El líder del PP, Pablo Casado, se enfrenta al doble reto de recuperar en las elecciones generales los votantes que se marcharon a Vox al tiempo que intenta frenar la fuga de votos, también hacia Ciudadanos, lo que supone mantener un difícil equilibrio entre la radicalidad y la moderación.

Con estos dos objetivos, la estrategia pasa por plantear propuestas de derecha contundentes, sin dejar tampoco al descubierto el flanco más centrista y liberal.

Por eso, intentará evitar durante la campaña, que empieza esta semana, temas como el aborto, la eutanasia o la memoria histórica, que puedan levantar polémica, pese a que vengan marcados por la actualidad. Y centrará el foco en el conflicto catalán, la defensa de la unidad de España o la economía.

Tras no haber podido frenar la pesca realizada por Ciudadanos de candidatos en «caladeros ajenos», ahora se trata de repescar votantes en las aguas de este partido y de Vox y detener el trasvase de apoyos para volver a ser el partido de los «once millones de votos».

Casado es muy consciente de que compite mano a mano con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y el de Vox, Santiago Abascal, por el mismo tipo de electores: los del centroderecha y los descontentos con las políticas socialistas.

Pero, además, debe de consolidarse como líder de su partido con un resultado que le permita justificar la revolución que ha realizado en las listas del PP para las generales. Las elecciones en Andalucía fueron solo un ensayo para el gran debut en las generales de abril.

El 10 de enero, en Santander, durante la presentación de su candidata estrella por Cantabria, Ruth Beitia, un Casado eufórico, tras firmar el día anterior el pacto para gobernar en Andalucía, proclamaba que su partido era el único que podía pactar «a la izquierda y la derecha».

Algún tiempo ha pasado desde entonces y mucho ha cambiado la situación política. Casado no sabía que Beitia renunciaría antes incluso de empezar la carrera hacia las urnas, ni tampoco que él mismo tendría que afrontar un maratón electoral que lo mantiene en permanente movimiento por toda España.

En el cuentakilómetros sube la cifra -ya va por 120.00 recorridos-, al tiempo que se suman las estrategias para intentar mantener ese difícil equilibrio entre Ciudadanos y Vox, y erigir al PP en el centro de esas dos alternativas políticas.

Los populares tienen ya claro el mensaje para este campaña electoral, «Cuanto más Vox, más Sánchez», o lo que es lo mismo: hay que votar al PP porque dar el apoyo a la formación de Santiago Abascal supone perpetuar a Pedro Sánchez en la Moncloa.

La respuesta por parte de Vox no se ha hecho esperar, «Cuanto más Casado, más pasado», mensaje colgado en su cuenta de Twitter.

Atrás queda el tiempo en el que el líder de los populares apostó por reeditar el acuerdo andaluz para las autonómicas y municipales, una perspectiva que se ha ido difuminando en favor de la apelación al voto «unido» para el PP.

Un voto útil, que él prefiere llamar «necesario», para que los electores elijan al PP frente a esos otros dos partidos.

Incluso ha llegado a pedir directamente a Vox que no se presentase en circunscripciones pequeñas. Mientras, se distancia de algunas de sus propuestas, como poder tener armas en casa para la autodefensa.

O combate la etiqueta de «derechita cobarde», que le atribuye Abascal, con medidas contundentes en seguridad, como la de la prevalencia de la Policía Nacional y la Guardia Civil sobre los cuerpos autonómicos y locales.

Con el partido naranja, las discrepancias también han ido creciendo. El PP intentó llegar a un acuerdo para el Senado, la cámara decisiva para aplicar el 155 en Cataluña, que fue rechazado.

Ahora son los de Ciudadanos los que insisten en llegar a un acuerdo de Gobierno con los populares, pero Casado ha respondido que la oferta ya llega tarde y se ha limitado a alabar las virtudes de Rivera como posible ministro de Asuntos Exteriores.

La cita con las urnas se aproxima, y los partidos se distancian. En unos días empieza una campaña electoral decisiva para Casado, en la que tendrá que nadar y guardar la ropa.

Por Mónica Sequeiro.

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