Quince antidisturbios de la Policía Nacional que resultaron heridos durante su intervención el 1-O en nueve colegios de Barcelona han relatado que recibieron insultos, patadas y golpes por parte de los concentrados. Por primera vez en el juicio, han explicado que los concentrados en un colegio –el Ramon Llull de la capital catalana– mostraron su deseo de que la banda terrorista ETA volviera. «Ojalá vuelva ETA a mataros», han afirmado tres agentes que les dijeron los concentrados en el centro.

La Fiscalía ha llevado el peso de los interrogatorios a los agentes. No en vano, son una de sus bazas para intentar demostrar que los uniformados sufrieron el alzamiento violento de los votantes el 1-O instigado por los líderes que se sientan en el banquillo. Los testigos han relatado situaciones propias de un juicio de lesiones, resistencia o atentado contra los agentes de la autoridad más que de uno de rebelión armada, y no han vinculado a los acusados con las agresiones y golpes. Se han centrado más en el papel de los concentrados que en el de los Mossos, que ya se abordó la pasada semana.

Además de las menciones a ETA, los disturbios de mayor gravedad se produjeron a la salida de los agentes de la escuela Ramon Llull. Este lunes han testificado seis agentes que participaron en esta intervención, que han coincido en señalar la “hostilidad” de los concentrados, que formaron “una jaula” cerrándoles el paso mientras se dirigían a las furgonetas. “Nos llamaban ‘hijos de puta’, ‘fascistas’, ‘perro te tenías que morir’”, han coincidido en señalar. «La gente estaba insultando a España», ha dicho uno de los testigos.

Estos agentes fueron heridos por lanzamiento de vallas o adoquines, según han explicado. Un oficial ha precisado que se utilizaron tanto las porras como las balas de goma por la «hostilidad» de los concentrados. En este centro están imputados 17 agentes (uno ha testificado este lunes en el Supremo) por las denuncias de 33 concentrados, así como el hombre que perdió la visión del ojo izquierdo por una bala de goma, Roger Español, por lanzar una valla a los agentes.

“No utilizamos las defensas y nos gritaban ‘perros’, ‘fascistas’ y ‘fuera las fuerzas de ocupación’”, ha recordado un antidisturbios que actuó en el instituto Jaume Balmes.  Por otro lado, un agente que intervino en el colegio Joan Fuster ha explicado que resultó herido en el dedo de la mano “en el forcejeo intentando sacar al muro de gente uno a uno”.

En el caso de los dos antidisturbios que participaron en el operativo del 1-O en el colegio Estel y la fundación Trinitat Jove de Barcelona, el primero de ellos ha destacado que los insultos y la resistencia de los votantes «no eran cánticos de rumba catalana sino frases de odio». «Mi madre vive en Gandía y ese día se tuvo que duchar 200 veces”, ha señalado. «La mirada de quien quiere matar solo la había visto en el Pais Vasco cuando el juez Marlaska nos mandaba coger terroristas […] Una señora que pesaba cuarenta kilos mojada y no la podíamos sacar, era la tigresa de Badalona”, ha aseverado, disertación cortada por el presidente del Tribunal, Manuel Marchena.

En el colegio Estel sufrió golpes en la rodilla, y dos meses después fue al hospital y le diagnosticaron una rotura de menisco. El segundo agente, que también se lesionó en la rodilla debido al “forcejeo” con los votantes del colegio Estel, también ha asegurado que fueron “hostigados” tanto a la entrada como a la salida del centro.

Perfil bajo de las defensas

Las defensas no niegan que se produjeran incidentes en los colegios, pero más bien responsabilizan de los mismos a las fuerzas policiales en vez de a los votantes. De ahí que en sus pocas preguntas a los testigos intentaran hacer concretar a los agentes si la lesión que sufrieron fue una consecuencia misma de la intervención –por ejemplo el antidisturbios que se cortó reventando la puerta de un colegio– o fueron causadas por los concentrados en los centros –como los que lanzaron vallas a los antidisturbios del Ramon Llull causándoles contusiones y lesiones en varias partes del cuerpo.

Las defensas, en especial los abogados de Jordi Sànchez, Jordi Cuixart y Oriol Junqueras, Jordi Pina, Àlex Solà y Andreu Van den Eynde, han preguntado a los agentes por si vieron a votantes heridos a consecuencia de la intervención policial. Los testigos han respondido de forma negativa o bien que no lo recordaban. Tres de ellos incluso han negado o han dicho no haber visto a sus compañeros usar las porras en centros donde sí se emplearon. Otros agentes sí han atestiguado el empleo de las porras en los centros para desalojar a los concentrados.

Asimismo, un oficial ha indicado que en los tres colegios donde actuó se avisó a los concentrados de que iban a intervenir, contradiciendo así al juez instructor de la causa por las cargas del 1-O en Barcelona, que cuando imputó al jefe del operativo y a otro agente por su actuación en el colegio Mediterrània destacó que la intervención empezó “sin mediar palabra, advertencia o requerimiento alguno”.

El mismo oficial ha dicho que conserva “con orgullo” una cicatriz de un golpe que le propinaron con un paraguas el 1-O. “El odio de la gente no se me olvidará”, ha apostillado. Ni este oficial ni los otro agentes que intervinieron en el instituto Pau Claris y declarado este lunes vieron al antidisturbios que propinó una patada voladora a un votante en las escaleras del centro.

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p align=»left»>Fuente: Eldiario.es

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