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Por J.C.
La inestable política española que, como el flamenco y los toros, reparte como nadie los quejíos del alma y las cornadas a las monarquías que mueren “a las cinco de la tarde”, muestra ahora su lado más esperpéntico y jocoso con sus dos principales presidenciables, Puigdemont y Junqueras, atados de pies y manos por caer en el lado oscuro de la fuerza.

“Con su descabezamiento” el establishment tiene una ocasión de oro para colocar en primera fila de la política catalana a “la Droite Divine”, cuyo icono, Inés Arrimadas, espera que los independentistas se coman los Hunos a los Otros para pisar la alfombra roja y entrar bajo palio en la Generalitat.

Parece que Rajoy está alelado por la caótica helada que provocó la intervención de la UME (Unidad Militar de Emergencias) bajo la inopia e inoperancia total del PP y, convertido en estatua de hielo, no se mueve ni un milímetro para intentar buscar una salida política a la ratonera del 155.

Cataluña, (convertida en paradigma de cómo funciona la justicia española para acabar con políticos incómodos, y en espejo de cómo se movilizan las máquinas quitanieves en momentos de emergencia nacional), va a la deriva, cual Titanic que navega sin brújula, sin músicos y sin orquesta.

Rajoy y Felipe (el rey) han dado un paso hacia el futuro de la Edad Media y han puesto la unidad de España en manos del Ejército y las fuerzas del orden. Ahora los catalanes y las catalanas, jibazarizados por la huida de miles de empresas, deberían tener miedo, eso busca el poder.

Al final, qué pasará. Si hacemos caso a la Ley de Murphy “todo lo que es susceptible de empeorar, empeorará”.

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