Tras el discurso del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sobre el estado de la Unión Europea, CCOO expresa su malestar y desengaño ante las propuestas que ha planteado sobre migraciones.

En materia de asilo, la Comisión parece renunciar a la configuración del imprescindible Sistema Común Europeo de Asilo. Las reformas propuestas en 2016, plasmadas en reglamentos y directivas que configuraban dicho sistema, ni siquiera han sido mencionadas, refiriéndose sólo a un reforzamiento de la Agencia Europea de Asilo “para ayudar a los Estados Miembros”(sic) así como a la vigencia del obsoleto – por ineficaz- Sistema de Dublín.

El presidente de la Comisión no ha planteado ni una sola propuesta ni palabra sobre la política de gestión de las migraciones económicas; tan solo ha insistido en la seguridad y en el control -no en la gestión- para facilitar de manera tajante las expulsiones y los retornos a los países de origen.

En la misma línea, Juncker ha planteado el sin duda necesario refuerzo de la Guardia Europea de Fronteras con más de 10.000 miembros operativos para 2020. Para CCOO esta no puede ser la única inversión ni el único elemento que se active para una gestión eficaz de los flujos migratorios hacia la UE.

CCOO sigue reclamando dos líneas prioritarias de actuación inmediata en el ámbito de la UE. La primera de ellas es la configuración de un Sistema Común Europeo de Asilo obligatorio y homogéneo para toda la UE, que garantice ab initio los derechos de las personas que buscan protección en los países de la UE, conforme a la legalidad internacional. El sindicato demanda también el establecimiento de un sistema justo y equitativo de asunción de la responsabilidad internacional entre todos los Estados miembros.

Además, requiere la disposición de vías legales, seguras, ordenadas y eficaces de inmigración laboral con destino a la UE, recordando que tanto por razones laborales como demográficas la Unión necesita la incorporación de población migrante.

Finalmente, CCOO considera que se ha perdido una nueva oportunidad de reforzar los valores integradores de la UE como espacio democrático de respeto a los Derechos Humanos. Por el contrario se ha seguido la línea de tratar de aquietar los discursos neofascistas que exigen solo la represión de la inmigración, sin valorar las cuestiones sociolaborales, humanitarias y de derechos de las personas.

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