Los soberanistas han vuelto a hacer lo que mejor que se les da: llenar las calles. Tras siete días de fuerte carga política en los que ha habido una manifestación contra el diálogo con la Generalitat por parte de los tres partidos de la derecha estatal, el inicio del juicio del procés contra 12 líderes independentistas y la llamada a elecciones generales anticipadas, 200.000 personas han desfilado por el centro de Barcelona, según el recuento de la Guardia Urbana, en defensa de la autodeterminación de Catalunya.

Los partidarios del referéndum han exhibido que mantienen intacta su capacidad de movilización en la calle convirtiendo la marcha de este sábado en la más numerosa de las celebradas en Barcelona desde la última Diada. Tal y como estaba pensado por las entidades convocantes, el lema «la autodeterminación no es delito» respondía a las acusaciones que pesan contra los líderes independentistas en el Supremo.

Pero, de forma sobrevenida, la marcha se ha convertido también en un pulso a PP, Ciudadanos y Vox, que la semana pasada celebraron una manifestación en la plaza de Colón, en Madrid, en contra de que el Gobierno aceptase una mesa de negociación con los independentistas sobre la autodeterminación y con la presencia de un árbitro imparcial. De hecho el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, realizó una convocatoria idéntica a la de Madrid para este domingo en Barcelona, que finalmente acabó cancelando cuando Sánchez anunció la fecha de las elecciones generales.

Si la fotografía de 200.000 manifestantes en la Gran Vía de Barcelona era la buscada por el independentismo, no menos esperada era la de una cabecera que volvía a reunir a todo el espectro soberanista, incluyendo a los ‘comuns’. En un momento de especial agitación política, los partidos y entidades que tienen a algunos de sus líderes sentados en el banquillo de la sala Segunda trabajan para conseguir que la atención de buena parte de la sociedad catalana se mantenga fijada en el Tribunal Supremo.

Los primeros dos interrogados, Oriol Junqueras y Quim Forn, han contribuido a ello, cada uno a su manera. El líder de ERC lanzó un contundente alegato político ante el tribunal que, con formas suaves pero apasionadas, incluyó una enmienda a la totalidad a la democracia española. Un discurso que al reo podría ayudarle más bien poco en su horizonte judicial, pero que impulsa a su partido –largamente bendecido por las encuestas– tanto en la lucha por la hegemonía con JxCat como en la búsqueda por convencer a más catalanes de la fórmula independentista.

Forn se decantó, en cambio, por una defensa más técnica, en la que negó la validez jurídica de la declaración de independencia del 27- y aseguró en su descargo que el Govern no opuso «resistencia» al 155. Con todo, la contundencia con la que respondió al Fiscal y el hecho de no haber abjurado de su independentismo sirvió también para satisfacer a sus partidarios.

Para un movimiento como el independentista, sometido a una considerable presión emocional por el encarcelamiento de sus líderes, las declaraciones de Junqueras y Forn han supuesto un revulsivo en el estado de ánimo. «No lloremos más, trabajemos», reclamaba ante los manifestantes la presidenta de la ANC. «Que nunca más nadie nos robe la sonrisa», subrayaba el vicepresidente de Òmnium, Marcel Mauri. Los independentistas enarbolaban así un mensaje proactivo y contra el derrotismo que se ha apoderado del movimiento en los últimos meses.

Pese a las más que evidentes diferencias estratégicas en el seno del soberanismo, la idea compartida por ERC, JxCat, la CUP e, incluso, sectores de los ‘comuns’, es convertir el juicio en un «bumeran», en palabras de Paluzie, que impugne al Estado. A partir de aquí, las hojas de ruta se dividen, apostando el president Torra y sus partidarios por una respuesta rápida aprovechando la alfombra que les brindarán las casi seguras condenadas, mientras los republicanos miran a más largo plazo.

Ambas estrategias testarán sus apoyos en el intenso ciclo electoral que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez abrió el pasado viernes, cuando anunció una convocatoria electoral para el próximo 28 de abril. Como prácticamente todos los partidos, los independentistas se hallan inmersos en la preparación de las candidaturas locales y europeas, a las que además acuden separados.

Era la fecha clave del 26 de mayo en la que tanto ERC como JxCat estaban centrando todos sus esfuerzos, como demuestra que tanto Junqueras como Forn acudirán encabezarán listas en los comicios de mayo, el primero como candidato al Parlamento Europeo y el segundo como alcaldable. Ahora, además de eso, deberán decidir cómo acuden a las elecciones Generales. No solo por lo que respecta a las listas, que también, sino sobre todo qué el relato eligen para explicar volver a la sede de la soberanía española de la que se declararon independientes hace 16 meses.

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