Julio Ortega Fraile
Se llama evolución, Gabriel, y no lavado de cerebro, e incluye entre otros factores un crecimiento cognitivo y ético para desterrar la violencia como forma de diversión.

Esa evolución en el aspecto científico es la que permite, por ejemplo, que cuando en alguno de vuestros habituales “accidentes” de caza un humano resulta con un proyectil alojado en su tórax la medicina logre salvar su vida, a veces, claro, en caso contrario lo que le espera a ese cuerpo es un entierro y a la sociedad escuchar de vosotros frases como: “¡Fue una fatalidad!”, “¡No entendemos cómo pudo pasar!” o “¡Estamos consternados!”, y ver cómo el responsable de otro ataúd ocupado conserva su permiso de armas y sale de nuevo a cazar. En lo que a cirujanos, material quirúrgico o cuidados postoperatorios se refiere está claro que sí sois partidarios del progreso.

Esa evolución en el plano legal y alimentada por una transformación ética es la que posibilitado que las disputas o rencillas no se puedan resolver por el uso de la fuerza y quedar impunes, o que esa práctica sea un derecho inherente al poder. De otro modo cualquiera que considere que le habéis robado unos metros de tierra, una pieza de caza o que os tenga celos podría descerrajaros un cartuchazo, dejaros sin vida rellenos de perdigones y no le pasaría nada. No hay duda de que ese avance os procura tranquilidad y también estáis de acuerdo con él.

Sin embargo con vuestro placer hemos topado cuando se trata de analizar los motivos y las consecuencias de la caza en el Siglo XXI, porque llegados a este punto utilizáis los términos tradición, cultura o milenario con fines muy similares a los empleados por los taurinos para justificar que sus espectáculos de tortura, sean en los ruedos o en las calles, sean con toros o con sus crías, se sigan celebrando y reciban protección legal y subvenciones. Y ellos, cómo no, al igual que vosotros, sufren un ataque de modernidad cuando de tirar de la enfermería de la plaza o del helicóptero para el traslado de un torero corneado al hospital se trata, del mismo modo que sus ingresos los quieren en euros y no en tetradracmas con la diosa Atenea en su anverso.

La falta de relevo generacional que afecta a vuestro sangriento divertimento y que tanto os preocupa y molesta no responde a una técnica de persuasión coercitiva llevada a cabo por Mengeles en laboratorios sobre niños, es el resultado de que la información conduce a la reflexión y ésta se convierte en activismo cuando en el individuo no prevalecen el miedo o el egoísmo sobre el deseo de hacer de este mundo un lugar menos injusto, menos violento, un lugar mejor. Es lo que ha conseguido, al menos en parte, que la esclavitud sea abolida, que las mujeres puedan votar, que la homosexualidad no sea considerada una enfermedad, que el hombre no tenga derecho a matar a su mujer si la sorprende en la cama con otro, que ir vestida con minifalda no sea considerado una provocación para ser violada, que ya no se pueda alancear a un toro en Tordesillas, que las peleas de perros se hayan prohibido o que en las escuelas de Industriales no te enseñen que si tu fábrica produce residuos es conveniente montarla cerca de un río para verterlos en él, pero comprendo que todo esto os cueste tanto entenderlo a quienes usáis el arte rupestre de caza como otra forma de defensa para vuestro miserable pasatiempo porque “ya se hacía en la prehistoria”.