Por Javier Cortines
Inés Arrimadas fue la reina de la montaña en las elecciones celebradas el pasado 21-D. Nadie subió tanto en votos y escaños como ella y “su victoria” marcó un hito histórico en la desgarrada y frustrada República Catalana.

“Por primera vez en la historia de Cataluña un partido constitucionalista ha ganado las elecciones y ese ha sido C´s”, dijo Inés Arrimadas, con una expresión agridulce, nada más conocerse el desenlace de la cita electoral.

El éxito indiscutible de Arrimadas (que obtuvo 1.102.099 votos y 36 diputados) contrasta con el hundimiento total del PP, que ha estado a punto de desaparecer (con cuatro escaños, lo que le impide formar grupo parlamentario) del mapa electoral de Cataluña.

La debacle del PP y la derrota del Psoe, -ambas formaciones han quedado noqueadas-, supone un castigo (uno monumental, otro moderado) a sus errores y meteduras de pata (…) y una muestra de la desafección de un electorado que exige que los políticos “den marcha atrás” en la “Era de la Postverdad” y se atrevan a llamar al pan, pan, y al vino, vino.

Rajoy, que hasta hace poco se pavoneaba como el salvador de la patria y hacía ostentación del mazazo del 155, por lo visto ahora está “semi acojonado” y teme que el éxito de Arrimadas en Cataluña se repita a nivel nacional en las elecciones municipales y autonómicas que tendrán lugar en mayo del 2019.

Al parecer, Mariano ha reunido en su búnker a su escudera Soraya S. De Santamaría y a los barones de su partido para diseñar “estrategias inteligentes” que permitan al PP recuperar “el voto perdido” en Cataluña, requisito sine qua non podría bizcarse el plan de Rajoy de gobernar in perpétuum. 

Además, los populares han pedido a Albert Rivera que les preste un diputado para que el PPC pueda formar grupo parlamentario (se necesitan cinco escaños y los marianistas sólo tienen cuatro), a lo que el líder de C´s ha respondido con una coz, es decir, con un rotundo nanay.

La CUP está en la misma situación que el PPC, por lo que precisa un escaño de ERC para formar grupo en el Parlament (Gabriel Rufián se ha mostrado dispuesto a cederlo, “si está en sus manos”).

Cataluña está ahora partida por la mitad, pero no igual que antes. C´s ha dado un paso de gigante que amenaza con eclipsar al PP. La joven y fresca formación de derechas “aprovechó la debilidad” de Rajoy (“quien se demoró en aplicar el 155”) y los descafeinados mensajes del Psoe.

(Los independentistas JxC+ERC+CUP consiguieron el 48,25% de los sufragios, una mayoría parlamentaria de 70 diputados y 2.063.361 votos. El resto, con C´s a la cabeza (uno de cada cuatro catalanes votaron a Arrimadas), +PSC+En Comù+PPC, lograron el 51,75% del censo, 65 escaños y 2.212.871 votos).

Arrimadas podría convertirse en el mascarón de proa que devuelva a la derecha española el pasado glorioso que gozó con José María Aznar, varón que sigue delirando con volver a la política (tal vez por estar tan apegado a la “relaxing cup of” Botella) y dar jaque mate a Rajoy, a quien considera un Judas, un Bruto (“el hijo adoptivo” de Julio César).

Por su parte, los independentistas, que fueron los ganadores de “facto” de los comicios, viven dos sueños: Que Puigdemont atraviese los Alpes (cual Aníbal) a lomos de un elefante o que el monarca tire la corona y adorne con ramas de laurel la frente de Oriol Junqueras, “el hombre que pudo reinar”.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para anunciar que un grupo parlamentario mixto formado por el PPC y la CUP, seria como un matrimonio contra natura entre Xavier Albiol y Anna Gabriel. Pero ¡qué se le va a hacer! los dioses son caprichosos y juegan con el destino de los mortales.

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