Grupos afines al Gobierno de Daniel Ortega celebraron en Nicaragua este domingo una misa en honor del expresidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quien el cinco de marzo cumplirá seis años de haber fallecido.

«El comandante Chávez está en cada uno de nosotros, yo creo que es un verdadero privilegio y una verdadera satisfacción compartir con el pueblo nicaragüense el tránsito a la eternidad de ese hombre que se quedó clavado en el alma de todos nosotros», dijo el embajador de Venezuela en Nicaragua, Francisco Javier Arrúe, durante la misa.

Chávez (1954-2013) fue un presidente cercano a Ortega desde que este regresó al poder en Nicaragua en 2007, y tiene gran aceptación entre los seguidores del oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Arrúe sostuvo que Chávez enseñó a los venezolanos «a caminar con valentía, con soberanía, con un afán infinito de justicia por los eternamente excluidos y nos toca a cada uno de nosotros defender la paz, la soberanía, ese es el legado verdadero de Chávez».

Durante la ceremonia religiosa el sacerdote católico Antonio Castro criticó la ayuda humanitaria que no ha ingresado a Venezuela por voluntad expresa el presidente Nicolás Maduro.

«La mejor respuesta que se debe dar a esa entre comillas, ayuda humanitaria, ¿cuál es?, ¿cuál sería?, no es llenar camiones de víveres, sino que, la mejor respuesta debería ser (quitar) lo que han impuesto el bloqueo económico, que significa hambre (_) eso es violación a los derechos humanos, eso es violación a la soberanía, es violación a la dignidad de todo un pueblo», dijo Castro.

«Están engañando totalmente a un pueblo, manipulando e utilizando para fines propios de dominación, de invasión y de sometimiento, si es realmente ayuda humanitaria, que no es ayuda, es un derecho, levantar todo tipo de bloqueo contra Venezuela, contra Cuba, contra sanciones que se han dado aquí en nuestra Nicaragua», agregó el sacerdote, popular entre los fieles del FSLN.

Nicaragua vive su propio drama, ya que el rechazo al Gobierno del presidente Daniel Ortega mantiene a un país sumergido en una crisis que ha dejado entre 325 y 561 muertos, de 340 a 777 detenidos, cientos de desaparecidos, miles de heridos y decenas de miles en el exilio, desde abril, según organismos humanitarios.

Ortega reconoce 199 muertos y 340 detenidos a los que llama «terroristas», «golpistas» y «delincuentes comunes».

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han responsabilizado al Gobierno de «más de 300 muertos», así como de ejecuciones extrajudiciales, torturas y otros abusos contra los manifestantes y opositores.

Ortega, quien lleva doce años en el poder de manera continua, no acepta responsabilidad en la crisis ni tampoco las acusaciones generalizadas sobre graves abusos de las autoridades contra los manifestantes antigubernamentales, y denuncia ser víctima de un intento de «golpe de Estado fallido».

La CIDH ha acusado al Gobierno de Ortega de crímenes «de lesa humanidad», mientras la Organización de Estados Americanos (OEA) mantiene el proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana a Nicaragua por una supuesta ruptura del orden constitucional.

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