El aumento de la contratación no siempre es sinónimo de calidad del empleo. Como advierte la secretaria de Empleo y Cualificación Profesional de CCOO, Lola Santillana, “los datos indican que el crecimiento se centra en las modalidades temporales en detrimento del empleo indefinido y en el uso de contratos de muy corta duración. Un crecimiento que, como ha denunciado el sindicato, no responde a las características y demandas de nuestro sistema productivo”.

El número de contratos registrados en noviembre de 2019 en los Servicios Públicos de Empleo (SPE) ha alcanzado cifras muy superiores a las registradas en 2007, justo antes del inicio de la crisis, dato que a priori y en términos globales es positivo. Sin embargo, recuerda Lola Santillana, “esconden la realidad del mercado de trabajo español: el aumento vertiginoso en el uso precario de la contratación entre los empleos que se están generando”.

En este sentido, subraya la secretaria de Empleo de CCOO, “crece la contratación temporal y el empleo a tiempo parcial y disminuye la duración media de los contratos temporales, alcanzando valores a los que nunca se había llegado”.

Contratos temporales

De los 20,7 millones de contratos registrados en 2019, 18,7 millones (90%) son temporales, cifra muy superior a la registrada en 2007. Sólo diez de cada cien contratos formalizados en el último año son indefinidos.

La contratación indefinida desciende. El número de contratos indefinidos registrados en 2019 es inferior al registrado en 2007 (-65.516), al contrario de lo sucedido entre la contratación temporal (+3.476.616).

Por otro lado, el peso de los contratos con jornada parcial aumenta de manera importante, pasan de representar un 30,4% de los contratos registrados en 2007 a un 53,9% en 2019. La parcialidad crece tanto entre los contratos temporales como entre los indefinidos. Destacar que el 91,9% de los contratos con jornada parcial son temporales.

El incremento de la parcialidad es consecuencia directa de las modificaciones legales realizadas, que tenían como finalidad flexibilizar hasta su máxima expresión la contratación a tiempo parcial, y no como elección por parte de los trabajadores y las trabajadoras. Según la Encuesta de Población Activa (EPA) más de la mitad (52,5%) de las personas que trabajan con jornada parcial lo hacen de forma involuntaria, ya que no encuentran empleo a tiempo completo y sólo un 10,3% no quiere trabajar a tiempo completo.

A esto hay que añadir el crecimiento desorbitado de los contratos temporales con una duración de una semana o menos, que pasan de 2,5 a 5,6 millones. También aumentan los contratos que tienen una duración superior a la semana e inferior al mes, que en 2019 alcanzan la cifra de 2,3 millones. El aumento de los contratos temporales registrado de corta o muy corta duración ha sido en detrimento de los contratos con una duración mayor.

Resulta cuanto menos “curioso” y, a la vez “alarmante” que en 2019 el número de asalariados temporales estimado por la EPA 3ºT sea inferior al estimado en 2007, mientras que el número de contratos temporales registrados es muy superior. Esto da idea de la brutal temporalidad y rotación del mercado laboral: que pasa de 2,8 contratos temporales que firmaba cada persona de media al año en 2007 a 4,2 en 2019.

Por otra parte, la duración media de los contratos temporales disminuye, pasa de 79,3 días en 2007 a 49,9 en 2019. Tendencia que se registra en todos los sectores económicos, excepto en agricultura. Destaca la disminución de la duración media de los contratos temporales en el sector de industria, que antes de la crisis y de las reformas laborales acometidas tenían una duración media equivalente a cinco meses y medio, y ahora se sitúa en algo más de un mes y medio.

En resumen, “los datos descritos presentan un panorama poco alentador, ya que el peso de la contratación temporal, la parcialidad y la rotación laboral es muy significativo, a la par que se reduce la duración media de los contratos temporales, alcanzando cada una de estas variables valores record, y afectando de manera directa a todas y cada una de las actividades económicas”, advierte Lola Santillana.