Por Julio Mateos Montero

Hace días, desde que el ministro Montoro dijo que los independentistas catalanes no se habían gastado ni un euro en la organización del 1-O, estoy sorprendido no por el dato en sí, sino –valga la redundancia– por la sorpresa que al parecer ha causado entre periodistas y líderes políticos.

Se ha llegado a decir que esas declaraciones (y otras similares de Rajoy) actuaban a favor de los independentistas al proporcionarles argumentos defensivos contra las acusaciones de malversación. Una apreciación muy errónea, creo yo. Montoro dice eso con la total seguridad del que sabe lo que dice y, sobre todo, por qué lo quiere decir. No es –afirma un servidor– para aliviar la persecución de los imputados catalanes, sino todo lo contrario: es para añadir la culpa de mentir, de falsificar facturas y ese tipo de cosas feas.

Las cuentas oficiales de Hacienda están totalmente en orden y eso es lo que dice el ministro. De no hacerlo, además, él podría ser pillado en falta al no haberlo señalado en su momento porque tenía el control suficiente desde 2015. Para demostrar que los separatistas hicieron uso delictivo del erario autonómico pagando papeletas, urnas, etc. está el juez Llarena. Lo hará en cuanto pueda y Montoro lo sabe. Cada cual en su papel. El colmo del cinismo es cuando se presenta a ese juez y al ministro como circunstancialmente enfrentados desde sus respectivos “ámbitos independientes”. Parece que pocos caen en la cuenta de que sus papeles se complementan y siguen un mismo guion desde el primer día. Desde luego no es necesario que estos personajes ni sus acólitos se reúnan a conspirar con nocturnidad para remar con un mismo objetivo y rumbo, al mismo tiempo que se pone en escena, se exhibe (con tintes de problema, además…) la separación de poderes. La estructura ideológica que tiene hondas raíces en los humanos condiciona nuestras decisiones y actos.  Prácticamente a nivel infraconsciente. Como cuando a Celia Villalobos le sale del alma sospechar que las rastas de un parlamentario pueden tener piojos. O cuando el juez Llarena mantiene presos a políticos independentistas porque «no se aprecia en su esfera psicológica interna» un arrepentimiento, un verdadero mea culpa y “propósito de la enmienda”. Todo un campeón de objetividad independiente.

Sin embargo, el simulacro funciona. La periodista Pepa Bueno venía a decir en su programa radiofónico de 24 de abril que la justicia española es tan independiente del poder ejecutivo que hasta se llegan a confrontar. ¡Qué ejemplo de pureza democrática! En fin, creo que estar en Babia es afección (una afección, por cierto, siempre culpable) que no solo afecta al PSOE.

La escenificación requiere de otros figurantes. Hay que ver a Rivera (el de Ciudadanos) exigiendo perentoriamente, como él sabe hacerlo cuando pone firme el ademán, a Rajoy y a Montoro que den explicaciones por si sus declaraciones mienten sobre el gasto cero de la Generalitat en el referéndum. ¿Rivera es así de tardo o se aplica a cumplir su papel en este entremés sabiendo que tendrá un desenlace de culpabilidad multiplicada para los gestores catalanes encausados?

Así, en esta boba comedia llevamos bastantes días. ¿Ven ustedes preocupado al Gobierno por las declaraciones de Montoro? ¿A qué no? Verán más bien un cierto regocijo (en el lenguaraz Rafael Hernando, por ejemplo) mientras espera el previsto final de la farsa.

 

 

 

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Humanista, pedagogo y profesor. Doctor en Historia de la Educación. Web Personal: Materia y fantasía pedagógicas. Co-fundador de FEDICARIA (1995) y de la revista Con-Ciencia Social, plataformas de pensamiento crítico que han ejercido una marcada influencia durante los últimos veinticinco años en España y Latinoamérica en el ámbito de la educación y de la cultura. La Federación Icaria, que bebió de referentes marxistas, aglutina desde la pluralidad y diferentes enfoques, un pensamiento contra-hegemónico.

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