que resaltable la influencia que en ella tuvo su abuelo materno, anarquista aragonés, que, afiliado a la CNT desde bien temprano, luchó en la Guerra Civil y fue fusilado en la provincia de León (1936). Si bien se convirtió en todo un icono para su nieta y, de forma indirecta, inculcó en ella el gusanillo por la política, ésta no asumió el ideario político de su antepasado, que abogaba por una «sociedad sin clases y sin Estado», según cuentan diversos documentos de la CNT.

Con tan solo 16 años, decidió introducirse en las Juventudes Socialistas de Cataluña y acabó licenciándose en Derecho en la Universidad de Barcelona. En 1994, dio el salto al mundo de la política con su entrada en el Partido Socialista de Catalunya (PSC) y, ese mismo año, inició sus estudios de doctorado en la Autónoma de Barcelona, aunque nunca llegó a leer su Tesis Doctoral. Además, cursó estudios de posgrado en otras universidades de prestigio como las de York, Kingston o Montreal.

Durante los noventa, destacó su papel de observadora de la OSCE en conflictos internacionales, como el de Bosnia Herzegovina (1996) y Albania (1997). Su primer cargo como política llegó en 1999, cuando fue elegida concejala en el ayuntamiento de su ciudad natal, donde también ejerció la tenencia de alcalde hasta 2003.

El ascenso dentro del PSOE

Desde entonces, su carrera política ha ido increscendo y el 2000 fue su verdadero trampolín. Empezó a formar parte de la Ejecutiva del PSC y, durante el 35º Congreso Federal del PSOE que se celebró el mismo año, apoyó a José Luís Rodríguez Zapatero en su candidatura. De esta forma, Carme se insertó en la llamada Nueva Vía, corriente del partido que abogaba por una renovación. Este hecho acabó situándola en un lugar muy importante y cercano entorno al que acabaría siendo presidente del Gobierno de España. Ese año también se estrenó como diputada en Cortes por la provincia de Barcelona tras las elecciones generales, y formó parte de la Comisión Permanente y de las Comisiones de Educación e Infraestructuras durante esa legislatura.

Chacón se convirtió en una de las políticas más influyentes.

En 2004 fue reelegida como diputada y ejerció de vicepresidenta primera del Congreso bajo la presidencia del también socialista Manuel Marín. Sin que sirva de precedente este chismorreo, pero aunque éste siempre ha dedicado halagos a la catalana, algunos de los que compartieron Mesa del Congreso con ambos inciden en su mala relación. “Marín y Carme no se soportaban”, ha llegado a declarar la popular Celia Villalobos, que también acusa a la socialista de “dogmática y rígida”.

Vivienda: una de cal y otra de arena

En 2007, a falta de tan solo medio año para el fin de la legislatura, las desavenencias entre la ministra de Vivienda, Maria Antonia Trujillo –que anunciaba la llegada del estallido de la burbuja inmobiliaria– y el vicepresidente del Gobierno socialista, Pedro Solbes –que hacía oídos sordos ante sus avisos–, acabaron por dinamitar la relación. En esta situación, fue Carme la llamada a ocupar el puesto vacante.

Durante este corto período al frente del Ministerio, Carme dio una de cal y otra de arena. Por una parte, puso en marcha ayudas económicas para el pago de las fianzas de las viviendas y para jóvenes en régimen –entonces, todavía minoritario– de alquiler: la llamada Renta Básica de Emancipación (RBE). Por otra, abogó por la creación de juzgados especializados en agilizar los desahucios por impago de alquiler. Éstos abrieron el primero de enero de 2008.

Defensa: pacifista, pero militarista

En la siguiente legislatura, Carme Chacón fue nombrada ministra de Defensa por José Luís Rodríguez Zapatero. A modo de curiosidad, el hito fue doble: era la primera mujer que ostentaba este cargo y la primera mujer que dirigía un ministerio encinta. Ella se justificaba al ocupar este cargo: “Soy pacifista, pero lo que no soy es antimilitarista” .

Carme Chacón en una de las bases militares españolas situadas en Afganistán.

Una de sus decisiones más relevantes fue la retirada, en 2009, de las tropas españolas de Kosovo, por la necesidad que había establecido la ONU de respetar la integridad serbia. Esta maniobra fue duramente criticada por Estados Unidos, por lo que ambos países mantuvieron algunos cruces de palabras al respecto. No obstante, su obstinación en el mantenimiento de las fuerzas militares españolas en Afganistán, en connivencia y colaboración con la OTAN, dejaron en evidencia su contradicción en cuanto al respeto a la integridad de los Estados. Sus críticas a Gaddafi y su apoyo a la intervención de la OTAN en suelo libio confirmaron la paradoja.

Siendo ella ministra de Defensa, se decretó el único estado de alarma de la joven democracia española, a raíz de la crisis de los controladores aéreos en 2010. Se prorrogó poco más de un mes. Éste fue uno de los acontecimientos más reseñables de su dirección en Defensa, cargo que dejó en 2011 por la convocatoria de elecciones anticipadas.

La lucha por la Secretaría General y la defensa de la austeridad

Quizá la etapa que tuvo que vivir Chacón en el Gobierno de España no fue la más fácil, pues tuvo que lidiar con muchos actores. De ahí, la controversia de algunas de las actuaciones y posturas que adoptó la catalana respecto a las decisiones de cariz económico y social que adoptaba su partido. A nivel estatal, de hecho, apoyó las medidas de austeridad que el Gobierno del PSOE estaba llevando a cabo a raíz de la crisis económica.

Tras la retirada de José Luís Rodríguez Zapatero de la Secretaria General del PSOE, fruto de la derrota electoral, Carme dio un paso al frente en la carrera por el puesto frente a Alfredo Pérez Rubalcaba. Durante el período de primarias, abogó por una política económica y fiscal de izquierdas, renegando así de los apoyos que había brindado a las políticas austericidas de Zapatero. La exministra, que había sido una de las mejor valoradas dentro del gobierno, perdió las primarias por tan solo 22 votos.

No obstante, antes de ello, en 2011, dio sus apoyos a la reforma constitucional veraniega express pactada por PP y PSOE, que imponía un límite al gasto social. Cabe destacar, en este sentido, que sí criticó el hecho de que no se utilizara la fórmula del referéndum para legitimar una reforma de tal calado.

Tras un pequeño receso en la política entre 2013 y 2014, en el que estuvo en Miami ejerciendo de profesora en la Universidad Miami Dade College, volvió y consiguió su acta de diputada en las elecciones de 2015. A pesar de ello, renunció a entrar en las listas electorales de los segundos comicios en 2016. Así pues, se incorporó a un bufete de abogados en Madrid.

En sus últimos meses, fue una de aquellos 17 miembros de la Ejecutiva socialista que dimitió para forzar la salida de Pedro Sánchez como secretario general.

Deja un comentario