El obispo de Tarragona, Jaume Pujol, deja el cargo en plena polémica por su defensa de dos curas apartados por las denuncias de abusos sexuales. En una nota, el arzobispado tarraconense se limita a explicar la renuncia en base al código de derecho canónico, que obliga a los obispos a presentar al Papa su dimisión al cumplir setenta y cinco años –Pujol los cumple este viernes.

La última semana en el cargo de Pujol, perteneciente al Opus Dei, ha sido tempestuosa. Pujol apoyó este miércoles a dos párrocos de Arbeca (Lleida) y Constantí (Tarragona) que han sido apartados de sus funciones por presuntos abusos sexuales a menores. Pujol considerado que los abusos denunciados no son «tan graves» como para que ambos párrocos sean secularizados, esto es, expulsados de la Iglesia.

«A veces pienso: ¿Y no hay un mal momento, en un cura?», se preguntó Pujol, que insistió en que «puede haber un mal momento en la vida» que lleve a los párrocos a «hacer una cosa de la que quizás se arrepentirán toda la vida», en referencia a los tocamientos a niños y jóvenes.

El obispo defendió su gestión con las familias al conocer los abusos: explicó que transmitió las denuncias a la Santa Sede, que no vio suficiente relevancia penal a los tocamientos como para acudir a los juzgados. El expediente eclesiástico se cerró sin sanción para los curas. «Pasado el tiempo consideré que podrían volver a ejercer y los volví a nombrar rectores de parroquias con toda conciencia», relató Pujol, que apostilló: «Para mí, no son unos desgraciados».

Tras el revuelo generado por sus declaraciones, Pujol matizó que «tener un mal momento no rebaja la importancia» de los abusos. «Cualquier actuación de este tipo es gravísima», agregó.

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